La frase popular es famosa en casi todos los países: «Cada familia es un mundo«. Sin embargo, a pesar de las diferencias en cada una y culturalmente en diversos sitios de la Tierra, existen patrones y similitudes que se pueden encontrar seguido. Tal es el ejemplo de las personas «pivot», a quienes les recaen los pedidos y los cuidados más que a otros.
La reflexión de una mujer en un sitio Web hace hincapié en cómo las preocupaciones por los demás no dejan espacio a los deseos propios, y que esto no es una configuración impuesta por alguien en particular, sino que se da de manera natural, por construcción, y por un mandato implícito.
En un texto en la página digital Bolde, la autora indicó que con sus 43 años se dio cuenta de que ella es quien tiene el número del cardiólogo de su padre, quien sabe qué medicamentos toma su madre, y a quien su hermana le escribe cuando hay que tomar una decisión.
«Nadie me ha dado formalmente ese trabajo, simplemente me di cuenta un día de que lo tenía y de que nadie más iba a quitármelo», reflexionó, con resignación, pero sabiendo que es un lugar que alguien debe ocupar.
Una semana que lo cambió todo: cómo darse cuenta la hizo analizar su situación
La mujer contó que tiene trabajo, dos hijos e ironizó: «Tengo mi propia vida de la cual, en teoría, soy la protagonista». Para ilustrar su descubrimiento, contó que le bastó una semana recientemente para darse cuenta de la situación con sus padres y hermana, su familia primera.
Comenzó contando una anécdota por la que estuvo cuarenta minutos hablando por teléfono para solucionar un problema en una receta de anticoagulantes que le recetó el cardiólogo a su padre. Al día siguiente su hermana la mensajeó por si podía averiguar a qué hora era la cita preoperatoria de su madre, debido a que «había perdido los papeles».
Antes del punto de reflexión que la invitó a escribir y reflexionar sobre esta situación común para muchas personas, dijo que estaba actualizando la hoja de cálculo de la dosis de los medicamentos de sus padres y las farmacias en las que se dispensa cada uno, y cuando debió llamara a la farmacia… se dio cuenta que esta dirigiendo una situación complicada de lidiar.
Nadie le había dicho que era la elegida, pero descubrió que simplemente se había convertido en eso. «Como te conviertes en cualquier cosa a los cuarenta: gradualmente y luego de repente, mientras estabas ocupada haciendo lo siguiente en la lista«, escribió.
Antes de su descubrimiento, dijo que llevaba meses o años viviendo así, y que no le había dado mayor importancia. «Simplemente eran lo que tenía en mi lista», aseguró sobre sus quehaceres autoimpuestos.
Entonces, así todo lo parecía normal: las conversaciones con la farmacia, los recordatorios a su hermana y el seguimiento constante. «Se había convertido en mi vida cotidiana», rememoró, al tiempo que dijo que lo que la hizo descubrirlo y salir de esa rutina que la cegaba no fue el volumen de tareas que, por cierto, aumentaba desde hacía tiempo.
«No hubo ninguna reunión familiar para repartir las responsabilidades»: así fue que cambió la mirada
La mujer dijo que lo que cambió en esa semana fue que se dio cuenta de la situación. De que «atajaba» todos las responsabilidades y lo naturalizaba. «Nadie me nominó, y eso no es lo mismo que ofrecerse como voluntario. Yo no levanté la mano», insistió.
Según su reflexión, no hubo reunión familiar en la que se hablara de eso: «A mí me tocó la categoría médica». Según dijo, fue ella quien contestó la primera llamada de los médicos de sus padres, y luego una tras otros, convirtiéndose en la persona que sabía todo aceerca de ellos.
«Los amo. Estoy cansada, orgullosa y enojada. A veces todo a la vez«, definió. Aseguró esto a pesar de dijo amar a sus padres, estar alegre de poder ayudarlos y de que no cambiaría su lugar con su hermana. «Porque prefiero saber lo que está pasando a ser la persona a la que se lo cuentan después», se sinceró.
Esta anécdota puede interpelar a muchos lectores a los que les ocurre lo mismo. En el texto, la autora indica que últimamente lo que cambió para ella fue ver lo que estaba haciendo. Que a pesar de estar cansada, se siente orgullosa de ser capaz de cargar con algo que nadie más quería cargar.














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