La tentación es de construir “una nueva Torre de Babel, donde el poder, la eficiencia y el control oscurece el rosto de la persona”. Este es uno de los graves riesgos que el Papa León XIV evocó en una audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, con participantes del encuentro anual del Network de los Legisladores Católicos Internacionales.
La Inteligencia Artificial y sus graves riesgos de deshumanización en sus controles constituyen una de las mayores preocupaciones del pontífice, que escribió sobre el tema su primera encíclica hace unos meses.
“Dignidad humana e inteligencia artificial son a la vez desafíos y oportunidades de control que abren ciertamente horizontes nuevos pero que implican también una demanda de sentido, en particular sobre cuanto ésta esté al servicio del desarrollo integral de las personas”, dijo.
El pontífice recordó la necesidad de una legislación que salvaguarde los derechos y la las libertades del hombre, vigilando el riesgo de un dominio sutil de las naciones más ricas y proponga como camino a recorrer la doctrina social de la Iglesia contra la cultura del poder.
León invitó a seguir la “civilización del amor” propuesta por la Iglesia. En ese sentido es necesario proteger la familia, “primera escuela de humanidad” y por esto el Papa recomienda que “no se debe jamás permitir que la inteligencia artificial debilite esta célula primaria de la sociedad”.
El mundo no necesita “una inteligencia artificial que disminuya la humanidad; más bien tiene tiene necesidad de una humanidad iluminada por la sabiduría de una autoridad política guiada por la conciencia y las innovaciones tecnológicas guiadas por la caridad. Solo entonces la inteligencia artificial no será rival de la humanidad, sino un servicio del bien común”.
“Nuestra familia humana se encuentra frente a una opción fundamental”, agregó León XIV. Es necesario “construir una civilización en la que la tecnología esté al servicio del desarrollo integral de cada persona”, remarcó Robert Prevost, durante una visita a Rimini, Italia, este sábado.
El Papa destacó que los principios de la doctrina social de la Iglesia, como la dignidad inviolable de cada persona, el bien común, la subsidiaridad y la solidaridad, “nos dan los criterios ciertos para el discernimiento”. De allí su invitación para que no se obstaculicen las innovaciones pero se las guíe “con sabiduría”.
Una buena legislación “debería alentar la creatividad científica y tecnológica, salvaguardando al mismo tiempo los derechos humanos y la libertad, garantizando la transparencia en el uso de las tecnologías emergentes”
Para el preocupado Papa, una buena legislación «debería alentar la creatividad científica y tecnológica, salvaguardando al mismo tiempo los derechos humanos y la libertad, garantizando la transparencia en el uso de las tecnologías emergentes».
Además, dijo, «debería proteger a los usuarios de la explotación, tutelar la privacidad, garantizar la transparencia en el uso de las tecnologías emergentes y asegurar que refuercen las instituciones democráticas».
Se trata de identificar «marcos jurídicos adecuados, vigilancia independiente, la educación de los usuarios, una política que no abdique de sus propios deberes».
No pueden ser los algoritmos los que decidan «quién es visto y quién se mantiene invisible».
El Papa concluyó su exhortación señalando: «Por esto los aliento a promover políticas que refuercen el matrimonio y las familias, sostengan a los padres en sus misiones educativas y consientan a los jóvenes mirar al futuro con confianza».












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