“Argentina invierte cerca del 0,6% del PBI en investigación y desarrollo, muy por debajo del promedio mundial de aproximadamente el 1,3%. La investigación es costosa, pero la falta de inversión en ella suele ser aún más costosa”, le dice a Clarín Ben Sowter, vicepresidente de la consultora británica QS, quizás sin saber que el premio Nobel argentino Bernardo Houssay había dicho, hace más de 60 años, una frase muy similar: “La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”.
QS es una de las organizaciones que habitualmente hacen rankings de calidad universitaria. Este miércoles presentó la nueva calificación, en la que las universidades argentinas volvieron a mostrar un retroceso.
De las 16 argentinas clasificadas, nueve descendieron posiciones, cinco se mantuvieron estables y solo una (la Universidad Nacional de Córdoba) mejoró. Este año, el ranking QS evaluó a 1.500 universidades de 106 países.
A principios de mes se habían conocido los resultados de otro ranking -el CWUR (con sede en Arabia Saudita)- en el que todas las universidades argentinas habían caído respecto del año pasado.
En uno y otro caso -y aunque usan metodologías diferentes-, los autores de los rankings atribuyeron los bajos resultados de la Argentina a los problemas con la producción científica y el financiamiento de la ciencia. En el caso de QS, señalaron que, principalmente por este motivo, la Argentina es uno de los países que más cayó este año.
“Las presiones financieras comienzan a notarse donde más importan: la investigación. Las universidades argentinas siguen teniendo un desempeño relativamente bueno en capacidad docente, empleabilidad e internacionalización, pero la investigación sigue siendo una clara debilidad. Todas las universidades argentinas se ubican por debajo del puesto 801 a nivel mundial en el indicador citas científicas por docente”, le explica Sowter a Clarín.
La UBA se mantiene
En este contexto, la Universidad de Buenos Aires se destacó por “salvar la ropa”. Se mantuvo en el puesto 84 a nivel global y sigue siendo la única universidad de la región que está entre las cien mejores del mundo.
“La UBA ha podido mantener su posición porque sigue superando a la mayoría de sus pares regionales en varias de las áreas más importantes para los rankings”, explica Sowter.
En efecto, entre las principales fortalezas de la UBA aparecen los indicadores vinculados a la reputación, que surgen de estudios de percepción. Esa universidad ocupa el puesto 34 del mundo en reputación académica, basada en la opinión de miles de académicos de todo el planeta; y el 68 en reputación entre empleadores, que mide cómo valoran las empresas a sus graduados. También se destaca en resultados laborales, donde alcanzó el puesto 24 global, uno de sus mejores desempeños dentro del ranking.
Pero como todo el sistema universitario argentino, la UBA sigue mostrando debilidades en los indicadores relacionados con la investigación científica.
“El resultado de este ranking muestra que seguimos estando entre las mejores universidades de la región y del mundo, y que el esfuerzo de docentes, no docentes e investigadores no es en vano. Aunque también da cuenta de cómo el desfinanciamiento de los últimos años tiene consecuencias directas en el sistema universitario argentino”, dijo Ricardo Gelpi, rector de la UBA.
Después de la UBA, las universidades argentinas que aparecen en QS son la Universidad Nacional de La Plata (474°), que se mantiene como la única otra institución del país dentro del Top 500 mundial; la Universidad Austral y la UCA, ambas ubicadas en el puesto 530; y la Universidad de Palermo, que quedó en la franja 781-790.
“Recibimos este resultado con mucha alegría y al mismo tiempo, con responsabilidad. Los avances reflejan dos dimensiones centrales de nuestro proyecto educativo: la cercanía y acompañamiento personal de cada alumno, y la formación que prepara a nuestros profesionales para generar un impacto positivo en las organizaciones y en la sociedad”, dijo Julián Rodríguez, rector de la Universidad Austral.
“En un mundo invadido por la tecnología y la virtualidad, la UCA sigue fortaleciendo los vínculos humanos y la relación presencial entre alumno y docente. Incorporamos nuevas propuestas educativas, agilizamos procesos, expandimos nuestra capacidad edilicia, modernizamos nuestras aulas y cuidamos el medio ambiente, siempre centrados en las necesidades del alumno y la sociedad”, dijo, por su parte, Miguel Ángel Schiavone, rector de la UCA.
Entre las primeras posiciones también se destaca la Universidad Nacional de Córdoba, que fue la única argentina que logró mejorar su ubicación respecto del año pasado y ascendió al rango 801-850. El Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) entró en el ranking por primera vez, en el rango 1201-1400.
El primer puesto del ranking global volvió a quedar para el Massachusetts Institute of Technology (MIT – EE.UU.), seguido por el Imperial College London (Reino Unido), Stanford University (EE.UU.), Oxford (Reino Unido) y Harvard (EE.UU.), en el top five.
Un contexto difícil
El ranking QS es uno de los más observados a nivel internacional. Es el que más peso le da a la percepción que tienen académicos y empleadores sobre las universidades y sus graduados. Son encuestas de opinión en las que la UBA saca ventaja.
Desde QS vienen señalando desde hace años la debilidad de la Argentina en materia de investigación, profundizada ahora por los recortes presupuestarios.
Y lo explican de esta manera]: “Los sistemas de investigación sólidos no solo generan publicaciones; atraen talento, impulsan la innovación, construyen alianzas internacionales y fortalecen la reputación institucional. Existe evidencia sólida de que la inversión pública en I+D genera importantes beneficios económicos a largo plazo, por lo que recortar el presupuesto puede aliviar la presión a corto plazo, pero a menudo genera mayores costos para el futuro. Por eso, los efectos de la falta de inversión suelen ser graduales en lugar de inmediatos, pero no por ello menos graves”, le dijo Sowter a Clarín.
Los números indican que, entre 2023 y 2025, el presupuesto ejecutado a nivel nacional en Educación y Cultura cayó 47,7% en términos reales y la caída proyectada para 2026 es de 54,4%. En Ciencia, la caída fue de 45% entre 2023 y 2025 y se proyecta que sea de 55,7% en 2026.
El ajuste en estas áreas es mucho mayor al de la Administración Pública Nacional en promedio, que registra una caída de 28,8% entre 2023 y 2025 y proyecta que sea de 36,5% al terminar 2026, explicó a Clarín Javier Curcio, economista e investigador de la UBA y el CONICET.
En tanto, la inversión que llega a las universidades desde la Secretaría de Educación -para funcionamiento, salarios, investigación y hospitales universitarios -es la más baja de los últimos 20 años.
“El rendimiento de la investigación depende de la continuidad: financiación estable, infraestructura sólida, apoyo a los investigadores doctorales y posdoctorales, y la capacidad de mantener la colaboración internacional a lo largo del tiempo. Cuando estas condiciones se debilitan, las instituciones pueden seguir funcionando, pero les resulta más difícil generar impulso, retener talento y mantener su relevancia global”, dice Sowter.
“Los rankings no deben considerarse un fin en sí mismos; se entienden mejor como un espejo. Utilizados correctamente, son una herramienta de diagnóstico útil que ayuda a las universidades y a los responsables políticos a identificar dónde se mantienen las fortalezas y dónde comienzan a manifestarse las debilidades estructurales”, completa el especialista.
Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, destacó la performance de esa universidad y dijo que “los resultados muestran la importancia de cuidar y fortalecer lo que funciona”.
“Esperamos que el avance alcanzado en materia salarial y presupuestaria abra una nueva etapa de diálogo, una etapa en la que, sin dejar de reclamar lo que falta, podamos poner en el centro la discusión sobre qué universidad necesita la Argentina para los próximos años: qué profesionales formar, qué áreas de conocimiento impulsar y qué capacidades científicas y tecnológicas hay que desarrollar. Y para que eso suceda, es fundamental la inmediata implementación de la Ley de Financiamiento Universitario”, afirmó.
¿Cómo mejorar?
Con las 16 instituciones clasificadas, la Argentina es el cuarto sistema universitario más representado de América Latina en el ranking QS, detrás de Brasil, México y Chile.
¿Cómo mejorar? “Desde las políticas públicas, la prioridad más importante es crear las condiciones para una excelencia sostenida en la investigación. Esto requiere una inversión predecible en universidades e investigación científica, que permita a las instituciones retener talento, mantener la infraestructura y participar en colaboraciones internacionales a largo plazo. El desempeño en investigación es acumulativo y tiende a beneficiarse de la estabilidad a lo largo del tiempo”, dice Sowter.
“En cuanto a las universidades deberían centrarse en ampliar el alcance y la influencia de su investigación mediante una mayor participación en redes internacionales de investigación, alianzas más sólidas con instituciones líderes a nivel mundial y un aumento en la publicación en revistas reconocidas internacionalmente”, agrega.
“Argentina ya cuenta con un fuerte reconocimiento por parte de los empleadores, ratios favorables de profesorado por estudiante y uno de los sistemas de educación superior más internacionalizados de América Latina. Fortalecer la capacidad de investigación, preservando al mismo tiempo estos activos, constituiría la vía más eficaz para mejorar el desempeño en los rankings futuros” concluye.
El ranking
Realizado por la consultora británica Quacquarelli Symonds, QS es uno de los cuatro rankings globales de universidades que se hacen año tras año, y que ganan cada vez más influencia política y mediática. A diferencia de otros, como el de Shanghai (China) y el CWUR (Arabia Saudita), QS (junto al Times, también inglés) le asigna un gran peso a la “reputación”, que se elabora a partir de encuestas de percepción.
Rankings como los de Shanghai y el CWUR, en cambio, construyen sus mediciones dándole mayor peso a datos más “objetivos”, como la cantidad de profesores con premios Nobel o papers publicados.
Muchos expertos relativizan los resultados de estos rankings. Señalan que difieren tanto metodológicamente que es muy difícil tomarlos como parámetros únicos de calidad, pero de todos modos son muy observados a nivel internacional.









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