Un aficionado de 42 años encontró en noviembre de 2024 un anillo de oro con diamantes de fines del siglo XVI o principios del XVII, de acuerdo con los especialistas de Noonans, la casa de subasta que rematará la pieza el 23 de junio por un valor estimado de entre 20 y 25 mil dólares. Bautizado como «El anillo de diamantes de Evesham», el aficionado describió al descubrimiento como «un hallazgo único en la vida».
Stuar Jones, un solador de Solihull, Inglaterra, encontró el anillo mientras recorría un campo en Wormington, Gloucestershire, con un detector de metales. «Siempre me fascinó la historia, la arqueología y la posibilidad de encontrar un tesoro», contó Jones en un comunicado de la casa de subastas.
Según relató, lleva varios años dedicado a la detencción de metales como pasatiempo. «Lo que me inspiró al principio fue ver videos de personas descubriendo monedas y reliquias históricas en el campo», relató.
El día del hallazgo, Jones recorría solo una zona que nunna antes había explorado, con su detector en mano. Estuvo desde las nueve de la mañana hasta aproximadamente las cuatro de la tarde en un día templado y nublado. El anillo apareció en el último tramo de su búsqueda.
«Cuando saqué el anillo, estaba totalmente desbordado de alegría. Fue una emoción enorme. Todos a mí alrededor me felicitaban y sacaban fotos mientras yo lo sostenía en la mano», detalló Jones.
En ese momento, uno de los administradores del club le sugirió que se llevara también la tierra del lugar exacto del hallazgo, por si alguno de los diamantes había quedado enterrado. Jones siguió el consejo.
Un hallazgo que esconde diamantes… y siglos de historia
Laura Smith, especialista en joyería de Noonans, explicó que uno de los diamantes cayó en la mano de Jones en el momento en que levantó el anillo del suelo. Una segunda montura también estaba vacía. Jones, que tenía experiencia en tratar con el oro, lavó y tamizó la tierra que se había llevado a casa y recuperó el diamante perdido.
El anillo resultó ser una pieza excepcional. Tiene un marco en forma de flor compuesto por un racimo de ocho diamantes tipo «hogback» —una talla muy poco frecuente— alrededor del diamante central. La parte inferior está decorada con una flor en esmalte turquesa y blanco, y la banda presenta grabados de roleos y follaje-
Según un análisis con espectrometría de fluorescencia de rayos X (XRF), el oro es de 19,2 quilates, el estándar exacto que estableció Eduardo I en 1300, cuando prohibió a los orfebres trabajar con oro de menos del 80 por ciento de pureza.
Smith señaló que la moda de finales del siglo XVII exigía anillos que impresionaran desde la distancia. «Los gustos baratos del siglo XVII requerían sortijas grandiosas. La moda se alejó de los solitarios y avanzó hacia grupos de piedras pequeñas dispuestas en patrones decorativos: rosetas, pensamientos, cruces, flores de lis», explicó.
Obras comparables pueden verse en retratos de época como el de la reina Isabel de España, de Rodrigo de Villandrando, hacia 1620, en el Museo del Prado.
Además, el terreno donde se produjo el hallazgo está a apenas seis kilómetros de Broadway, sobre el camino histórico de Londres a Worcester, y a menos de ocho kilómetros de dos mansiones señoriales del siglo XVI con vínculos directos a la realeza inglesa.
Frances Noble, directora de joyería de Noonans, señaló que, dada la calidad y el valor de la pieza, su dueño original probablemente fue alguien de enorme riqueza y estatus, «posiblemente incluso de rango real».
La primera de esas mansiones, Snowshill Manor, fue entregada por Enrique VIII a Catalina Parr al casarse con ella en 1543. La segunda, Wickhamford Manor, fue confiscada durante la Disolución de los Monasterios y cedida por Isabel I a Thomas Throckmorton en 1562.
En 1594 la compró Sir Samuel Sandys, hijo del arzobispo de York, cuya esposa Mercy Culpepper era hija de Thomas Culpepper, un cortesano de Enrique VIII ejecutado por intentar seducir a la reina Catalina Howard.
Los ingresos de la subasta se dividirán en partes iguales entre Jones y el propietario del terreno, con quien mantuvo comunicación permanente desde el primer momento, incluyendo la revisión de la pieza por parte del Museo Británico.
«Encontrar el anillo no me quitaron las ganas de seguir. Al contrario, aumentó mi entusiasmo por salir al campo a buscar historia. Sé que quizás nunca encuentre algo que supere este hallazgo, pero eso es precisamente lo que lo hace tan especial», cerró Jones.










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