“La falta de sueño cuando se vuelve repetitiva puede ser enloquecedora”

¿Puede haber una situación más desesperante que escuchar el tic tac delator del reloj cuando no se puede dormir? ¿Hay una soledad mayor que la de estar sola en medio de la noche cuando la ciudad duerme? ¿Cómo se habita el día estando entre el sueño y la vigilia? En todos estos temas se sumerge Flor Monfort en Diario del insomnio (Bosque Energético).

En una de sus páginas, ofrece lo que podría ser una de las claves de su no dormir de noche: “Cuando tenía diez meses mi familia tuvo que irse del país. Algo con nuestra identidad molestaba, una constelación que incluía el trabajo en los medios, un halo de progresismo, un apellido judío. Fue todo tan rápido que dejamos los departamentos familiares armados, las bicicletas a punto de ser montadas, los tapados de piel listos para el invierno. Pero no nos fuimos en avión, nos fuimos en barco. El relato familiar dice que yo no dormí en los quince días que duró la travesía. Alguien me dijo alguna vez: ‘¿cómo tu mamá no te tiró al mar con todo lo que llorabas’?”.

– ¿Cómo nació la idea de escribir el libro?

– Empezó como un apunte, al que se le sumó otro y así se fue armando algo que en general escribía muy tarde a la noche, cuando no podía dormir. Un pequeño registro de mi experiencia con el insomnio, que me perturbó siempre pero se hizo especialmente agudo el año previo a la pandemia, por cuestiones personales que se narran en el libro y que tienen que ver con el trabajo de ensamblar una familia. Perdí la capacidad de dormir de corrido y en esa dificultad se fue tejiendo la historia, que primero parecía una nouvelle pero que pronto se convirtió en el diario que es ahora, con mil modificaciones, claro.

– ¿Cómo se transformó de diario en libro?

– Me contacté con Euge Pérez Tomas y Andrés Gallina, de la editorial Bosque energético, porque me gustaba mucho el catálogo que estaban armando y enseguida empezamos a darle juntos forma al libro. Nos llevó un par de años intensos pero creo que logramos un trabajo interesante con sus aportes, muy agudos en relación al registro del diario, que tiene cierto ritmo, cierta cadencia que no tiene ni la novela ni la poesía, y todo lo que pude volcar de mi experiencia como escritora anfibia: a veces cuentos, a veces poesía, mucho trabajo de grupo con escritura experimental.

– ¿Qué tiene de maravillosa la noche y qué tiene de terrorífica?

– A la noche se calman las fieras, en general los conflictos del día toman otro color, se ven con otra distancia, pero en mi caso personal yo me enciendo, sube muchísimo mi energía y quiero estar despierta, quiero escribir, mirar películas, limpiar, no perderme nada, Pero el tiempo de descanso no se puede desaprovechar, entonces lo mágico de la noche se vuelve terrorífico cuando el segundero avanza y una sabe que ya no va a poder dormir. Aparecen muchos fantasmas, pensamientos horribles, contenidos basura en las redes (que por supuesto también están de día pero que se rastrean mucho más fácil cuando una está en esa deriva mental de no poder pegar un ojo). La noche es el momento donde se habla con las amigas, donde se desconecta un poco el cuerpo de ciertos estímulos muy al palo que propone el día pero también es ese silencio que puede ser atronador cuando avanzan las horas.

– ¿Hay otra soledad comparable a la de estar sola, sin poder dormir, cuando todos y todas duermen?

– Bueno, hay una parte del libro donde se narra un embarazo perdido, y esa pérdida se produce de noche, mientras todos duermen. No es una soledad como padecimiento pero sí una situación de mucha introspección y libertad, justamente porque no hay testigos, ni nadie que pueda decir qué está bien y qué mal. Hay soledades mucho peores, pero la de la falta de sueño cuando se vuelve repetitiva puede ser enloquecedora. Hay quienes dicen que este es un libro más de terror que otra cosa, y en cierto sentido, es verdad.

– En el libro contás que la protagonista intenta de todo: pastillas para dormir, ejercicios, meditación, pileta, limpiar desenfrenadamente, pero nada hace que duerma, ¿cómo hace para sobrevivir?

– El cuerpo se adapta, trata de sobrevivir con lo que le das, aunque sea poco. Intenta todo y por momentos mejora, no es que siempre fracasa. Y después tiene otras herramientas, dormir pequeñas siestas en el auto, practicar ejercicios de respiración y por supuesto, escribir el diario. Eso es lo salvador en definitiva.

– ¿Por qué decís que el insomnio es político?

– Como todo es político, supongo que la supervivencia de la que hablo en el libro no es la misma de alguien que, por ejemplo, duerme en la calle y tiene que hacerlo cuando puede y con una alerta feroz. En ese sentido yo me ubico del lado de los privilegios de quien tiene donde dormir y puede hacerlo en las mejores condiciones, No puedo dormir porque mi cabeza no puede parar, porque los viejos traumas aparecen como bailarines en la oscuridad. Creo que esto también se pone en evidencia la noche de la vigilia en el congreso esperando la media sanción de ley de interrupción voluntaria del embarazo, que se decía «Acá no duerme nadie» y la sensación de cobijo con esa consigna fue total. Pasan cosas mientras una persona no duerme que alimentan el descanso, como saberse acompañada por una tribu, que en mi caso es la marea feminista.

Diario del insomnio, de Flor Monfort (Bosque Energético).

Fuente