Cuando las cosas le iban mal a Lionel Messi, cuando demasiados argentinos despreciaban su fútbol y sus logros, uno de los muchos intentos de explicación apuntaba a que el rosarino no tenía el respaldo de un club local, a que su historia en el fútbol de su país era nula. Este domingo, con River visitando a Boca para el Superclásico, el gran espectáculo que el fútbol argentino ofrece al mundo, dejando obviamente de lado a la Selección, la pregunta vuelve: ¿se dará Messi alguna vez el fugaz gusto de jugar en el fútbol argentino?
La pregunta fue válida por años, pero ahora queda muy poco tiempo para encontrarle respuesta. En su momento circuló la idea de que Messi vistiera la camiseta de Newell’s Old Boys para no solo jugar en el equipo de su corazón (con permiso del Barcelona), sino para hacerlo en diferentes escenarios del fútbol argentino. En la Bombonera, por ejemplo.
A muchos hinchas de River les gusta pensar que Messi pudo ser parte de la historia del equipo, ya que a los 13 años se probó y recibió la oferta de incorporarse a las inferiores. Newell’s lo impidió y lo propulsó indirectamente al Barcelona. De haber sucedido lo contrario, Messi quizá pisaría este domingo la Bombonera como visitante.
Una historia única la de Messi: pudo jugar para España, pero siempre eligió a Argentina, pudo jugar en cuanto equipo se propusiera, pero se quedó por demasiado tiempo en el Barcelona.
Más allá del desquicio que es en tantos aspectos el fútbol argentino, si Messi quisiera, jugar en Newell’s sería un hecho. Ante una AFA que modificó siete veces el formato del campeonato en los últimos años, cambiar el reglamento o lo que fuere necesario para adaptarse a Messi sería sencillo. Diego Maradona jugó cinco partidos oficiales en su paso por Newell’s.
¿Messi se retirará sin hacerlo? Por comodidad, familia y negocio, Inter Miami es el final que marca la cabeza. ¿Y el corazón qué dice?
Se trata del Messi que brilló a los 39 años en una Copa del Mundo, aunque instituciones que saben mucho de ese deporte hayan preferido mirar para otro lado. La FIFA no quiso designar mejor jugador del torneo a un finalista, tal como hizo en Brasil 2014. Y France Football le dio el Balón de Oro al inglés Harry Kane, de grandes méritos, ignorando el descomunal valor del Mundial de Messi y poniendo en valor lo que los europeos siempre privilegian, lo que sucede en el fútbol de sus clubes.
Messi o Kane es opinable, a diferencia de la elección del BOAT (Balón de Oro de todos los tiempos) que recayó en el portugués Cristiano Ronaldo.
¿Qué es ese premio? Según los organizadores, no se trata de un nuevo reconocimiento oficial ni sustituye al Balón de Oro. Sólo compara las mejores temporadas de cada jugador ganador del Balón de Oro al menos en dos ocasiones. La temporada 2008 de Cristiano le ganó a la 2012 de Messi.
«El objetivo fue darle protagonismo al público y fortalecer la comunidad global que sigue cada año la elección del mejor futbolista del mundo», añadieron. Así, los aficionados votaban las veces que quisieran, y por cada voto pagaban un euro (1.800 pesos). Buena recaudación para France Football, interesante gasto para las 5.009 personas que votaron más de una vez, las 300 que lo hicieron entre cinco y nueve veces y las 44 que votaron entre 10 y 26 ocasiones.
¿Cuántos de ellos habrán sido familiares y amigos de Cristiano Ronaldo?
La pregunta es legítima a partir de la reacción del portugués una vez que se enteró del premio: «¡El fútbol pertenece a los aficionados! Gracias a todos los fans de todo el mundo; el Balón de Oro de todos los tiempos también es de ustedes».
¿Cristiano se tomó en serio el premio? Parece que sí. ¿Vive en Narnia? Podría pensarse que también, aunque hay más que eso. Juan Ignacio Irigoyen, un reconocido periodista argentino que es experto en fútbol europeo del diario español «El País», explica con agudeza lo que hay detrás de la reacción del portugués.
»La principal virtud de Cristiano, que era su ego, es hoy su condena», dice Irigoyen. «Mientras Messi adquirió sabiduría, Cristiano quedó preso de su pasado».
Además de la pomposa frase con la que le da categoría a un trofeo que no la tiene, Cristiano reaccionó con algo más propio del gran jugador que es, un hat-trick para el Al-Nassr contra el Al-Kholood en la Liga saudí. Ya tiene 985 goles, está sólo a 15 de los mil y de un hito que sabrá explotar convenientemente.
»El personaje de Cristiano es mucho peor que el jugador, que el gran jugador que es como máximo goleador en la historia del Real Madrid. Pero uno de sus problemas es que está obsesionado con llegar a los mil goles«, añade Irigoyen.
Mil goles mucho más serios y perfectamente certificables que los mil de Pelé, eso también hay que decirlo.
Lo sabe Thiago Arantes, brasileño y corresponsal de fútbol europeo de UOL, el principal sitio de noticias de Brasil.
»Cristiano está en un momento en el que, como fue superado por Messi, lo que quiere hacer es crear argumentos basados en estadísticas y premios para que se abra un debate en diez años acerca de si el mejor de la historia fue Messi o él».
Créanlo o no, dice Arantes, Cristiano busca eso. Un sinsentido, añade, «porque es un debate que no existe«.
Como en el ingreso al infierno dantesco, Cristiano debería abandonar toda esperanza, advierte el analista brasileño: «Si queda alguna duda o debate en la historia del fútbol no es precisamente la de si Messi es el mejor de todos los tiempos».














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