Neus Asensi vive habitualmente en un paraje envidiable: un cortijo a jefe de Gata al que llegó, reconoce, por falta de liquidez y los precios abusivos de los alquileres en Madrid. Comenta con dolor que, aunque el incendio de Los Gallardos (Almería) no le ha tocado de cerca, es una tragedia por la que no puede dejar de enviar sus condolencias a todos los que han perdido a un ser querido.
Contesta desde La Coruña, lugar en el que se refugia en verano huyendo del calor del sur, ese mismo calor que antes adoraba y que, ahora, con la edad, ya no lleva tan bien. Y lo hace serena, segura y con una rebeldía que le dan la madurez y la experiencia que hacen que cuestione muchos aspectos del mundo del cine y el espectáculo, ese mundo que ama y que no siempre es amable con sus estrellas cuando llegan a la madurez y sus cuerpos cambian.
Torrent, La niña de tus ojos, Marujas Asesinas, La reina de España, El mayor robo jamás contado, El oro de Moscú… Lo cierto es que en la trayectoria de Assensi, la comedia, el talento y la perseverancia han dejado huella, atreviéndose con el cine, la TV y. Preparada para lo que venga, está en ese punto de la vida en el que, con el colmillo más afilado que nunca y mucha más sabiduría, se puede meter al público en el bolsillo, ya sea con una buena comedia, un potente thriller o todo un drama.
¿Siempre quiso dedicarse al cine o el suyo era más la danza?
A mí me gusta la interpretación. La danza me gustaba cuando era muy jovencita y empecé por ahí, pero enseguida me metí en temas de interpretación, que es lo que de verdad quería.
¿Cree que la edad es un factor importante que invisibiliza a las actrices en el mundo del cine?
Sí, sin embargo, además, mi caso personal es otra historia. Yo pagué el pecado de haber sido un mito erótico y, cuando te etiquetan de mito erótico y envejeces, la industria, principalmente masculina, no sabe qué hacer contigo. Yo he hecho de madre poquísimas veces… Pese a tener vis cómica, a pesar de tener talento, a pesar de haber hecho dramas, esa etiqueta de mujer explosiva, descarada o graciosa es lo que se venía de mí.
No quieren que las mujeres que han deseado envejezcan. Yo hice personajes muy marcados por mi físico, algo de lo que no me arrepiento, porque hacer comedias gamberras utilizando el físico y el talento no es nada fácil; requiere precisión, inteligencia dramática… Hacer reír a millones de personas es jodidamente difícil. Siempre he pensado que quien sabe hacer reír con verdad sabrá llorar o infundir terror con la misma intensidad.
¿Se olvida que el talento y la experiencia también se dan la mano?
El talento no envejece, no se arruga. El talento y la vis cómica se refinan y se pulen con los años. Lo que ocurre es que aquí, para que te sigan dando protagonistas en los 60, parece que debes cumplir con un estándar estético artificial e irreal. La industria premia a una juventud impostada y castiga una madurez real. Quieren mujeres mayores para hacer siempre personajes satélites; mujeres de mi edad que hagan protagonistas en este país, con regularidad, habrá dos. Y, con frecuencia, habrá cuatro. Pero la mayoría, cuando cumplimos unos años, se nos releva a personajes satélites. Hay directores que sí han cogido a mujeres maduras y les han dado un papelón, como Álex de la Iglesia, Pedro Almodóvar o Santiago Segura conmigo en Padre No Hay Más Que Uno 5 . Y él me ha amado como estoy ahora, con mis kilos y mis arrugas. Las mujeres actrices tenemos derecho a envejecer con naturalidad.
Lo contrario es poco realista…
Me parece un insulto para las mujeres reales que van por la calle. Además, curiosamente, y lo digo porque tanto plataformas como muchas cosas están enfocadas a los jóvenes, las que más consumimos cultura, vayamos al cine y al teatro, son las personas de mi edad.
¿Es duro aceptar esta realidad a nivel profesional?
Es muy cruel envejecer en la cámara, sobre todo si has empezado jovencita, como yo, haciendo protagonistas y has sido la chica guapa y cuidada, te han puesto una buena luz… Es muy cruel trabajar sin pincharte bótox y sin historias y ver tu cara a tres metros de pantalla, con estas cámaras HD que te quitan hasta el detalle. Me acabo de doblar en una película que hice en Valencia que se estrena en septiembre; se llama Eixam ( Enjambre en castellano) y cuando me vi, dije: “¡Hostia!, ¿qué me dan ganas de meterme en un cirujano”. Pero después, en cuanto iba haciéndolo, dije: “Mira, tía, tienes cara de empresaria mafiosa y eso es lo que vale”. No sé lo que voy a hacer en el futuro, porque también te digo que estas cosas pueden cambiar, no es definitivo, pero en este momento, yo creo que no necesito meterme en un quirófano.
Dice que haciendo Padre No Hay Más Que Uno 5 se ha divertido mucho…
Nunca me divertí tanto en mi vida trabajando, porque no tener la presión de salir guapa es una libertad. Hice un personaje muy divertido, hasta el punto de que un director con un ojo tan agudo como Álex de la Iglesia, en su cuenta de Instagram personal, subió una publicación diciendo que yo era el mejor de la película, y que alguien con un ojo tan brillante resalte esa película y ese papel es un bofetón de realidad para la industria, que a veces está ciego.
¿Reivindica más papeles así?
Yo lo que necesito son guiones que entiendan, como entendió Santiago (Segura), dándome aquel personaje, y cómo vio a Álex (de la Iglesia), que en los 60, en los 61… se puede hacer reír desde la ternura, morder desde el thriller o conmover desde el drama. Hay que perder el miedo a envejecer y dejar de vivir en esta burbuja hipócrita de juventud eterna que es una esclavitud. El talento evoluciona. Yo quiero reivindicar esto, pero es muy difícil… Además, a los hombres no les pasa tanto.
¿No les pesa tanto cumplir años en su profesión?
Se les respeta más su madurez. No se les relega a personajes secundarios porque les ha cambiado el físico. He trabajado con muchísimos actores consagrados de este país al que les ponían una mujer treinta y pico años más joven para hacer de su pareja y todo el mundo lo veía bien. Yo he trabajado con mujeres directoras y productoras muy buenas, pero sigue siendo una industria muy masculina. Sin embargo, nadie está exento de aquella presión cosmética o estética. He visto a compañeros jóvenes y guapos que también han caído en los retoques estéticos. Es muy difícil.
Usted se ha operado para reducirse los labios, ¿verdad?
Yo de joven me puse labios. Era la moda, íbamos todas con morros, pero lo que te inyectaban, después de tanto tiempo, era necesario sacarlo. Ya no estaba bien, era una cuestión más bien de salud. La operación se llama extracción de biopolímeros y es muy dolorosa. Son tonterías de juventud. Yo hablo de otra batalla que siempre perderemos, que es luchar contra los años. Te puedes operar, pero yo digo: Si lo hago, ¿me darán papeles de 40? No. Me darán papeles de 61 operada. Con lo cual, los personajes de mujer humilde que yo hago se terminaron. El cine español debería madurar, al igual que sus actrices, pero madurar de verdad, lo que hay compañeras que son más jóvenes ahora que hace 30 años. Y no critico a nadie, porque yo misma sufro una presión tremenda.
¿Parece que no queremos aceptar que el cuerpo cambia?
A mí la menopausia me cambió radicalmente el cuerpo. También la pandemia, que nos afectó a todos, y el dejar de fumar. Hay mucha gente que es todo el día con las inyecciones para adelgazar, pero yo no quiero esto. Yo no he hecho dieta en mi vida; siempre tuve la fortuna de tener un cuerpo agradecido, hacía gimnasia y se me notaban los músculos. Ahora es otra historia.
Dice que ha dejado de fumar. ¿Uno se cuida de alguna manera especial?
Pues la verdad es que no. A mí me dicen: «Es que tú te ves bien así». Pues es verdad. Es que a mí el redondo me gusta. Yo no tengo grasofobia, que mucha gente dentro de nuestro trabajo la tiene, porque ahora ya no hay gordos en el cine español, han adelgazado todos. Si a mí me está yendo tan bien estando así, la salud la tengo bien y yo me veo bien, el problema no lo tengo yo, el problema lo tiene el resto. El día que mi médico me diga que debo hacer dieta por salud, la haré.
¿Qué han supuesto para usted las películas de Torrente ?
Primero, trabajar con mi compañerito, que llevamos toda la vida haciendo películas. No sólo dirigidas por él, sino también trabajando para directores muy importantes en ese país. El primer Torrent fue una salvajada. A mí me perseguían por la calle, los adolescentes me decían verdaderas burradas… Esto fue algo difícil, porque, claro, cualquier hombre piensa que puede estar con Amparito si ha estado con Torrente. A veces dije: «Buf, yo no puedo ir por Madrid sola». Fue muy fuerte. Y para Santiago, el éxito fue tan descomunal que yo no sé cómo ha podido digerirlo tan bien, seguir siendo una persona cercana… Yo creo que es de los productores más potentes de ese país. Yo hago y adoro el cine popular; no tengo nada en contra del cine comercial, al contrario.
Y al fin y al cabo ese éxito, ¿le dio vértigo que su teléfono dejara de sonar?
Dejó de sonar un tiempo, sí, y da vértigo. Trabajaba poco, pero trabajaba. Pero bueno, también les ha pasado a otras muchas actrices. Y ocurre, sobre todo, con las que tienen una presencia física que se ha vendido desde el inicio y después van ganando años. En esta profesión, cuando dicen: “Yo llevo muy bien la edad y las arrugas y tal”, y ves las fotos, o las ves en pantalla y dices: “Si lleva bótox incluso en el alma”. Pero no es culpa nuestra, es que es una industria hipócrita, en la que necesitan un personaje mayor pero prefieren que parezca de 45.
¿Qué le gustaría hacer en el cine o qué le ha quedado por hacer?
He trabajado con grandes directores de este país, pero yo no busco que me llamen por nostalgia, busco que me llamen porque saben que conmigo en el set la comedia muerde y el thriller te puede enganchar. A esa edad yo sé más que nunca y sé que, en algún momento, vendrá un audaz director y me dirá: “Toma, una buena comedia ácida”. A mí no me gustaría morirme sin trabajar con Álex de la Iglesia. También me gustaría hacer un buen thriller, y creo que estoy en el momento perfecto por eso. Y me gustaría hacer con Santiago (Segura) una comedia ácida, pero de verdad, una historia de mala leche e inteligente en la que los dos podamos explotar el humor sin filtros desde la madurez actual. Y si a Santiago le da la locura y hace otra de Padre No Hay Más Que Uno y me volviera a decir, voy corriendo, porque el personaje de Nora que me dio es buenísimo.
Nieves, usted ha hecho mucho cine, también tele, teatro… ¿Qué prefiere?
Teatro hago menos porque yo tengo un hándicap muy grande, que es que no tengo vivienda en Madrid y, normalmente, cuando te llaman para realizar una función de teatro, son unas cuatro funciones a la semana. Y, con ello, pagar un alquiler en Madrid… Ahora sí que tengo dos proyectos teatrales que me interesan mucho.
¿En qué punto de su vida está ahora?
A nivel profesional, encuentro que me están dando un sitio, que le he dado la vuelta a la tortilla. Me encuentro muy preparada para que venga alguien audaz y me ofrezca un thriller o un potente drama. También estoy muy agradecida a Los Javis porque han contado conmigo en dos series que producían ellos: Superestar sobre la vida de Yurena y Mi siempre a veces, gracias a una directora de casting llamada Eva Leira ya Yolanda García Serrano, que son muy buenas. La próxima película que haré se llama Si te contara y es con Alfonso Albacete. No me está yendo mal. Estoy aquí y estoy preparada para lo que me pidan, con energía, con alegría y contenta por el reconocimiento que he tenido con el papel de Padre No Hay Más Que Uno 5, un personaje en el que no importa la edad ni el físico que tengas. Y eso, para mí que he estado tan encasillada, es una maravilla.















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