Ganador del Grammy al Productor del Año en 2025, Nico Cotton (33) se convirtió en una de las figuras más influyentes de la música en español. Trabajó con artistas tan diversos como Juanes, Jorge Drexler, Soledad Pastorutti, Cazzu, Wos, Conociendo Rusia, Aitana, Ca7riel y Paco Amoroso. También tuvo siete nominaciones en los últimos Premios Gardel y Latinaje, el disco que produjo para Cazzu, se llevó el galardón a Mejor Álbum de música global. En esta charla repasa su camino profesional, reflexiona sobre el éxito, el rol del productor musical y cuenta historias detrás de algunas de las canciones más importantes de los últimos años.
Nico Cotton nos recibe en su casa, en el barrio de Caballito. Si no fuera por la puerta que conecta el pequeño living con su estudio, nada indica que acá nacieron algunos de los discos más influyentes de la última década en habla hispana. En el umbral de aquella entrada (ni dentro ni fuera) hay una guitarra criolla. ese instrumento aparentemente desordenado, vestigio de alguna zapada, da, irónicamente el orden perfecto del caos. Es la prueba de que en ese lugar, aparentemente normal ocurre la magia de la música y la creatividad.
Ese instrumento es un puente entre el trabajo y lo lúdico. Entre el detalle y lo espontáneo, entre el Grammy y la guitarreada. Ese elemento que para muchos no tendría que estar ahí, resume perfectamente su trabajo como productor: Desarmar la rutina con arte.
“No soy de eso productores que buscan repetir fórmulas para el éxito. No funciona así. A mí me gusta romper estructuras. Probar cosas nuevas. En la aventura del desorden es donde me siento cómodo”, señala al comienzo de su charla con Clarín.
-¿Cómo te llevás con este tiempo de reconocimiento?
-Bien. Vengo haciendo música desde los 10 años y trabajando como productor desde los 19. El reconocimiento llegó mucho después. Recién el año pasado gané el Grammy al Productor del Año, después de haber estado nominado cuatro veces. Cuando las cosas se construyen de a poco, ladrillo por ladrillo, las buenas noticias te sorprenden de otra manera.
-¿Qué encontrás en un artista para que te interese colaborar?
—Principalmente, sentir que tengo algo para aportar. Tiene que gustarme la música que hace y tiene que existir un complemento artístico, tenemos que hacer match artístico.
También es un privilegio poder trabajar con artistas que admiro. Hacer un disco con Juanes fue cumplir un sueño. Es una leyenda viva y, al mismo tiempo, una persona muy humilde y abierta a escuchar propuestas. Lo mismo me pasó con Jorge Drexler, a quien escuchaba mucho antes de conocerlo. También con artistas de mi generación, como Conociendo Rusia, o con Aitana, una megaestrella que prácticamente no puede caminar por la calle en España. Entender cómo vive y cómo piensa para ayudarla a hacer música es un desafío permanente.
¿En qué hay que pensar en el estudio?
-Cuando trabajás con un artista, ¿buscás profundizar su obra o pensás en lo que pide el mercado?
-Siempre la primera opción. Trabajo para el artista y trato de encontrar lo que mejor le queda, lo que mejor representa su identidad. Me pasó con Soledad Pastorutti. Ella me convocó para hacer un disco más pop y yo le dije que mi ilusión era hacer un álbum de folclore. Le advertí que probablemente no estaría en los rankings más escuchados, pero que podía ser un disco especial para conectar con algo genuino. Lo hicimos y después me agradeció emocionada. Me dijo que era uno de los discos que más disfrutaba escuchar.
-Ese fue el disco que elogió Bizarrap.
-Sí. Lo compartió en una historia de Instagram. Son pequeñas cosas que ayudan a sembrar interés en nuevas generaciones, que quizás terminan acercándose al folclore. Quién sabe cuántos artistas se habrán inspirado a partir de ahí.
-¿No es difícil sostener esa mirada en una época dominada por la viralidad?
-Si todo se mide únicamente por reproducciones o visualizaciones, hay algo que se pierde. Estamos en una era donde muchas veces se perjudica al arte al medirlo todo de forma cuantitativa. Ver una canción con un millón de reproducciones al lado de otra con dos millones puede terminar condicionando la creatividad.
Por supuesto que uno quiere que las canciones funcionen, pero si ese es el único objetivo no me parece sano. Nunca entro al estudio pensando en fórmulas para conseguir millones de escuchas. Tratamos de hacer la mejor canción posible, no el mejor hit posible. Después, si se convierte en un éxito, se festeja. Pero nadie tiene una fórmula garantizada.
Qué hace un productor musical
-¿Cómo le explicarías a alguien qué hace un productor musical?
-Cada productor trabaja de manera distinta. Hay casos como el de Rick Rubin, que puede pasar horas sentado en un sillón opinando sobre lo que funciona o no funciona. En mi caso, participo de muchas etapas: a veces compongo, a veces desarrollo canciones ya escritas, puedo tocar instrumentos o no tocar ninguno y trabajar solamente con herramientas digitales. Lo importante es que el productor funcione como un puente entre el artista y la obra terminada. Ayuda a transformar una idea en una realidad.
-¿Tu trabajo tiene más que ver con ordenar o con desordenar?
-A mí me gusta más romper estructuras. Probar cosas nuevas. Hay canciones que llegan tan bien armadas que lo único que hay que hacer es no arruinarlas. Es como desactivar una bomba: sabés que hay cables que no conviene tocar. Pero, en general, me gusta experimentar. Cada proyecto tiene que sentirse como una hoja en blanco. No me interesa repetir fórmulas.
-¿Sos de trabajar junto al artista o preferís hacerlo solo?
-Me encanta trabajar con el artista. Aunque también disfruto cuando me dan libertad absoluta para encerrarme en el estudio y probar cosas. Hay artistas que quieren estar presentes en cada detalle y otros que te dejan hacer y aparecen después. Los dos caminos tienen cosas interesantes.
-Debe ser complejo intervenir en la obra de alguien que está acostumbrado al aplauso.
—Muchísimo. Hay un documental en Netflix sobre We Are the World donde aparece un cartel que dice: «Dejen el ego afuera». Y es una gran definición. Para colaborar hace falta apertura. Que alguien proponga una idea y otro esté dispuesto a escucharla. Sin eso es imposible construir. Por suerte suelo rodearme de artistas que son inteligentes en ese sentido y saben que lo que uno busca es el mejor traje para sus creaciones.
Los artistas con los que trabajó
-Trabajaste con Cazzu en Latinaje, donde está Con otra, uno de los mayores éxitos de su carrera, donde sale de su lugar de confort, para volver a sus raíces de cumbia.
-Fue muy especial, porque ella no quería hacer una cumbia. Estábamos trabajando sobre distintos ritmos latinoamericanos y en un momento, mientras intentábamos desarrollar un merengue que no terminaba de funcionar, me dijo: «Bueno, hagamos una cumbia». Lo dijo casi como un desafío, como diciendo “dale, tanto que la boqueás”. Y ahí apareció Con otra. Nació de la nada. Yo empecé a tocar unos acordes y ella comenzó a escribir. Letra y música surgieron juntas. Fue uno de esos momentos mágicos que ocurren en el estudio. Después nadie sabe si eso va a convertirse en un fenómeno mundial. Simplemente sucede.
-¿Hay algo inexplicable en el éxito?
-Totalmente. Una buena canción no garantiza nada. El éxito también tiene que ver con el contexto, con el momento, con la conexión que se genera entre la obra y la gente. Una canción representa mucho más que a un artista. Hay algo misterioso en por qué determinada melodía o determinada frase emociona a millones de personas.
-Wos, Cazzu, Nicki Nicole… Trabajaste con artistas que transformaron la escena en español. ¿Qué tienen en común?
-Primero, que son grandes músicos. Y segundo, que aportaron algo nuevo. Recuerdo escuchar el disco solista de Ca7riel y pensar que era cuestión de tiempo para que explotara. Lo mismo me pasó con Cazzu. Tuve la oportunidad de acompañar parte de su transformación artística, animándola a explorar estilos nuevos y a cantar sin autotune en algunas ocasiones.
También viví de cerca el crecimiento de Conociendo Rusia. Cuando empecé a trabajar con Mateo tocaba para unas pocas centenas de personas. Hoy llena estadios y gira por Europa. Es muy lindo ver crecer a artistas con los que compartiste una parte del camino.
-Tu carrera también incluye artistas de otra generación, como Drexler, Juanes o Soledad.
-Claro. Esa es otra faceta muy enriquecedora. Son artistas con una enorme experiencia, que ya hicieron muchos discos y tienen una identidad consolidada. Mi desafío ahí es aportar sonidos nuevos sin modificar la esencia que los convirtió en quienes son.
-La única canción que firmaron juntos Luis Alberto Spinetta y Fito Páez en su disco Lalala, fue Hay otra canción y cuentan que en las primeras versiones del disco había quedado afuera por un error de producción. Tenes alguna anécdota de algún éxito que hicieron acá y vos decís “este casi queda afuera por este detalle”.
—Sí. Superestrella, de Aitana. En un momento se discutió si iba a entrar o no en el disco. A mí me encantaba, pero algunos la veían demasiado simple. Como que era solo estrofa y estribillo. Finalmente quedó y terminó siendo uno de los mayores éxitos del álbum a nivel global. Es una prueba más de que nadie tiene las respuestas. Y eso es justamente lo más lindo de la música. Experimentar y aprender en el proceso.
-Volvemos a la idea de dejar el ego afuera.
—Exactamente. No creer que uno se las sabe todas es fundamental para crear. Siempre hay más para aprender que para enseñar. Me pasa constantemente. Escucho discos nuevos y a veces encuentro cosas que me hacen pensar: «¿Cómo lograron este sonido?». Esa admiración te obliga a seguir creciendo y evolucionando.
-La última. Si ahora te quedaras solo en tu estudio para escuchar música por placer, ¿qué elegirías?
—Pondría lo último de Paul McCartney. Además estoy muy enganchado con el último disco de Daniel Caesar, que me parece increíble. También escucharía algo de Radiohead. Voy cambiando mucho. A veces reviso los rankings de Argentina, España o el Top 50 global para entender qué está escuchando la gente y mantenerme actualizado. Hay cosas que me gustan mucho y otras con las que no conecto. Pero si escucho música solamente por disfrute, probablemente no elegiría nada de esas listas. Buscaría discos y artistas que me sigan emocionando y sorprendiendo.










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