“Las cosas se pagan unas a otras la pena de su injusticia según el orden del tiempo”

En la escuela presocrática de la Antigua Grecia, Tales de Mileto encontró en Anaximandro su principal discípulo, quien terminó siendo un reconocido filósofo en buscar explicaciones racionales sobre el origen del cosmos, sin recurrir a la mitología. Qué significa su frase: «Las cosas se pagan unas a otras la pena de su injusticia según el orden del tiempo».

Anaximandro vivió aproximadamente entre el 610 y el 546 a. C., también fue compañero y maestro de Anaxímenes. Consideró que el principio de todas las cosas era lo llamado «ápeiron«. Este es el «principio constitutivo» y origen (arjé) de todas las cosas. Lo definió como una materia «indefinida e infinita«.

Su pensamiento sobre el ápeiron tiene un componente de equilibrio: permite que los opuestos (por ejemplo, calor y frío) se separen y se equilibren. El fragmento de la frase se conoce gracias a obras posteriores que lo citan siglos después.

A pesar de esto, se le atribuye el libro «Sobre la Naturaleza«, en el que afirmaría que el aire podría ser el principio de todas las cosas, dando lugar a otros elementos. Su maestro creería que era el agua.

«Las cosas se pagan unas a otras la pena de su injusticia según el orden del tiempo»: qué quiso decir Anaximandro

Cuando la filosofía occidental recién comenzaba a dar sus primeros pasos, Anaximandro sugirió esa frase que aún sigue genera nuevas interpretaciones y hace pensar a generaciones.

«Las cosas se pagan unas a otras la pena de su injusticia según el orden del tiempo», puede sonar a una frase enigmática en un primer momento, como una sentencia o advertencia moral. Pero el foco era otro tema: intentar explicar cómo funciona el universo.

El pensador sostenía que el origen era lo ápeiron (lo indefinido, lo ilimitado o lo indeterminado). La frase sugiere una visión del universo donde existe un equilibrio necesario y cuando elemento «triunfa» sobre otro, el tiempo se encarga de restaurar el orden.

Para Anaximandro, la naturaleza se encontraba atravesada por una especie de equilibrio permanente, una ley silenciosa que ordenaba el nacimiento y la desaparición de todas las cosas. Su idea partía de ese concepto de ápeiron. Creía que nada existe para siempre y nada ocupa eternamente un lugar privilegiado.

Cuando habla de «injusticia» no lo hace en el sentido actual del término, que juzga lo injusto y lo que no es en la sociedad, sino que hace referencia a la ruptura de ese equilibrio. Si un elemento se impone sobre otro, esa es la «injusticia» que el tiempo repara. Habrá un equilibrio que hará que todo se mantenga así en el universo: si algo avanza, tarde o temprano retrocederá, como el calor que domina durante el verano y retrocede por el frío del invierno.

Es un orden por compensaciones, donde ninguna fuerza gana para siempre y ningún estado permanece inalterable permanentemente. El tiempo es el árbitro que reorganiza lo que parecía desordenado.

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