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“Si por la mañana te duele todo el cuerpo y las articulaciones, hay que moverse, empezar a caminar”
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A menudo los pacientes de edad madura escuchan como, en la consulta médica, se achacan sus dolores y su malestar a “cosas de la edad”, una reflexión que comporta una cierta desesperanza, como si las molestias fuesen atribuibles inexorablemente a los años, un factor contra el que no podemos luchar.
¿Tiene sentido esta afirmación? ¿Nos duele todo por culpa de la edad, o el malestar se debe a patologías que pueden tratarse en muchos de los casos? ¿Qué dolores crónicos son más habituales a medida que cumplimos años y cómo se pueden abordar?
Hace unas semanas que se ha celebrado el Foro del Dolor en Barcelona. En este encuentro se han abordado precisamente temas como los dolores más frecuentes y su impacto en la funcionalidad del paciente. La doctora Marta Ferrándiz, presidenta de la Sociedad Catalana del Dolor de la Academia de Ciencias Médicas de Catalunya, nos recibe en su despacho del Hospital de Sant Pau, en Barcelona, donde es adjunta del Servicio de Anestesiología y Directora de la Unidad del Dolor.
El dolor se considera ya una enfermedad y no un síntoma, siendo muy prevalente; y es una de las mayores causas para acudir a la atención primaria. Es un problema sanitario que representa un gran consumo de recursos. En primer lugar, debemos mentalizar al paciente sobre el hecho de que este dolor es una enfermedad por sí misma y a lo mejor tiene que tomar medicación durante mucho tiempo.
En segundo lugar, hay que abordar el dolor de forma multidisciplinar, abarcando esta problemática desde diferentes esferas: la biológica, la psicológica, la social (practicar deporte, una buena nutrición)… El dolor crónico se debe manejar con psicólogos, fisioterapeutas…, y por supuesto con médicos especialistas en las diferentes terapias del dolor.
No es nada fácil, pero se está avanzando mucho. Pronto podremos ver que cualquier paciente con dolor crónico, tiene hiperrepresentadas unas áreas cerebrales. Estamos investigando mucho y necesitamos unirnos todos los profesionales para juntar fuerzas en este sentido, buscando una respuesta y una solución a este fenómeno sociocultural.
Sí, la mayor prevalencia de edad es entre los 55 y los 75: la causa es la degeneración de las articulaciones, la estructura ósea, el mal funcionamiento muscular… Actualmente, vivimos más años, la sociedad va muy rápida y es muy consumista, queremos hacer muchas cosas, nos cuidamos más, vivimos más que antes, pero la estructura del cuerpo sigue siendo más antigua. Desde las instituciones sanitarias (los hospitales o la atención primaria) debería ponerse en marcha el hecho de que el paciente pueda mejorar su actividad física con un entrenador, con un fisioterapeuta… Esto resolvería problemas que no podemos solucionar con la farmacoterapia.
La lumbalgia es la patología más prevalente en el dolor crónico que hace acudir al paciente a la atención primaria. A partir de los 70 se inicia también la artrosis de rodilla (operable o no), y otras múltiples dolencias.
Lo más frecuente son las discopatías. Entre vértebra y vértebra existe como un cojinete, un disco, que con la edad se seca porque se deshidrata. Si se desgasta, se mueve, se puede desequilibrar la columna y provocar que los nervios y las articulaciones de cada nivel vertebral sufran; puede aparecer una lumbalgia, un dolor lumbar sordo que puede ser por una discopatía o por degeneración artrósica de las vértebras, una radiculalgia por una compresión nerviosa…
Artrosis, básicamente, degeneración de las articulaciones. También tenemos meniscos, que se deshidratan y se desgastan.
No. Hoy en día operamos a pacientes de 95 años: todos vivimos más y con más calidad de vida. Estamos tratando a pacientes de 88, 92 y 94 años. Tenemos hoy, por ejemplo, una señora de 94 años a quien le hacemos infiltraciones en las rodillas, y va sola a la compra. Ahora va insegura con el carro porque le duele; pues debemos hacer lo que sea para que tenga mejor calidad de vida, menos dolor y más funcionalidad. Por eso cada vez hay más pacientes ancianos y superancianos, muy activos, y tenemos que tratar sus dolores. No se debe atribuir el dolor a la edad, los años no equivalen a un diagnóstico de enfermedad senil y esto ocurrirá cada vez menos.
¡Claro! El dolor osteodegenerativo aparece con la puesta en marcha por la mañana: de noche los pacientes no sienten dolor, y cuando se despiertan les duele todo y no pueden moverse. Pues sí: hay que moverse, empezar a andar y tomar la medicación. Hay inflamación si están los tejidos y articulaciones anquilosadas, es un dolor de puesta en marcha de ese movimiento. Es lógico tener dolor al levantarse en estos casos, pero no tiene por qué ir ligado a la perdida de funcionalidad durante el día. A veces este dolor dura unos 10 minutos, y puede ser habitual.
Cuando ya dura más de tres o cuatro meses. Se ponen en marcha otros mecanismos fisiopatológicos del dolor. El dolor agudo hace que te protejas, si tienes una hernia discal en fase aguda, vas enseguida al médico. Cuando se cronifica el dolor, se hiperactivan unas áreas cerebrales concretas sobre todo en el córtex cerebral. En ese momento la fisiopatología cambia, y el tratamiento del dolor se tiene que abordar de otra forma.
Vamos a poner un ejemplo. Me corto un dedo, y hay una transmisión del estímulo doloroso hasta mi médula espinal, y luego sube al cerebro. Se van haciendo unas conexiones especiales por el camino (como unos “pit stops” o “parada en boxes”). Hay unos neuromoduladores y neurotransmisores que van actuando en el sistema nervioso central, desde que llega el estímulo doloroso hasta que se interpreta, porque hasta que no llega el dolor al córtex cerebral, no eres consciente de que te has cortado. A nivel periférico podemos actuar sobre estos neuromoduladores con agentes que disminuyan la inflamación, que disminuyan la liberación de histamina, de prostaglandinas… Se puede actuar a nivel del receptor, en la medula y también en el córtex. ¿Cómo actuamos en el córtex? Tenemos unos receptores opioides endógenos que se ponen en marcha. Luego a través de los antidepresivos y antiepilépticos, que utilizamos para modular el dolor. A dosis bajas, los antidepresivos pueden mejorar la ansiedad y el dolor del paciente.
Sí, la terapia psicológica ayuda mucho. Caracterizar individualmente el paciente a nivel psicosocial puede ayudar a que él mismo tenga herramientas para luchar contra el dolor, y se va reactivando. Puede que tenga dolor, pero lo vive mejor. Hay pacientes que dicen: “tengo dolor, pero me voy a tomar un té con mis amigas”, gracias a la neuromodulación desde fuera y desde dentro. Debemos bajar la intensidad del dolor y sobre todo mejorar la funcionalidad del paciente.
Depende de cada patología, pero se intenta ir de terapias menos agresivas a más agresivas. Intentamos que mejoren sus hábitos tanto dietéticos como físicos, que hagan ejercicio… Ahora muchos más pacientes mayores hacen ejercicio físico, caminan, van a la piscina… Para el dolor las actividades acuáticas son importantísimas, y aunque duela hay que ponerse en marcha, como ya hemos dicho
Hoy en día, disponemos la neuromodulación, que es modular el dolor desde donde se genera y se transmite: nos introducimos en la médula espinal, ponemos unos cables, electrodos o catéteres con unos dispositivos que administran fármacos. Pero son muy costosos y solo se usan para determinadas patologías en concreto, no para los dolores que comentamos, habituales de personas de cierta edad, de origen osteodegenerativo.
Calor local. Casi todos tenemos una esterilla eléctrica, y esto es un tratamiento: si hay dolor, se puede poner 30 minutos cada ocho horas. No se debe usar para entrar en calor cuando nos vamos a dormir. El calor local es un tratamiento y es muy eficaz para los dolores osteodegenerativos. Para un dolor agudo como una hernia discal, por ejemplo, no es efectivo; para un herpes tampoco (incluso lo empeora). Pero para las personas mayores aconsejaría: caminar, buenos hábitos dietéticos, no entrar en sobrepeso, calor local y algún analgésico si es necesario, aunque esto último debe controlarse bajo prescripción facultativa.
Se tratan igual a hombres y mujeres, pero no debería tratarse igual. La mujer tiene más dolor que el hombre, pero llega más tarde a las consultas. Hasta ahora el hombre estaba más tiempo laboralmente activo, ahora ya vemos mujeres que han trabajado toda su vida. La mujer es más sufrida y tiene unas cargas socioculturales que le hacen poner por delante de ella a toda la familia. Cada vez hay más plataformas que abordan las disparidades de sexo y género en el dolor. Cada vez se descubren más aspectos, y esto está muy en boga. Ahora se ve que la testosterona, la hormona de predominio masculino, protege del dolor. En cambio, los estrógenos hacen a las mujeres más sensibles al dolor.
Esperar a ir al médico no es bueno, igual te encuentras una articulación totalmente deformada que podríamos haber actuado de forma previa, siendo más eficaces. Y con la edad avanzada esto es todavía más arriesgado.
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