cuatro meses después, han recolectado más de 100 bolsas de residuos

Después de años de trabajo en el sector de la salud, Karen Pippin y Dolores Thorburn empezaron su jubilación con un plan sencillo: caminar juntas. Se habían hecho amigas hacía tiempo, cuando ambas trabajaban en Valley Terrace, una residencia para adultos mayores en White River Junction, Vermont, Estados Unidos. Pero en sus primeras caminatas por Hartford, el municipio donde viven, algo les arruinó el paisaje: la basura acumulada a la orilla de las carreteras.

La decisión llegó rápido. Compraron guantes de goma, bolsas resistentes y pinzas recolectoras. Así, desde abril, recorren casi todos los días hábiles distintos caminos de Hartford para limpiarlos. Para Pippin, de 72 años, no había mucho que pensar: si ya estaban caminando, podían aprovechar para recoger los residuos.

Ambas viven en Vermont desde hace décadas y no soportan ver desechos en el paisaje. Antes de empezar fijaron algunas reglas: no levantan colillas de cigarrillo, excremento de perro ni objetos filosos que puedan lastimarlas. También ponen su seguridad por delante. Cruzan las barandas de contención, pero sin alejarse demasiado, porque, lamentablemente, dicen que siempre hay quienes dejan basura tirada.

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Latas, vasos de café y botellitas de licor

Según informó el diario local Valley News, que las acompañó en una de sus salidas en julio, las amigas pasaron dos horas en la Ruta 4, una carretera estatal de mucho tránsito, en dirección a Quechee. Pocos días antes habían limpiado ese mismo tramo y sacado media docena de bolsas llenas de desechos dejados al costado de la ruta. La basura ya había vuelto a aparecer.

Entre el pasto encontraron envases de comida de cooperativas y restaurantes de comida rápida, vasos de café, precintos plásticos y latas de cerveza. Las mujeres notaron que Twisted Tea, una bebida alcohólica con sabor a té, es la que más se arroja a la orilla del camino. También abundan los “nippers”, como llaman a las botellitas individuales de licor que se acumulan en las rutas más transitadas. Debajo de puentes y pasos elevados se concentra la mayor cantidad de residuos.

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Pippin admitió que no entiende por qué la gente ensucia, si hay cestos de basura en toda la región del Upper Valley. A su juicio, algunos conductores irresponsables se sienten con derecho a tirar sus desechos por la ventanilla: «¿Por qué la tiran desde sus vehículos cuando pueden llevársela a casa y tirarla a la basura o llevarla a una gasolinera? No lo entiendo».

“No importa cuántas veces lo hagamos, siempre hay basura”, dijo Thorburn, de 76 años, al Valley News.

Pero no todos los conductores repiten esta conducta reprochable. Algunos tocan la bocina como una forma de mostrarles su apoyo o las saludan y les agradecen desde la ventanilla. Una vez, cuentan al diario local, un hombre que iba hacia el centro de transferencia de residuos del pueblo se ofreció a llevarse las bolsas.

Así, se han convertido en dos referentes para sus vecinos. «Si por casualidad ves a estas dos increíbles mujeres limpiando tus calles, ¡salúdalas! Dolores y Karen comenzaron su proyecto en abril y ya han recogido más de 100 bolsas de basura. ¡¡¡Gracias, chicas!!!!», escribieron en el grupo de Facebook vecinal.

La reacción de los miembros fue inmediata: más de 200 personas aplaudieron su esfuerzo con un «me gusta» y otros sumaron sus comentarios. Una de las hijas de Dolores, llamada Linda, se mostró orgullosa de su madre y una de sus nietas también afirmó: «¡Esa es mi abuela!».

Más de 100 bolsas de residuos y un triste récord

En medio de sus caminatas, ambas jubiladas repasan como su «mejor marca» haber juntado 12 bolsas grandes en una sola mañana. En casos como este, dicen que si las bolsas pesan demasiado, las dejan al costado del camino y regresan más tarde a buscarlas en auto.

A pesar de que no sea un oficio agradable, las mujeres se lo toman con un sentido del humor y también rememoran sus hallazgos más extraños. Coinciden en que el primer lugar se lo llevan las piezas de autos, restos de los accidentes frecuentes en la zona. Las amigas incluso bromean con armar su propio vehículo con esas partes.

Y, aunque, hacen el trabajo como una forma de contribuir a su comunidad y aclaran que nunca han esperado nada a cambio, admiten que alguna vez han fantaseado con encontrar un billete de lotería premiado que alguien haya arrojado por error.

Las caminatas también les dejaron beneficios personales, dicen ambas. Thorburn contó que nunca estuvo en tan buena forma física. Pippin, por su parte, dijo que ahora está más atenta: aunque no lo busque, su mirada siempre detecta algún residuo. Su amiga le respondió que mucha gente no tiene esa atención. Mientras siguen con su labor ciudadana, ambas amigas esperan volver de su paseo con las manos vacías, una señal de que ya no habrá basura tirada para recoger.

Fuente

Minardi Automotores
Vinería La Carreta
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Sunchales dialogo
Municipalidad de Sunchales