“La vida comienza al otro lado de la desesperación; la vida no es nada hasta que se vive, pero está en tus manos darle sentido”

Las crisis y los problemas cotidianos pueden crear frustración. Las experiencias difíciles constituyen una verdadera prueba de nuestra resiliencia, sabiduría y propósito en la vida. Al igual que hicieron los filósofos estoicos hace miles de años, Jean-Paul Sartre (1905-1980) invita a abrazar la vida con sus imperfecciones cuando afirma: “La vida comienza al otro lado de la desesperación; la vida no es nada hasta que se vive, pero está en tus manos darle sentido”.

Una de las afirmaciones que resumen el pensamiento de Sartre es la frase “somos nuestras decisiones”, que sintetiza uno de los pilares fundamentales del existencialismo, la corriente filosófica que acuñó y tuvo una enorme influencia durante el siglo XX.

Para Sartre, las personas no nacen con un destino completamente definido ni con una esencia predeterminada que marque cada paso de sus vidas. Por el contrario, consideraba que la identidad se construye a través de las elecciones que cada individuo realiza a lo largo del tiempo.

Al decir que “la vida comienza al otro lado de la desesperación”, Sartre sugiere que nuestras luchas a veces se convierten en lecciones que nos ayudan a ser más fuertes y resilientes. Porque, cuando todo parece perdido, estamos obligados a enfrentarnos a nosotros mismos con honestidad porque en esa confrontación descubriremos fuerza, sabiduría y una renovada apreciación por la vida.

Luego al plantear que “la vida no es nada hasta que se vive, pero está en tus manos darle sentido”, retoma con la idea de que “somos nuestras decisiones”. Para Sartre, a menudo somos los artífices de nuestro propio destino.

Polifacético, Jean-Paul Sartre nació en París el 21 de junio de 1905 y su búsqueda y enorme erudicción lo han situado como el máximo exponente del humanismo marxista y del existencialismo ateo.

Filósofo, dramaturgo, activista, periodista político y escritor galardonado con el premio Nobel (1964) condensó su pensamiento en una obra en la que sus ideas sobre el Yo y la sociedad fueron claves para el devenir de la psicología.

Sus ideas sentaron las bases de una nueva corriente: la humanista-existencial, y su postura, basada en la responsabilidad del ser humano por encima de sus actos, el autoconocimiento y su famosa idea de «pienso luego soy», marcarían un antes y un después en la literatura existencialista.

Quedó huérfano de padre cuando era muy pequeño y recibió educación sobre matemáticas de su abuelo y de literatura de su madre. Albert Schweitzer, primo hermano de su madre y premio Nobel de la Paz, lo inició en la filosofía.

Estudió en la elitista École Normale Supérieure de París, donde se doctoró en Filosofía. Por esa época conoció a Simone de Beauvoir, también filósofa y escritora francesa notable, con la que entablaría una gran amistad, hasta el punto de que acabó convirtiéndose en su compañera de vida.

En 1943 publicó El ser y la nada y 1948 Les mains sales, donde exploró el problema de ser un intelectual políticamente «comprometido». Luchó por la liberación de Argelia, que estaba en poder de Francia, y al recibir el Nobel lo rechazó bajo el argumento de que aceptarlo implicaba acercarse a uno de los bloques enfrentados durante la Guerra Fría.

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