De un tiempo a esta parte, una suerte de movimiento -que incluye institutos médicos, científicos, psiquiatras, activistas y hasta startups-, intenta sacar a los hongos psicodélicos de su asociación con el universo de las drogas recreativas, para pasar a analizar sus efectos en el de la salud mental.
Hablamos en este caso de los hongos psilocibios, aquellos que tienen el potencial de generar alucinaciones.
Lo que se investiga, básicamente, es si en un entorno controlado y guiado, las imágenes que se presentan al consumir determinada dosis, prescripta por un profesional, pueden pasar a considerarse como una puerta de acceso al inconsciente.
Al parecer, esa fue una de las preguntas que motivó a muchos profesionales de la salud, investigadores, psiquiatras y científicos a nivel mundial, que impulsaron una tendencia que crece en cuanto a fuerza y relevancia.
En la actualidad, estas prácticas consideradas experimentales, no son legales. Eso no quiere decir que no se intente avanzar respecto a la idoneidad de su uso en este sentido.
Investigaciones sugieren que, en dosis, contextos y candidatos adecuados, según el cuadro (se habla principalmente de depresión, estrés post traumático y algunos tipos de ansiedad), pueden ayudar a mover algo tan rígido como la manera de razonar mirar y evaluar el mundo. Sobre todo el propio.
Una propuesta incipiente: ¿hay marco legal y suficiente evidencia científica?
“Las terapias con microdosis, es decir, un modelo de utilización de psicodélicos en dosis bajas que le permitan a uno ser funcional, carecen hasta el momento de una validación científica concluyente, y en el ámbito conviven los llamados defensores y detractores”, admite la psiquiatra Mariana Zarankin en “Psicoterapia asistida con microdosis de hongos psilocibi0s”, su reciente libro.
Y continúa: “Nadie puede confirmar todavía si realmente son efectivas o no, ya que ni siquiera hay consenso sobre qué debería considerarse una microdosis, ni sobre los métodos o parámetros adecuados para medirla. Sin embargo, el ‘mundo’ o muchas personas en él, parecerían estar abrazando esta ‘posibilidad de cambio’”.
Esta propuesta -que si bien cuenta con cada vez más adeptos, no es legal en nuestro país ni en la mayoría-, según explica la psiquiatra tiene un anclaje ideológico: desafían el paradigma reinante del “modelo médico hegemónico”, que “históricamente concentró el saber en el profesional, separándolo de la experiencia del paciente”. Asimismo, este enfoque experimental propone “sentir para aliviar, en lugar de desconectar para poder vivir y ser funcional”.
Respecto a su marco legal, es temprano para saber si estamos de alguna manera camino -en el largo o mediano plazo- a su aprobación. Lo que sí se puede es ver qué pasa a nivel mundial.
En este sentido, Zarankin refiere que en Estados Unidos se están produciendo cambios regulatorios: Oregón cuenta desde 2023 con el primer programa estatal regulado de servicios con psilocibina, con centros y facilitadores licenciados.
En tanto, suma, en Colorado se aprobó la Natural Medicine Health Act; que permite el uso personal de ciertas “medicinas naturales” y un sistema regulado de centros de facilitación, inicialmente con psilocibina; «mientras que Nuevo México y, de forma más limitada, Utah han desarrollado marcos legales o programas piloto para el acceso regulado a psilocibina en contextos supervisados».
Australia desde 2023 permite que psiquiatras autorizados prescriban psilocibina para depresión resistente y MDMA para estrés post-traumático. Y en otros países, como los Países Bajos o Brasil, pueden ser legales las trufas psilocibias o el uso religioso de ayahuasca, lo que «no equivale a una aprobación clínica formal», aclara.
Para entender de qué se trata el universo de las terapias dirigidas con hongos psilocibios, su estatus y su alcance, Clarín conversó con Zarankin.
— ¿Qué son los hongos psilocibios?
— Son un tipo de hongos que tienen compuestos que son psicoactivos, y dentro de ellos, tienen alcaloides muy conocidos, la psilocibina y la psilocina, que además de ser psicoactivos tienen propiedades alucinógenas.
En realidad, no causan verdaderas alucinaciones, sino más bien ilusiones, pero lo cierto es que tienen efectos psicodélicos, que según la dosis en la que se utilizan, pueden ser muy sutiles. Por ejemplo, con las llamadas microdosis, la persona tiene cambios sutiles en la percepción, lo que se denomina subpsicodélicos o subperceptuales.
No son tan claros como cuando se utilizan dosis más altas, las llamadas macrodosis, que por lo general sí generan distorsiones perceptuales, como las imágenes caleidoscópicas o proyecciones con imágenes, lo que más se muestra en las películas.
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Estas medicinas son portales para conectarse con el propio inconsciente. Al ayudar a cambiar de algún modo la percepción, uno podría estar viendo cosas que normalmente no ve. Por eso, dentro de lo que es la comunidad psiquiátrica, las llamamos exploratorias más que recreativas, que es una forma despectiva de llamar a la exploración de la psique.
— ¿Cómo se conoce a estas drogas popularmente y cómo es que se las vincula a la salud mental?
— Ayahuasca, también hay otro tipo de medicinas como el peyote, o el san pedro, los curanderos también utilizaban estas medicinas para sanar algunos cuadros, a veces la ingerían y gracias a ello se conectaban, y ahora desde marcos occidentales, es que hablamos de cuadros de salud mental.
Se empieza a utilizar en este sentido porque justamente tienen propiedades diferentes a lo que son los psicofármacos habituales, que por lo general bajan el síntoma, como los antidepresivos, que disminuyen el rango emocional, tanto el positivo como el negativo. Te baja, porque claramente vos estás en un momento de mucha angustia y lo que necesitás es parar…
— ¿Y estos hongos cómo actúan?
—La psilocibina, al revés, conecta, amplifica, flexibiliza. Entonces, sirve por ejemplo para cuadros donde las personas están desconectadas, o tienen una rigidez mental muy importante. En la depresión, esto está estudiado, las personas tienen constantemente una misma ideación, como “no sirvo, no quiero estar acá, soy malo, nadie me quiere”, la persona no sale de eso, aunque alguien le diga “sos valioso, sos muy agradable”, y la persona no lo va a poder ver ni escuchar.
Lo que se vio, sobre todo en estudios en macrodosis, es que ayudarían a personas en depresión. Hay un montón de evidencia, estudios que equiparan los resultados a los antidepresivos, incluso con mejoras. ¿Por qué mejoras? Porque aparece nueva información y eso puede generar cambios en la calidad de vida. Y aparte, más allá del efecto que tenga, lo que es interesante es pensar que uno puede ir a ver la raíz de la causa del problema y después trabajarla terapéuticamente.
Y no digo que con los antidepresivos esto no se pueda, simplemente que los antidepresivos alejan y esto, acerca. Entonces, según la persona, hay que evaluar si puede tolerar ese acercamiento o necesita, definitivamente, estar lejos.
O, por ejemplo, si estamos hablando de que son medicinas que flexibilizan y estamos hablando de una persona que ya está flexibilizada, como en un cuadro psicótico, eso estaría contraindicado porque no le vas a dar algo que flexibilice a una persona que ya está de por sí desorganizada.
— Claro, o que amplifique algo que lo daña.
— Exactamente. Por eso, son medicinas y como todas, no son buenas o malas, tienen indicaciones, contraindicaciones y usos específicos. No hay que romantizar ni demonizar, sino saber que existen. De hecho, la FDA, que es el principal ente rector de Estados Unidos, que después llega a todo el mundo, le dio la nominación a estas sustancias psicodélicas como breakthrough therapies, es decir, terapias innovadoras.
Es decir, se piensa que este tipo de medicinas podrían dar ayuda a cuadros que no han sido del todo resueltos o que podrían ser mejores a lo existente. Y eso pasó con la psilocibina de los hongos psilocibios, con el MDMA, que es conocido como éxtasis, con el 5-O-DMT, sustancia del bufo Alvarius (N. de la R: conocido como “sapo de sonora”, que produce un veneno que según estudios podría producir efectos positivos en ansiedad y depresión). También con la ketamina, que es otro psicodélico atípico, de la familia de los anestésicos o disociativos.
Hay un montón de evidencia, se está desestigmatizando y de hecho, hace poco, Trump dijo que tendrían que revisar el apoyo a todo este movimiento. Creo que se están dando cuenta que la prohibición de esta sustancia fue un error en algún punto.
Porque para clasificar a estas sustancias en la lista 1 de sustancias reguladas, para hablar de sustancia de abuso, tiene que cumplir ciertas características que, por ejemplo, en el caso de la psilocibina, no lo cumple.
Y, de hecho, se está haciendo un montón de investigación en el plano de las dosis altas.
En microdosis, todavía la evidencia es incipiente, hay hallazgos mixtos; no podemos afirmar, pero sí hay un movimiento de mucha gente que lo está utilizando para un montón de cosas, entre ellas, situaciones de salud mental.
— Decías que estas drogas pueden ayudar a trabajar sobre cierta rigidez en las maneras de pensar, generar nuevas conexiones, e inaugurar nuevas perspectivas. ¿Esto podría lograrse con una sola sesión? ¿Cómo funciona en el caso de la micro y la macrodosis?
— Hay dos tipos de líneas terapéuticas, en realidad varias. En referencia a las dosis altas o macrodosis, por lo general se trata de una experiencia, o dos, en la que el movimiento es tan grande que puede aparecer información muy valiosa, que se tiene que seguir integrando y trabajando en el plano psicoterapéutico. A veces una información puede ser abrumadora, aparecen más insights, como cuando la persona se da cuenta de cosas, o se conecta con situaciones del pasado.
— ¿Se destapan de repente cuestiones que estaban reprimidas? Entiendo que eso conlleva un riesgo…
— Totalmente. Por eso no es para todos. Pero el punto es que después se genera una ventana de neuroplasticidad, es decir, una suerte de reorganización a nivel cerebral, nuevas conexiones. Si yo en esa ventana de neuroplasticidad hago cosas para mejorar mi vida, o seguir trabajando en información, claro que me puede ayudar. Ahora, si en esa ventana lo único que hago es reforzar cosas negativas, no.
— Ahora bien, si hay cosas que permanecen reprimidas, hay algún motivo, y también habrá algún motivo por el cual eso reaparece en algún momento de la vida. Pero si uno lo va a buscar sin que eso emerja, ¿no es peligroso encontrarse de golpe con cuestiones para las que el sujeto por ahí no esté preparado?
— Bueno, por eso se hace una preparación. Primero, hay que ver si la persona tiene recursos psíquicos de afrontamiento, porque a una sesión de terapia, también uno puede ir, contactar con información y está en la habilidad de la persona y del terapeuta poder darle lugar y explorar esa información. Lo que pasa con estas medicinas es que actúan a nivel de la amígdala, entonces ante una situación de mucha activación, se genera como una especie de modulación que podría generar una liberación emocional. Como ir al problema, atravesarlo, llorarlo, y cambia la sensación.
No estoy diciendo que sea siempre así, pero eso puede pasar, y la realidad es que a veces suceden cambios bastante impresionantes, en el sentido de que uno conectó y elaboró cosas que antes no podía llegar a elaborar. Obviamente estamos hablando de personas que tienen recursos.
Y después están las terapias con microdosis, que es un proceso de dos o tres meses, donde hay más tiempo, la información va apareciendo y se va trabajando de forma gradual, entonces actuaría como un potenciador de la psicoterapia en algún punto.
Esto es lo que se ve, no lo puedo afirmar, pero se permite el acceso de a poco a información con más voluntad, más apertura, menos juicio, se aceptan las palabras desde otro lugar, sin tanto dolor, sin tanta defensa. Es interesante.
— Suele decirse que en ex combatientes tuvo resultados muy buenos para trabajar el trauma..
— Sí, esa es otra sustancia que es el MDMA, que es lo que se conoce como éxtasis, una sustancia empatógena, que modula la amígdala de forma diferente, y las acciones que tiene son distintas. En algunos casos, permite trabajar mejor con este tipo de trauma. Y hay algo interesante con los psicodélicos, que hay estudios que muestran que generan una suerte de reapertura de periodos críticos del aprendizaje social. En situaciones de seguridad, podría reparar de a poquito situaciones de apego, traumáticas, previas, de mucha vulnerabilidad, repito, estando en entornos seguros, porque si estás en entornos inseguros, al contrario, podría ser peor.
Por eso es importante el tema de la formación, porque como no hay formación profesional suficiente, la gente recurre a otras instancias, que algunas son muy buenas, pero hay algunas que son inseguras, o gente que dice que no está formada, no está capacitada en trabajar con el sufrimiento humano. A mí eso es lo que más me preocupa.
—¿Y para qué cuadros en general se usan las microdosis?
— En depresión mayor y de moderada a grave, por ejemplo, se está haciendo un montón de investigación con macrodosis, y para depresión leve, las microdosis.
Hay cuadros de ansiedad, pero hay que ver de qué cuadro de ansiedad estamos hablando. Si las personas tienen pánico, está contraindicado, porque están hiper alerta, entonces podría empeorar muchísimo, pero hay otro tipo de cuadros ansiogénicos en los que sí se podrían utilizar, por ejemplo, la ansiedad social: con las microdosis se puede trabajar sobre qué le va pasando y se van generando modulaciones y cambios acompañados de psicoterapia.
No debemos pensar que estas medicinas por sí solas van a generar lo que nosotros esperemos, son acompañamientos psicoterapéuticos, herramientas que se pueden utilizar, luego se debe analizar en todos los diagnósticos que impliquen, por ejemplo, cierta rigidez mental, en los que podrían ayudar las microdosis. Pensemos en personas desconectadas: hay que ver por qué se desconectaron, o sea, si una persona tiene un trauma muy grave, va a estar desconectada por el trauma, entonces hay que tener cuidado con eso.
También se está pensando en personas que tienen ciertas dificultades en la energía, en la voluntad, que procrastinan mucho, y quienes sufren trastorno por déficit de atención mejoran mucho con las microdosis. Asimismo, en quienes tienen algunos cuadros incipientes de deterioro cognitivo, y se están haciendo investigaciones en cuadros de demencia. También en depresión posparto o en puerperio con dificultades de conexión, migrañas, algunos tipos de dolores crónicos, disfunciones sexuales. Es muy amplio.
— ¿No son cosas que se puedan trabajar en psicoanálisis u otras terapias? Para tratar un cuadro que no reviste riesgo, como procrastinar, no sería tomar un atajo demasiado sencillo?
— La terapia me parece maravillosa, pero tiene ciertos límites, y la realidad es que las personas están cada vez están más desconectadas y más rígidas, les cuesta cada vez más todo, entonces sí considero que, cuando estén legalizadas, podrían llegar a ser atajos, y ¿por qué no? Porque la existencia está siendo bastante difícil para muchas personas, entonces si se puede mejorar la calidad de vida, ¿por qué tendríamos que tardar 10 años, si tal vez algún proceso acompaña, acelera, se flexibiliza?
Mi postura es muy prudente, porque no considero que sea para todos, ni tampoco ponerlo como la panacea. Claro que podemos tomar un montón de caminos, también la meditación ayuda y esto se puede combinar con meditación, que promueve el estado de calma.
En salud mental, por lo menos yo trabajo de forma integral: la nutrición con que nos alimentamos, el sueño, los espacios recreativos, no es que hay que hacer una sola cosa. Creo que hay que pensar en forma global. Pero últimamente las personas están teniendo muchas dificultades para acceder a su inconsciente. Está muy dificultado el acceso, entonces estas medicinas, si es con una macrodosis, es como si iluminaran con un reflector de alta potencia, pero con las microdosis es como si iluminara con una lamparita, y van apareciendo cuestiones.
¿Cuánta gente recuerda realmente sus sueños? ¿O comete un acto fallido? Pareciera que no es tan fácil en este momento, porque estamos tan bombardeados con información, que estamos como en un estado de desconexión y aislamiento muy profundo todos. Por eso, creo, emergen estas medicinas que cambian un poco los paradigmas habituales, que en vez de desconectar, es conectar.
— ¿Cómo sería una sesión?
— En macrodosis son seis horas como mínimo, se tiene que hacer hacer una preparación y estar acompañado. Hay un contexto, se debe estar acostado, con una música específica, se tapan los ojos, para que la persona pueda entrar a conectarse con su propio inconsciente. Hay otras formas de uso que tienen que ver con rituales más ancestrales o chamánicos, que pueden ser grupales, y puede estar el chamán o algún guía.
Y con las microdosis, que son procesos de dos o tres meses, la persona lo ingiere en su casa, y se hacen encuentros, por lo general, semanales, con alguien que ayuda a evaluar y trabajar esa información. También se puede hacer en contextos grupales.
— ¿Qué podemos decir en cuanto a la evidencia científica respecto a estas terapias?
— En macrodosis hay un montón de evidencia, pero todavía no la suficiente como para que la FDA la apruebe, todavía está en revisión, pero como te decía, le dieron esta designación de terapias innovadoras. En microdosis hay hallazgos mixtos, ¿por qué? Porque hay que hacer tratamientos individualizados, porque las personas tienen diferentes sensibilidades, entonces, estandarizar algo que no se puede estandarizar es muy difícil a la hora de obtener resultados. Ningún estudio hizo psicoterapia asistida con microdosis, no hay.
— Probablemente se busque evidencia con la misma lógica que se piensa en los estudios, quieren convertir todo en fármacos clásicos. Y esto tiene otra lógica, requiere otro abordaje, por ejemplo las sesiones con dosis plenas siempre tienen instancias de preparación y la experiencia y las partes de integración. Hay poquitos estudios, hay uno donde las personas se iban a su casa y tenían su vida cotidiana y sí se encontraron mejorías. Entonces, el tema es que hay que repensar las lógicas en cuanto a cómo se hacen estos ensayos, pero es muy caro hacerlos con microdosis porque lleva mucho tiempo. No es lo mismo que una macrodosis , que demanda una o dos sesiones, que esto que son dos a tres meses de tratamiento.
— ¿Qué pasa si en una terapia con macrodosis la persona está seis horas pasándola mal? ¿Cuál es el riesgo ahí?
En ensayos clínicos donde se hace un screening previo, no ha habido eventos adversos graves de este tipo, que las personas queden mal. Sí hay situaciones puntuales con temas de presión, hipertensión arterial, pero que se corrigen rápidamente. Se contraindica en quienes utilizan polifarmacia (toman muchos medicamentos), aunque a veces se utiliza. Antes se contraindicaba en personas con falla hepática, pero ahora hay estudios en alcoholismo, y las mismas contraindicaciones a veces ahora están siendo exploraciones con resultados interesantes.
No obstante, al evaluar la seguridad de las sustancias, no se conoce exactamente la dosis letal de la psilocibina. Esto no quiere decir que no puedan tener sus riesgos estos cuadros. Pensá una persona en fin de vida, en cuidados paliativos, que puede tener fallas en un montón de sistemas, pero a veces se han hecho estudios donde las personas utilizan estas sustancias para trabajar el miedo a la muerte, por ejemplo. Y con resultados muy increíbles. Las personas resignifican, dejan de pensar la muerte de cierta forma, se conectan con lo que viene, o aceptan.
— ¿Cuál es el perfil que suele solicitar o incursionar en estas terapias? ¿Hay algún patrón?
— Yo creo que en cuadros de salud mental la mayoría de las personas están buscando otro tipo de alternativas, porque por ejemplo muchas veces pasa que los antidepresivos pueden ayudar y de repente, luego de usarlos por mucho tiempo, llega a un punto que siente como un aplanamiento afectivo, o hay efectos adversos complejos, o muchas veces no les funcionan, y se buscan nuevas formas, nuevas vías.
— ¿Qué podría lograrse, por ejemplo, en cuanto a la depresión, si estas terapias fueran aprobadas? ¿Qué dicen los estudios?
— Hay personas que tienen remisión sintomática. Lo que pasa es que, como digo, siempre depende del entorno y la situación y quién te acompaña. Se han hecho estudios incluso comparándolos con seis semanas de antidepresivos clásicos, y llegaron a los mismos resultados o mejores, porque mejoraron la calidad de vida en general. Pero bueno, hay que tener en cuenta que si bien nada es mágico, sí hay personas que trabajando bien sí pueden superar situaciones en las que estaban estancadas. Por eso hay un boom de los psicodélicos, hay un boom mundial, es impresionante.
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