El impacto es festivo y algo perturbador. Totalmente pintada de negro, la sala circular del séptimo piso de ArtHaus, la que alojó a la mega obra Argentina (paisajes) antes de la gira federal, exhibe desde ayer lo último de Mondongo, la famosa dupla de artistas formada por Juliana Laffitte y Manuel Mendanha, ahora en un trabajo conjunto con su amigo, el escritor Sergio Bizzio.
Pintura cortada, tal el título de la exposición, reúne 108 collages creados tijera en mano en sesiones de trabajo junto a Bizzio, en las todos intervinieron en cada trabajo, construyendo coloridas escenas como fotogramas donde figuras humanas asoman junto a criaturas oníricas, destacándose del imperturbable fondo negro.
Para eso se valieron de papeles industriales que ofrecen colores puros, algunos brillantes, y las dotes de sus maestros: la técnica del cut-out de René Magritte y la teoría del color, de Johannes Itten, fundamental en la escuela Bauhaus.
Insoslayable, en el centro de la sala, una muñeca-bruja hamacándose cuelga del techo y refuerza la impronta instalativa e inmersiva de la muestra. Con el rostro pintado de colores, Luciana (2014-2017) (nombre formado por la conjunción de Lucifer y Juliana), inquieta con sus ojos rojos iluminados y en su regazo, entre sus brazos, cobija la última obra de la serie. Ya en el montaje, cuando hicieron el plano de la sala, entraban 107 pinturas y a la bruja le tocó sostener la última.
“Para nosotros fue una sorpresa total, porque no teníamos previsto hacer una muestra ahora con este trabajo”, cuenta a Clarín Juliana Lafitte. Los Mondongo estaban ordenando su taller cuando recibieron la visita de Andrés Buhar, director de ArtHaus, que pudo ver algunas de las piezas y les propuso mostrarlas. “Este es un trabajo que nos conecta con la alegría del hacer, que es un tesoro, nos da satisfacción total e inmediata, lejos de la idea de sacrificio y trabajo intenso que seguimos con Mondongo”, detalla.
La obra se completa con los títulos de cada una de las 108 piezas, enmarcadas en pana y madera de prístino negro. Propuestos por Bizzio y aprobados por todos, los títulos modifican de maneras diversas las obras, volviéndolas narrativas o enigmáticas. En su conjunto, los sintagmas conforman un gran poema, al estilo de la poesía automática de la Generación Beat, que organizó en parte el orden de las obras en la sala.
“Nosotros hicimos los dibujos por el puro placer de hacerlos, porque nos encantaba y nos sorprendía cada vez que aparecía uno nuevo y decidimos ponerles títulos”, confirma Sergio Bizzio, tercer autor de esta serie. “Hay zonas de la muestra cuyos títulos formaban una oración coherente, y así fue como se nos ocurrió ordenar los títulos para que pudieran leerse como un gran poema”, confirma el autor, que comenzó de niño pintando, hasta que la literatura la dejó en un lugar subordinado. Aparte de su trabajo con Mondongo, tiene “unos cuadritos que pinto solo”.
El proyecto Pintura cortada se desarrolló en simultáneo al Baptisterio de los colores, la mega instalación que desde 2021 está montada de forma permanente en la terraza de ArtHaus, y que también inauguró en esta oportunidad una nueva configuración para el orden de sus colores, siempre siguiendo a Itten, Transformación II. Quienes ingresen a la caja de pisos y techos espejados verán los bloques de plastilina ordenados según patrones complementarios.
Una serie interminable
Hace una década que funciona este equipo. En una larga mesa rectangular ubicada en el centro de su taller, los maestros de la plastilina y el autor de Rabia, siempre sentados en la misma silla, se pasaron los trabajos tres veces sin interrupción en el sentido de las agujas del reloj, dejando al otro expectante para no cortar el ritmo de la creación.
“La incorporación de Sergio a la dinámica de trabajo cambió todo, se genera un nuevo escenario de puro disfrute, de presente total, y fue hermoso porque no se nos hace fácil encontrar gente con la que trabajar, tenemos un humor muy compartido, somos amigos”, cuenta Juliana.
Al finalizar cada uno de los encuentros periódicos, de entre 3 y 8 horas, exhiben en el suelo el resultado, de entre 10 y 15 dibujos, “surge una alegría casi infantil, una excitación”. Funcionan con el combustible de una playlist interminable, al que se puede acceder a través de un QR disponible en la sala. Son cinco horas con tracks representativos de lo que cada uno lleva a cada sesión de trabajo, música que descubren y desean mostrarle al otro, de ahí que sea tan heterogénea.
Antes de Pintura cortada, el colectivo Mondongo + Bizzio trabajó en Tres una serie de dibujos que en 2017 expusieron en la galería Barro, junto al libro que los compila. Incluso antes, habían colaborado en Serie negra, un conjunto de dibujos con la técnica de decolorado con lavandina que todavía no se mostró, pero cuya técnica utilizaron para confeccionar un telón que también pasó por las salas de ArtHaus. Todo fruto del entusiasmo de Andrés Buhar por la dupla de artistas.
“Nosotros vamos en contra esa lógica de que los museos no pueden hacer una muestra del mismo artista hasta dentro de 3 años, porque hay que seguir variando”, explica Buhar, entusiasta de Mondongo, que ya adquirió para su colección varias piezas de Mondongo, entre ellas dos de las Calaveras de una serie de 9, y el Baptisterio de los colores.
“Sí hay cierta sociedad que se produce con los artistas, pero desde las ganas de hacer cosas juntos y acompañarlos, porque son recontra creativos y nos divertimos juntos”, agrega Buhar quien solo hace unos días asistió a la inauguración de Argentina (paisajes), la gran obra de Mondongo en el Museo Franklin Rawson de San Juan. De allí se irá a Córdoba, parada final de la gira.
Pero Buhar ya piensa en llevar a Pintura cortada por los museos de las provincias, al igual que los Diarios de Guillermo Kuitca que se pueden visitar ahora mismo en el primer piso del edificio del Microcentro. “Está la idea de que las muestras federales continúen, así como las asociaciones con instituciones y museos del interior, que es un esfuerzo”, concluye Buhar. “Pero creo que la identidad se construye de adentro para afuera –lejos de la lógica de la Argentina como un país exportador–, y no estar mirando siempre afuera. Tengo ganas de empezar a crear una red y que trabajemos en conjunto, que no sea una vez y listo”.










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