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La psicología dice que las personas que caminan con las manos detrás de la espalda no lo hacen por bienestar, sino que esa postura puede asociarse con la reflexión y la calma

Es una postura fácil de reconocer: caminar despacio, con las manos unidas detrás de la espalda y la mirada dirigida al entorno o al suelo. Se observa en parques, museos, pasillos y paseos tranquilos, y suele asociarse de manera intuitiva con alguien que está pensando.

La psicología permite sostener una parte de esa interpretación, aunque no toda. No existe evidencia científica que demuestre que poner las manos detrás de la espalda signifique necesariamente reflexión o calma. La investigación sobre postura muestra, en cambio, que la posición del cuerpo puede relacionarse con el estado emocional e influir en la respuesta al estrés.

Expertos de la Universidad de Auckland, estudiaron a 73 adultos sometidos a una tarea estresante mientras caminaban con una postura erguida o encorvada. Quienes caminaron erguidos mostraron menos emociones negativas de baja activación, menos somnolencia y una respuesta fisiológica al estrés más baja en algunos indicadores, incluida la presión arterial sistólica y la conductancia de la piel.

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Las manos detrás de la espalda suelen reducir además el movimiento espontáneo de los brazos y los gestos manuales. Eso puede dar la impresión de un paseo menos apresurado y más contemplativo.

Sin embargo, interpretar de manera automática ese gesto como una señal psicológica sería caer en uno de los problemas habituales del llamado “lenguaje corporal”: atribuir un significado fijo a una conducta que puede tener muchas causas.

Una persona puede caminar así porque le resulta cómodo, porque lo aprendió de alguien, porque quiere estirar los hombros o simplemente porque no sabe qué hacer con las manos. La misma postura puede aparecer en alguien relajado y en alguien preocupado.

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De hecho, investigaciones específicas sobre colocar las manos detrás del cuerpo se han centrado en cuestiones sensoriales y cognitivas, no en demostrar que la postura indique serenidad.

Un estudio de la Universidad de Essex comprobó que cambiar la posición de las manos detrás de la espalda puede modificar determinados procesos de atención táctil. Sin embargo, los investigadores no analizaron si esta postura está relacionada con la calma o la reflexión, por lo que no permite atribuirle por sí sola un significado psicológico.

La investigación sobre cognición corporizada sí proporciona una idea más amplia: cuerpo y mente no funcionan como sistemas completamente separados. La manera de sentarnos, caminar o movernos puede relacionarse con nuestros pensamientos y emociones.

Un trabajo reciente con 269 participantes encontró incluso que una postura erguida podía favorecer la recuperación emocional y pensamientos más positivos en personas con mayor conciencia corporal, aunque el efecto dependía mucho de cada participante.

Por eso, la imagen del caminante con las manos detrás de la espalda como alguien reflexivo no es absurda. Esa postura puede aparecer durante una caminata pausada en la que existe espacio para pensar.

Lo que la psicología no permite afirmar es que las manos revelen por sí mismas lo que ocurre dentro de la cabeza. Puede tratarse de calma y reflexión. Pero para saberlo haría falta algo más que mirar dónde colocó las manos.

Fuente

Minardi Automotores
Vinería La Carreta
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Municipalidad de Sunchales