En el día del Ecuador-Alemania hay que hablar de John Yeboah. Durante años, este veloz extremo vivió una vida completamente alemana. Creció en Hamburgo, habló alemán desde la cuna, se formó en las inferiores del Wolfsburgo y defendió la camiseta de la Selección germana en competencias internacionales juveniles.
Los antecedentes invitaban a imaginar que el jugador intentaría cambiar su mote de promesa a realidad alcanzando el llamado de la Mayor. Lo difícil era imaginar el giro que tomaría su historia.
Es que nueve años más tarde, Yeboah se encuentra disputando el Mundial 2026 con Ecuador y tiene que enfrentarse justamente al país que lo vio nacer en todos los sentidos.
Detrás de esa decisión hay una explicación profundamente personal: la influencia de su madre ecuatoriana, el apego a sus raíces y una identidad que terminó inclinando la balanza hacia la Tricolor por sobre cualquier proyección deportiva y rendimiento en cancha.
Aunque nació en Alemania y su padre es oriundo de Ghana, la triple nacionalidad pesó poco. Ecuador siempre estuvo cerca para el delantero de actual presente en el Venezia de Italia. No a través de estadías prolongadas ni una infancia transcurrida en Sudamérica, sino mediante los relatos, las comidas tradicionales y el afecto que le transmitió su mamá, Jenny Zamora.
Aquella conexión emocional se transformó hace tres años en algo mucho más concreto. Primero llegaron los trámites para obtener la nacionalidad ecuatoriana y luego la posibilidad de representar a la Tri, una oportunidad que no desaprovechó y que lo llevó a convertirse en una fija dentro del ciclo de Sebastián Beccacece.
De hecho, ese vínculo maternal quedó reflejado incluso en su camiseta. Para el Mundial, John decidió incorporar el apellido de su madre y lucir «Yeboah Zamora» en la espalda. Al mejor estilo de aquella recordada frase de Diego Maradona —»yo juego para vos, mamá»—, el ecuatoriano explicó la decisión sin rodeos: “Mi mamá es mi vida. Siempre juego para ella, porque ella es todo para mí”.
Sin embargo, la vida fuera de casa también tuvo tintes sudamericanos para el joven categoría 2000, ya que su camino hacia el profesionalismo estuvo marcado por el “potrero” antes que por la formalidad del Viejo Continente.
Durante gran parte de su adolescencia jugó al fútbol en las calles y canchas reducidas del distrito de Veddel, donde desarrolló la gambeta y se ganó el apodo de “Gacela” gracias a su velocidad. «Pasé mucho tiempo jugando al fútbol con mis amigos. No me uní a un club hasta tarde«, recordaría años después durante una entrevista para la Federación de Alemania.
Bajo esa fórmula casera es que el talento de John fue apreciado. En uno de los partidos con sus amigos fue observado por un captador del Wolfsburgo, quien le ofreció una prueba para incorporarse a las divisiones inferiores del club.
A partir de allí, todo avanzó a una velocidad con pocos precedentes. En apenas dos años pasó de jugar torneos amateurs a convertirse en una promesas de Alemania: representó a la Mannschaft desde la Sub-16 hasta la Sub-20, marcó goles en casi todas ellas y participó tanto de la Eurocopa Sub-17 como del Mundial de la misma categoría en 2017.
El salto al profesionalismo llegó en 2018 con su debut en la Bundesliga. Sin embargo, nunca alcanzó a consolidarse y debió darle pase a una serie de préstamos en Países Bajos y el ascenso alemán que lo fueron alejando del radar de la Selección. Pero cuando parecía haber quedado atrapado en una meseta, encontró en Polonia el escenario ideal para reinventarse.
Tras brillar en dos clubes, y previo a dar el salto al Venezia, sus actuaciones despertaron el interés de Ecuador, que siguió de cerca su evolución hasta que decidió llamarlo para que sea parte del ciclo mundialista rumbo a Norteamérica 2026.
John no lo pensó dos veces y poco después recibió su primera convocatoria. “Estoy realmente feliz, ni siquiera puedo describirlo”, reconoció entonces. Y la apuesta encontró una rápida recompensa: en marzo de 2024 debutó en las redes frente a Guatemala y comenzó a ganarse un lugar dentro de un plantel que atravesaba una etapa de renovación.
Así es como ya cuenta con 23 partidos sobre la espalda, con la dicha de haber gritado tres goles y, en el último de ellos, besarse el escudo ecuatoriano.
Ahora, el destino le guardó un guiño imposible de ignorar en el mejor momento de su carrera. Luego de enfrentar a Costa de Marfil y Arabia Saudita, Ecuador cerrará el Grupo E frente a Alemania, en lo que será un partido aparte para Yeboah.
Del otro lado estará la nación que lo formó como persona y futbolista; del suyo, el país que eligió por convicción y pertenencia. Aunque lo más importante será que en las tribunas estará su madre, la gran responsable de esta historia. Por eso, su hijo también estará honrando una historia familiar y un legado, porque en su camiseta también dirá «Zamora».









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