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Cuando un multimillonario vale más que millones de ciudadanos

Un perdedor: el pueblo americano. Elon Musk ya supera el 2,7% del PBI de Estados Unidos. Y cuando SpaceX salga a bolsa rozará el 3%. Prácticamente el doble, en términos relativos, de lo que llegó a tener Rockefeller.

Sí, ese a quien el Supremo le partió la empresa en 34 trozos en 1911 por ser un monopolio demasiado grande. A Musk, de momento, nada. Y hay más: las 19 familias más ricas del país tienen más riqueza que los 65 millones más pobres juntos. El 1% es dueño de la mitad de toda la bolsa.

Pero ese no es el tema. Yo amo el capitalismo. Es el mejor sistema que conozco, mejor que el marxismo, el socialismo soviético o el nazismo. Y por eso, una idea de puro sentido común: si la riqueza de los superricos no para de crecer, hay que ponerles superimpuestos especiales solo a ellos. Muchos de los propios ultrarricos lo defienden, porque saben que es la única manera de que el sistema siga existiendo. Eso, o tarde o temprano se va a poner todo muy complicado. Y no lo digo yo, lo dice la historia.

Piénsenlo. El último emperador chino, atrincherado en la Ciudad Prohibida mientras el pueblo se moría de hambre. María Antonieta paseándose por Versalles. ¿Saben cómo acabó todo eso? Mal. Muy mal. Tan mal que empezaron a separar cabezas de cuerpos. En Francia sabían hacerlo muy bien. Y no hace tanto.

Los impuestos son nuestra herramienta para protegernos de los megarricos. Si no hay ejército, no puedes defenderte de Putin y si no hay megaimpuestos para los megarricos, no puedes defenderte de ellos dentro de tu propio país. Porque si alguien es megarrico es megapoderoso y un megapoderoso no es fácil que piense como usted y yo, amiga del no lo veas. Por eso esos ultrarricos financian a políticos que prometen desmontar impuestos especiales para ellos. Y por eso hay que defender a Hacienda: nos guste o no, es nuestro pegamento social. Hacienda como marca para articular megaimpuestos es la gran olvidada. Hay que invertir en la marca hacienda.

Piénsenlo bien, o lo hacemos por las buenas, o la historia seguramente se terminará repitiendo por las malas.

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