En las últimas semanas, usuarios en redes sociales comenzaron a hablar de un posible «Niño Godzilla» para referirse a la evolución del fenómeno climático El Niño durante 2026.
Aunque existen señales que indican una posible intensificación del fenómeno en los próximos meses, los expertos prefieren utilizar categorías técnicas basadas en mediciones concretas antes que en términos llamativos que puedan generar confusión o alarma.
La expresión surgió de manera informal para describir eventos excepcionalmente intensos de El Niño, caracterizados por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial.
El término fue popularizado por el científico de la NASA Bill Patzert para ilustrar fenómenos de gran magnitud como los registrados entre 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, considerados algunos de los más fuertes de la historia reciente.
Sin embargo, los organismos especializados nunca lo adoptaron como una categoría oficial.
Los modelos climáticos actuales muestran una probabilidad elevada de que se consolide una fase significativa de El Niño durante los próximos meses.
Cuando las aguas del Pacífico se calientan por encima de lo normal, se altera la circulación atmosférica global, modificando los patrones de lluvias y temperaturas en distintas partes del planeta.
Entre los posibles efectos previstos para América aparecen:
Los efectos de El Niño no se limitan a la atmósfera.
El calentamiento del océano reduce el afloramiento de aguas frías ricas en nutrientes, un proceso fundamental para la vida marina.
Esto puede afectar la producción de fitoplancton y generar consecuencias en toda la cadena alimentaria, impactando sobre peces, aves marinas y mamíferos.
La principal razón es que el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) se clasifica mediante parámetros precisos, como la temperatura superficial del mar y las variaciones de presión atmosférica.
Las categorías reconocidas por organismos como la NOAA son:
Para los especialistas, expresiones como «Godzilla» pueden generar alarmismo innecesario y dificultar una comunicación clara del riesgo climático.
Además, recuerdan que una mayor intensidad del calentamiento oceánico no siempre se traduce en impactos extremos en todas las regiones afectadas.
Todavía no hay una exactitud para determinar la magnitud exacta que alcanzará El Niño 2026.
Si bien los modelos permiten anticipar tendencias con varios meses de antelación, la intensidad definitiva solo puede confirmarse cuando el fenómeno se encuentra plenamente desarrollado.
Por eso, los organismos meteorológicos recomiendan seguir los informes oficiales y evitar algunas interpretaciones que no forman parte de la terminología científica.











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