El mercado de oficinas premium en CABA atraviesa una nueva etapa marcada por un cambio estructural en la forma en que las empresas entienden el espacio de trabajo. Ya no alcanza con ofrecer ubicación y categoría. El verdadero desafío es volver a captar a un público corporativo que hoy cambió sus prioridades.
La demanda está liderada por corporaciones, multinacionales, firmas tecnológicas, financieras y de servicios, que continúan priorizando edificios clase AAA. También empiezan a ganar protagonismo empresas medianas que buscan mejorar su posicionamiento y atraer talento con espacios de más calidad. En todos los casos, el patrón es menos metros pero mejores.
Las compañías ya no buscan oficinas tradicionales sino espacios eficientes, flexibles y alineados con esquemas híbridos. La oficina dejó de ser un lugar único de permanencia para convertirse en un punto de encuentro. En ese sentido, el desafío central es generar una experiencia que justifique la presencialidad.
Ahí es donde los amenities cobran un rol decisivo. Espacios verdes, terrazas, áreas de bienestar, servicios gastronómicos y tecnología integrada pasaron de ser diferenciales a condiciones básicas. Inclusive, en algunos desarrollos, hasta un 15% de la superficie se destina a espacios comunes, reflejando un cambio profundo en el diseño.
Desde la arquitectura, esto implica repensar todo. Plantas más versátiles, edificios sustentables, eficiencia en todas sus aristas, certificaciones ambientales y de bienestar son requisitos clave.
A esto se suma la importancia de la ubicación: el centro corporativo se desplazó hacia el corredor norte, donde el eje de la Avenida Del Libertador, en el barrio de Núñez, concentra la mayor demanda, impulsada por mejor conectividad y cercanía a áreas residenciales.
En paralelo, el crecimiento del coworking introduce una competencia complementaria. Estos espacios ofrecen flexibilidad contractual, menor inversión inicial y adaptabilidad, siendo más atractivos para startups, freelancers y pymes. Si bien en el corto plazo pueden ser más económicos, no reemplazan a las oficinas tradicionales, sino que conviven con ellas.
De hecho, muchas empresas adoptan modelos mixtos, combinando oficinas con espacios de coworking. Esta convivencia redefine el mercado y obliga a desarrolladores a elevar su propuesta de valor.









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