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¿Qué es la «trampa de Tucídides» y por qué Xi Jinping la mencionó en la cumbre con Donald Trump?

En el imponente marco del Gran Salón del Pueblo en Beijing, el presidente chino Xi Jinping recibió al mandatario estadounidense Donald Trump con una pregunta que trasciende la diplomacia cotidiana: «¿Pueden China y Estados Unidos superar la trampa de Tucídides?».

Esta referencia, que para muchos podría sonar a una lección de historia antigua, es en realidad el núcleo de la mayor preocupación geopolítica del siglo XXI. Al invocar este concepto, Xi apeló a la profundidad intelectual de la relación bilateral y planteó un desafío directo sobre si las dos superpotencias están condenadas a un conflicto bélico o si son capaces de inventar un nuevo paradigma de convivencia.

¿Qué es la «trampa de Tucídides»? El origen de un concepto que explica el miedo entre potencias

La «trampa de Tucídides» es un término popularizado en la última década por el politólogo de Harvard, Graham Allison, quien se basó en los escritos del historiador griego Tucídides sobre la Guerra del Peloponeso en el siglo V a.C.

La premisa es tan simple como aterradora: cuando una potencia emergente (como fue Atenas) amenaza con desplazar a una potencia establecida (como era Esparta), el estrés estructural resultante hace que un enfrentamiento armado sea casi inevitable. En el contexto actual, China ocupa el rol de la potencia que asciende velozmente en términos económicos y tecnológicos, mientras que Estados Unidos representa el orden establecido que observa con recelo este cambio en el equilibrio de poder mundial.

El peligro de esta dinámica reside en cómo la competencia genera presiones que se vuelven imposibles de controlar. Según las investigaciones de Allison, en los últimos 500 años de historia se han documentado 16 casos de este tipo, y en 12 de ellos el desenlace fue una conflagración catastrófica.

Xi Jinping, consciente de estas estadísticas, ha utilizado el término con frecuencia desde 2014 para insistir en que el destino no está escrito y que la confrontación puede evitarse mediante el «respeto mutuo» y la cooperación.

La mención de Xi durante esta cumbre de mayo de 2026 no es casual. Ocurre en un momento donde las tensiones por los aranceles, la hegemonía en la inteligencia artificial y la situación en Taiwán han llevado la relación a un punto crítico.

Al elevar el debate hacia la «trampa de Tucídides», Beijing busca posicionarse como un igual ante Washington, sugiriendo que el problema no es una disputa comercial aislada, sino una prueba histórica sobre la madurez de los líderes de las naciones más poderosas. Xi intenta transmitir que el conflicto es una elección política que ambos deben rechazar.

Por su parte, la administración Trump ha recibido el planteamiento con una mezcla de pragmatismo y cautela. Mientras que el presidente estadounidense calificó a Xi como un «amigo» y destacó la oportunidad de crear un futuro de prosperidad, sus asesores -incluyendo al secretario de Estado Marco Rubio mantienen una postura más rígida, enfatizando que el ascenso de China no puede ocurrir a expensas de la seguridad o la economía de Estados Unidos.

Para la delegación norteamericana, se trata de gestionar una competencia real mediante «barreras de contención» que eviten que cualquier malentendido escale hacia un punto de no retorno.

A pesar de la carga sombría del concepto, la historia también ofrece lecciones de esperanza que Xi Jinping busca replicar. Existen cuatro casos notables en los que las potencias lograron evitar la trampa de Tucídides sin recurrir a las armas.

El más citado es el de Reino Unido y Estados Unidos a principios del siglo XX, donde la potencia británica aceptó el ascenso de su antigua colonia mediante ajustes dolorosos pero pacíficos. Otros ejemplos incluyen la rivalidad entre España y Portugal en el siglo XV, resuelta mediante el Tratado de Tordesillas, y la propia Guerra Fría entre EE. UU. y la Unión Soviética, donde el desarrollo de normas de competencia evitó una guerra nuclear total.

En el cierre de su mensaje, el líder chino instó a Trump a buscar ese «nuevo paradigma de relaciones entre grandes países». La propuesta de Beijing es que, si ambas naciones comprenden la lección de Tucídides, pueden diseñar mecanismos de estabilidad global que permitan la coexistencia.

Sin embargo, el desafío sigue siendo monumental: requiere que el poder establecido ceda espacio y que el poder emergente actúe con una moderación sin precedentes. La cumbre de Beijing de 2026 podría ser recordada como el momento en que los líderes decidieron si seguirían el guion de la Grecia antigua o si escribirían un capítulo nuevo para la humanidad.



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