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La casa más moderna de Formentera lleva la firma de dos arquitectos nacidos en la isla

Es un pedazo de tierra privilegiado: solo 20 km de largo y un ancho que oscila de los 8 a tan solo 1,5 km, rodeado de mar Mediterráneo. La cautivadora isla de Formentera. En el istmo de la Mola, esa franja de tierra que conecta la meseta de la Mola con el resto de la isla, en el extremo oriental, se encuentra la zona de Ses Clotades que aloja esta casa proyectada por Marià Castelló y Lorena Ruzafa. Ambos son arquitectos nacidos en Formentera y uno de los pocos despachos que opera desde la isla.

Al conversar con ellos, una cuestión principal parece ineludible: ¿Cómo construir hoy en la isla de Formentera respetando el entorno paisajístico? ¿Cuál es la estrategia de implantación para minimiza la huella sobre el frágil ecosistema?

“Lo mas importante ha sido la integración en el paisaje -explica el tándem de arquitectos Castelló-Ruzafa a Magazine-. Es una zona modelada por hondonadas que se hunden entre pequeñas colinas de arena. Al cliente le propusimos una ubicación algo deprimida, y confió en nosotros”. De modo que el volumen de mayor altura de la casa queda escondido entre los pinos más cercanos. Es al ascender a la cubierta concebida como solárium-mirador cuando se divisa la isla de Eivissa.

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En su encaje entre un pinar y los campos de cultivo, el perfil de la vivienda adopta el lenguaje de su entorno, aunque geometrizado. “Es un diálogo de contrarios -especifican- adición y sustracción, ascenso y descenso, solidez y permeabilidad, luz y sombra. Sobre un podio de hormigón descansan tres volúmenes: dos cuerpos de diferente altura que albergan los espacios de vivienda, y un tercero que se incrusta en la tierra para convertirse en agua”.

La residencia se ha diseñado alineada a los distintos momentos y ritmos de sus ocupantes. El volumen de dos plantas funciona como una vivienda completa: zona de día abajo y un único dormitorio con baño, en la planta superior. Mientras el segundo volumen, más compacto y opaco, aloja tres habitaciones con baños en suite, que se habilita cuando acuden los hijos e invitados.

En todas las estancias destaca el revestimiento de mortero de cal, como acabado natural transpirable, que recorre el perímetro hasta una altura de 2,30 m sin llegar al techo. “Es una altura que proporciona escala humana al espacio, vinculada al modulor de Le Corbusier” señalan. Integra armarios, la chimenea, un banco, se ajusta a puertas y ventanas, e incorpora la mayor parte de los servicios.

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La escalera se ha ideado como un elemento central de separación permeable entre la cocina y el salón. De plancha metálica blanca plegada, queda suspendida mediante un sistema de varillas del forjado superior. Unas cuerdas náuticas tensadas verticalmente componen la expresión mínima de una barandilla. La pieza parece flotar en el espacio y su protección genera una suerte de visillo contemporáneo.

El diseño de elementos integrados llega hasta los dormitorios y la base de las camas. Realizadas con contrachapado marino, por su estabilidad dimensional, van revestidas con capa de microcemento. “Queríamos sugerir que la cama nace desde el pavimento y diluir los límites entre diseño interior y arquitectura. También las fronteras de esta con el paisaje, para que la transición sea lo más natural posible”.

En su juego de volúmenes, la casa se ve aligerada mediante “una constelación de patios que la erosionan y vuelven porosa”. Otra pieza significativa es el nexo permeable entre los dos cubos habitables, un corredor acristalado que muta con las estaciones. En verano se abren las mamparas y deviene porche. En invierto, cerradas, se convierte en galería que capta la radiación solar y caldea el interior. Es un espacio que da la bienvenida y funciona como distribuidor conectado también al atrio, una terraza que en verano se cubre con toldos de tipo vela. Todos los porticones que clausuran la casa son de pino tratado con el objetivo de que envejezcan en tono gris. Una petición de los propietarios para mimetizarse con las casetas de pescadores de Formentera. Es decir, el modo más natural que tiene la madera de evolucionar en contacto con la humedad y la sal marina.

En cuestión de recursos y sistemas, los autores del proyecto siguen las enseñanzas de la arquitectura tradicional en Formentera: el primer paso siempre fue captar el agua de lluvia y almacenarla en cisternas. En su caso de gran capacidad, pues el cambio climático afecta a los índices de pluviometría en la isla. En la cubierta del volumen menor hay una instalación solar fotovoltaica. Un sistema de aerotermia se suma la estrategias de ventilación cruzada. Y la presencia de patios con efecto chimenea impulsa el aire más caliente hacia arriba, refrescándolos.

La vivienda en Ses Clotades se aviene a la normativa actual que pide explícitamente un leguaje muy mimetizado con la arquitectura tradicional. “Desde el estudio -señalan- intentamos tomar todo ese bagaje tradicional, estudiar aquello que no ha cambiado, no interferir en los cultivos y los paisajes, e incorporarlo”. No obstante, añaden, los materiales si han variado, ya no hay canteras de marés, ni bosque que talar. “Hoy no trabajamos con los mismos materiales y ha cambiado radicalmente cómo vivimos. Nos movemos entre esos dos parámetros”. Si bien la finca llega hasta la playa, la construcción quedada retirada considerablemente de la línea de costa para asentarse en el paisaje dunar. Y sus habitantes pueden disfrutar de las aguas del Mediterráneo tras un paseo de diez minutos andando.

En este equilibrio perseguido al construir en Formentera, los arquitectos también destacan un segundo aspecto significativo. “Pensamos que hay que acompañar, enseñar y asesorar a la propiedad en lo que podríamos denominar ‘sanar la cicatriz’ que cualquier intervención de este tipo supone. Y promover el crecimiento de vegetación natural y otra plantada que contribuye a ello”. Olivos, romero, tomillo… verdean y aromatizan el lugar. “Hemos apostado por un sustrato de ramas de bosque triturado que a nivel cromático procura una percepción similar con el entorno. Y favorece que la humedad diaria del rocío matinal quede retenida, propulsando el crecimiento de forma natural de especies locales propias”.

Fuente

Minardi Automotores
Vinería La Carreta
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Sunchales dialogo
Municipalidad de Sunchales