Nuestra hija oficiará nuestra boda

Hace dos décadas Jessica Share acudió a una clínica de fertilización asistida junto a su esposa y plantearon su deseo de formar una familia. Acudieron a un banco de esperma, eligieron a un donante y fueron mamás de Alice.

«En 2005, cuando mi hija mayor nació, me convertí en la primera madre lesbiana que jamás había conocido en la costa este de Estados Unidos. Las únicas lesbianas con hijos de las que había escuchado los habían tenido durante relaciones heterosexuales anteriores, pero mi novia y yo tuvimos que empezar de cero», relató Share, de ahora 60 años, en una entrevista con la BBC.

Nadie podría haber imaginado que 13 años después conocería en persona a aquel donante anónimo, cuando su primogénita quiso saber más acerca de sus orígenes y se hizo un análisis de ADN que arrojó compatibilidad con un hombre llamado Aaron Long en una plataforma de búsqueda de genealogía.

«Es una situación extraña y no encontré hasta ahora nadie más a quien le haya pasado lo mismo. Creo que debo ser una de las pocas personas en el mundo que se enamoró de su donante de esperma«, expresó Share en una nueva entrevista con con la revista People.

Desde su casa en la isla Vashon de Washington, relataron cómo empezó todo. En 1994 Long tenía 28 años y se había graduado en un programa de escritura creativa de la Universidad Johns Hopkins.

Long regresó a su ciudad natal en State College, Pensilvania, después de pasar un año enseñando inglés en las Islas Canarias.

«Trabajaba como taxista y vi un anuncio en el periódico de un banco de esperma local que buscaba hombres sanos, de entre 18 y 35 años, para participar en un programa de donación de semen para ayudar a pacientes con problemas de infertilidad», rememoró Aaron.

«Donar esperma me pareció una buena idea en ese momento», confesó. Había una compensación económica de 40 dólares por cada donación y durante todo ese año fue dos veces por semana a donar muestras de esperma.

Aaron, que ahora tiene 50 años, no supo nada al respecto de aquellas donaciones durante una década. Share recuerda cuando ella y su esposa leyeron la descripción de la «Donante n.° 2008» en el banco de crioglobulinas Fairfax de Virginia.

«Trabaja como taxista y músico y tiene un título en escritura creativa», decía la descripción. «Mi esposa y yo pensamos que ese era justo el perfil que buscábamos, nos parecía romántico imaginarlo conduciendo un taxi y escribiendo un libro», indicó.

En septiembre de 2004 Share quedó embarazada. «Nueve meses después teníamos a nuestra hermosa bebé», expresó. Dos años después la pareja volvió a elegir al mismo donante, y tuvieron a su segunda hija, Soren.

«Nuestra relación terminó poco después y en 2007 mi exesposa se mudó con nuestra hija más pequeña. Según las leyes de ese momento yo no tenía la patria potestad de mi segunda hija», reveló.

Las niñas tenían 1 y 3 años cuando su esposa le pidió el divorcio. «No había habido conflicto alguno en nuestra familia, por lo que me quedé conmocionada, dijo que no quería hablar al respecto y que no había nada que yo pudiera hacer para reparar nuestro matrimonio», confesó Share.

«Continué criando a mis dos hijas cinco días a la semana durante años, pero cuando Alice cumplió 10, mi expareja la bloqueó de su teléfono, cortó toda comunicación con ella y rehusó devolver a su hermana menor después de unas vacaciones, situación que continuó así en una batalla interminable», lamentó.

En 2016 Alice, de 11 años, le dijo que quería conocer más sobre su genealogía. «Ella sabía que había sido concebida con la ayuda de un donante anónimo», aclaró su madre.

Su abuela le regaló para Navidad una prueba de ADN de 23andMe, una empresa norteamericana de biotecnología y genética personal, y así fue como descubrió que un tal Aaron Long, que en ese momento vivía en Seattle, estaba emparentado con ella.

Aaron Long, donante de esperma: «Resulta que ayudé a que 67 hijos vengan al mundo»

Long actualmente trabaja como gestor de fondos para una organización sin ánimo de lucro. Según el último recuento al que tuvo acceso, supo que su esperma fue utilizado para concebir a 67 hijos.

«No lo podía creer, resulta que ayudé a que 67 hijos vengan al mundo», manifestó. Long se puso en contacto con cuatro de los niños y mantiene correspondencia con todos los demás, con la autorización de sus madres.

«Siempre les he dicho que estoy dispuesto a comunicarme y a reunirme con ellos en cualquier momento», indicó. Con dos de ellos, Madi y Bryce, estableció un vínculo cercano, además de con Alice, a quien conoció en 2017.

Share localizó a Long en julio de 2017, gracias a las redes sociales. «Hay muchísimos Aaron Long en el mundo, hice una búsqueda en una red social de profesionales para encontrar pistas, tuve en cuenta la fecha de la donación y su profesión», indicó.

Había un solo hombre en el rango de edad con una maestría en literatura. «En la foto aparecía con un turbante de seda color verde oliva tocando un trombón. Su perfil decía que trabajaba como especialista en comunicaciones, escritor y músico», recordó.

En otra red social vio otras fotos y quedó impactada porque algunos gestos eran idénticos a los de sus dos hijas. «Rápidamente le escribí un mensaje a través del sitio de pruebas de ADN, que decía: ‘Hola Aaron, tengo dos hijas que corresponderían genéticamente contigo, si estás interesado en intercambiar fotos familiares, estamos disponibles'».

Aaron respondió inmediatamente y con excelente predisposición. «Me envió una biografía de 50 páginas, que leí con voracidad, supe que había vivido varios años tocando con una banda en la localidad donde vivíamos. ¿Cuántas veces nos habríamos cruzado en el supermercado, me pregunté?», develó.

A fines de 2017 viajó con su hija menor para conocerlo. «Ahí sucedió lo más inesperado de mi vida: me enamoré del donante», confesó Share.

Fue su donante de esperma y ahora será su futuro esposo

«Nos conocimos gracias a la genética, pero sigo con él diez años después porque es una persona única, una persona genial y nos sentimos muy bien juntos», aseguró.

Long escribió en 2019 un ensayo para el New York Times, donde reveló cómo conoció al amor de su vida. Durante meses su historia apareció en todos los medios locales, e incluso trascendió fronteras a lugares recónditos.

«Hubo una noticia que apareció en Japón con un titular que, traducido decía: «Su esperma convierte a las mujeres en heterosexuales’», reveló Share, dejando entrever la falta de información que había hace tan solo una década sobre la orientación sexual y la diversidad de género.

«Somos una familia normal y nuestros hijos ya se han independizado, así que vivimos con nuestros gallos en casa», bromeó Share.

Alice estudia arqueología e historia antigua y está a pocas semanas de graduarse en Royal Holloway, en la Universidad de Londres. Ya tiene planes de cursar estudios de posgrado.

Después de una década juntos Share y Long tienen planes de casamiento. «Nos casaremos en los próximos meses y Alice oficiará nuestra boda», contó.

A principios de este año se estrenó un documental sobre ellos, Dad Genes, que ya está recorriendo festivales de cine en circuitos locales. Dirigido por Craig Downing, cuenta la historia de Long.

«Un hombre que descubrió que era padre biológico de 67 niños tras donar esperma hace décadas. Una invitación a reflexionar sobre la identidad, las pruebas de ADN y la redefinición de lo que significa ser una familia», indica la sinopsis del documental.

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