“No, los mayores no son un gran gasto. La longevidad es una inversión, estas personas han aportado durante toda su vida laboral y continuarán aportando de los 65 en adelante. Y aunque a los 80 u 85 tengan dependencia, también seguirán contribuyendo, porque los servicios que necesitan generan retorno económico y social”. Así de rotundo se muestra Pedro Cano, primer director general de la Gent Gran de la Generalitat de Catalunya, sobre la gran importancia del colectivo sénior en nuestra sociedad.
Cano (Barcelona, 1965), médico y cirujano con larga trayectoria directiva y de gestión, trabajaba antes de su nombramiento en el Consorcio Corporación Sanitaria Parque Taulí de Sabadell, después de pasar también por el grupo Bupa-Sanitas, como coordinador del programa de atención a personas con demencia en España, el Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda.
El doctor recibe a La Vanguardia en su despacho de la calle Aragó de Barcelona y se muestra optimista sobre el escenario de la nueva longevidad, en el que más de un 20% de la población es mayor de 65 años. “Diría a este colectivo que afronte esta etapa con tranquilidad e ilusión, porque pueden tener muchos años por delante con plena capacidad. Que no minusvaloren el cambio de estatus laboral; estoy convencido de que abre muchas posibilidades de poder seguir disfrutando de la vida 15, 20, 25 años más… ¿Por qué no llegar hasta los 100?”.
Creo que es consecuencia de una reflexión del Gobierno actual y también del anterior. La demografía es tozuda: más del 20% de la población en Catalunya tiene más de 65 años, y ese dato no hará otra cosa que seguir creciendo. Por tanto, el peso de las personas mayores, en sus diferentes etapas, va a ir aumentando. Todos nos tenemos que adaptar a esta situación, también las políticas del Gobierno.
Sí, es complicado. De hecho, las asociaciones de personas mayores reivindican no hablar de “gente” sino de “personas mayores”, porque cada una es uno tiene una historia de vida diferente. Ahora este tema ha explotado, cada vez hay más libros y más personas trabajando sobre ello; aparecen conceptos como el de la “gerontolescencia”, que utiliza Pere Estupinyà: personas de entre 60 y 80 años que rejuvenecen, con expectativas vitales muy plenas y satisfactorias. Muchas personas quieren vivir esa etapa dedicadas al ocio, al crecimiento personal y a seguir aportando a la sociedad, sin pensar necesariamente en dependencia, cuidados o enfermedades crónicas. Muchos tienen buenas pensiones, capacidad física y mental para una vida plena, para viajar, para salir, disfrutar de la cultura…
El encargo del presidente Illa es poner en marcha la estrategia por una sociedad longeva y una vida plena. Esa es la parte fundamental de lo que se espera de esta Dirección General de Gent Gran. Partimos del diagnóstico participativo que se hizo en 2024 trabajando con un consejo asesor de 19 especialistas.
Ahora estamos priorizando unas 50 acciones, sobre las que se hará un plan de acción, con un enfoque de longevidad, no solo desde la visión habitual de derechos sociales y salud. Es una estrategia para conseguir cambios reales en la sociedad, queremos que sea un ejemplo para el resto de organizaciones y empresas. Un poco, si me lo permites, como hizo el Grupo Godó con la sección Longevity, cuando hace dos años decidió que estas temáticas eran tan relevantes para sus lectores que merecían tener una sección,
Muchas de las peticiones que estamos recibiendo tienen que ver con la vivienda. Llega un momento en que la casa en la que una persona ha vivido toda la vida se le hace grande, y cuando se queda sola porque su pareja ha fallecido, todavía más. Necesitamos soluciones de vivienda más pequeñas, más adaptadas y con servicios que ayuden a vivir muchos más años con independencia. Esa será una de las líneas importantes.
Son una opción más. Algunos grupos de personas deciden ponerlos en marcha de manera colectiva, pero creo que la administración pública debe impulsar con más fuerza el modelo de viviendas con servicios para personas mayores, que formará parte del Pla 50.000 viviendas del Govern. El cohousing y el coliving tienen pros y contras. Vivir en pareja ya es complicado; vivir en comunidad durante 10, 15 o 20 años implica que aquella buena relación inicial se mantenga en el tiempo. Y eso generará escenarios que todavía no conocemos bien.
Ampliar la cartera de servicios. Que las residencias no sean la única solución a la que optar, sino que haya otras modalidades de menor intensidad que permitan continuar viviendo el máximo tiempo posible en casa. Soluciones de telemonitorización, por ejemplo. Y con la nueva Agencia de Atención Integrada Social y Sanitaria, la integración entre servicios sociales y salud nos ayudará a desarrollar muchos más servicios.
La soledad no deseada tiene mucho que ver con la vivienda, la vida en comunidad, la socialización… La estamos abordando con un enfoque de detección precoz. Debemos tener en cuenta que afecta al estado físico, a la salud mental y a la salud física. La soledad no deseada lleva aparejada más frecuentación de los centros de atención primaria y más medicación. Con prescripción social, muchas de esas circunstancias se pueden aliviar.
¡Yo ya estoy en ese grupo: soy del año 65! El colectivo ha cambiado extraordinariamente. Vivimos la primera generación que puede llegar a los 80, 90 o incluso 100 años. En Catalunya viven más de 3.000 personas centenarias, y entre ellas, muchas con mucha capacidad mental e intelectual y con una vida todavía muy satisfactoria. Somos la primera generación que tiene esos 20 años de más para vivir. Y esos años son años para vivir con normalidad, si no tienes enfermedades crónicas destacables, o si las puedes gestionar bien con el sistema de salud. Las personas mayores son un colectivo muy diverso, cada persona tiene sus aficiones y su capacidad de seguir aportando a la sociedad como mentora, en el voluntariado o incluso laboralmente, si lo desea.
Sí. Tendríamos que facilitar que las personas de 65 años o más que quieran seguir aportando puedan hacerlo, sea como voluntarias o en una actividad retribuida. Está claro que hay personas que necesitan jubilarse a los 61 o 62 años porque han tenido trabajos físicamente muy duros, pero también hay mucha gente que quiere seguir trabajando y ahora no siempre puede. El Estado y la Unión Europea están trabajando para tener más flexibilidad, para no aplicar trajes estándar a todos, sino trajes más a medida, jubilaciones parciales.
Sí, tiene un valor inmenso. Escuché al profesor Francesc Torralba decir que el voluntariado en Catalunya se colapsaría si las personas mayores dejaran de aportar su talento, su tiempo y su dedicación. Y no hablo solo de voluntariado para personas mayores, sino cultural, lingüístico, social, de todo tipo.
Sí, no hablamos solo de cuidados y servicios. También hablamos del valor social y económico de la economía sénior. En 2022, ACCIÓ hizo un estudio sobre la economía silver en Catalunya y se vio que más de 50.000 personas trabajaban en empleos relacionados con la economía de las personas mayores, y eso movía más de 10.000 millones de euros. Esto es muy relevante porque no se trata solo de derechos, que son importantísimos, ni solo de servicios. También hablamos del valor añadido de la innovación y del emprendimiento que se puede desarrollar alrededor de las personas mayores.
No, no lo son. La longevidad es una inversión. Las personas mayores han aportado durante toda su vida laboral y continuarán aportando. De los 65 a los 85 pueden seguir aportando muchísimas cosas a la sociedad. Y de los 85 en adelante, aunque tengan dependencia, también seguirán aportando porque los servicios que necesitan generan retorno económico y social. Si solo lo vemos como gasto, entramos en competencia sobre si ese gasto debe ir aquí o allá.
El discurso que ataca el gasto público que suponen los mayores y la subida de las pensiones, alimenta un conflicto generacional. En el discurso actual, los boomers aparecen con frecuencia como los grandes villanos del sistema.
Si hacemos las políticas de una manera determinada, tendremos muchas más oportunidades que problemas. Una sociedad mejor para la nueva longevidad será mejor para toda la población. Pensemos en las ciudades: cuando el urbanismo cambió para permitir la movilidad de personas con diferentes capacidades —aceras adaptadas, semáforos adaptados—, todos acabamos disfrutando más de esas ciudades. Pues una sociedad pensada para permitir una longevidad mejor y un envejecimiento mejor será más positiva y saludable para todos, no solo para las personas mayores.
A veces miramos a los países nórdicos, a Noruega, Dinamarca o Suecia, pero en realidad tenemos que fijarnos más en buenas prácticas concretas que en modelos globales difíciles de trasladar. Gales acaba de publicar una política o recomendación sobre soledad no deseada muy interesante. Japón tiene una cultura del envejecimiento envidiable. El Reino Unido tiene una sociedad civil muy fuerte en la elaboración de códigos de buenas prácticas de libre adhesión para empresas. Y también hay cosas que Catalunya hace bien y a veces no nos reconocemos suficientemente: la nueva Agencia de Atención Integrada Social y Sanitaria es una línea buenísima de actuación. Finlandia lo hizo antes, pero no hay tantos países en el mundo que vayan en esa dirección.
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