Los Millennials quedaron en una posición particular entre las distintas generaciones. Durante años recibieron críticas de sus padres por supuestamente no trabajar lo suficiente, gastar demasiado o postergar decisiones consideradas propias de la adultez.
Ahora, además, enfrentan cuestionamientos de la Generación Z, que creció con otras reglas y observa con distancia algunos de los hábitos que los Millennials incorporaron durante su juventud.
Existen siete aspectos por los que esta generación siente que es señalada desde ambos lados. Las críticas abarcan desde el acceso a la vivienda y la relación con el trabajo hasta la tecnología, la crianza y hasta la manera de vestirse.
La generación nacida aproximadamente entre 1981 y 1996 quedó en el medio de dos miradas diferentes. Según el análisis, estas son algunas de las cuestiones por las que recibe cuestionamientos:
La relación con el trabajo es uno de los ejemplos más claros de esta contradicción. Durante la década de 2010, los Millennials fueron señalados por supuestamente ser poco comprometidos, cambiar de empleo con frecuencia y necesitar demasiados estímulos en el ámbito laboral.
Pero la Generación Z interpreta esa misma etapa de otra manera. Para muchos jóvenes, los Millennials fueron quienes popularizaron la cultura del hustle, las jornadas interminables, los trabajos paralelos y la idea de que había que estar permanentemente produciendo.
El análisis recuerda que muchos Millennials ingresaron al mercado laboral durante o después de la crisis económica de 2008. Para ellos, trabajar más podía aparecer como una estrategia para sobrevivir en un mercado laboral complicado, aunque después fueran criticados por haber adoptado esa cultura.
Algo similar ocurre con la tecnología. Los Millennials fueron la primera generación que atravesó la adolescencia y la adultez con la expansión de internet y las redes sociales. Primero fueron cuestionados por vivir conectados y ahora reciben críticas de una generación que domina códigos digitales diferentes.
Las diferencias aparecen incluso en cuestiones más personales. Sus padres pueden considerar que la crianza respetuosa convirtió a los chicos en demasiado permisivos, mientras que la Generación Z cuestiona la exposición de los hijos en redes sociales.
Un relevamiento del Lurie Children’s Hospital indicó que el 74% de los padres Millennials consultados dijo practicar crianza respetuosa y el 73% consideró que su enfoque era mejor que el de generaciones anteriores. Una especialista aclaró que este método no debe confundirse con la permisividad.
Los gustos personales también quedaron en el centro de las críticas. Los Millennials fueron asociados durante años con el brunch, los tatuajes, la cerveza artesanal, la leche de avena y los jeans ajustados. Más tarde, la Generación Z convirtió varios de esos elementos en símbolos de algo pasado de moda.
La contradicción alcanza incluso a la edad. A los Millennials se los llamó durante años la “generación Peter Pan”, como si se resistieran a crecer. Pero ahora, cuando muchos rondan los 30 o 40 años, reciben el mensaje opuesto: son demasiado grandes para las tendencias y espacios culturales asociados a los jóvenes.
Esa es precisamente la característica que atraviesa las siete críticas: los Millennials quedaron en el medio de dos generaciones que los observan desde lugares diferentes. La misma conducta puede ser considerada insuficiente por una generación y excesiva por la otra.













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