(self.SWG_BASIC = self.SWG_BASIC || []).push( basicSubscriptions => { basicSubscriptions.init({ type: "NewsArticle", isPartOfType: ["Product"], isPartOfProductId: "CAowkpLYCw:openaccess", clientOptions: { theme: "light", lang: "es" }, }); });

La arquitectura es compromiso con la vida cotidiana

Arquitecta por la Universidad Católica de Santa Fe, Magíster en Desarrollo Sustentable por FLACAM–UnLa y doctoranda en Arquitectura en la UNL, Margarita Trlin combina más de cuatro décadas de ejercicio profesional con una intensa labor académica.

Cofundadora del estudio Cabrera-Trlin arquitectos en Paraná, ha desarrollado obras como la Nueva Costanera de la ciudad -finalista en la VI Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo de Lisboa-, la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER y la Casa NZ, entre otras.

Su estudio ha recibido distinciones tan importantes como el Premio Konex 2022 en Diseño del Espacio Público.

Tv Por Internet

En el ámbito académico, dirige la Especialización en Arquitectura para la Educación en la FADU-UNL y codirige la Maestría en Diseño Arquitectónico y Urbano en la FAUD-UNC. En 2024 obtuvo el Primer Premio Nacional Soy Arquitecta en la categoría Académica.

Su ingreso en 2025 como académica de número en la AcAU marca un nuevo capítulo en una trayectoria que se ha caracterizado por la articulación entre práctica, docencia y reflexión crítica.

En esta entrevista, Trlin comparte su mirada sobre la profesión, la enseñanza y los desafíos de la arquitectura contemporánea.

Tv Por Internet

-¿Qué significa ser arquitecta?

-La arquitectura es compromiso con la vida cotidiana. No es solo técnica, es una disciplina cultural y social que incide directamente en la vida de las personas. Cada proyecto implica una responsabilidad ética: pensar en el impacto ambiental, urbano y humano.

Siempre me conmovió la manera en que las obras públicas pueden incidir a lo largo del tiempo en la historia de tantas personas y cómo es posible construir ese espacio colectivo, los bienes comunes. Proyectar es un acto de compromiso con la vida cotidiana de las personas. Esa conciencia guía mi trabajo.

-¿Cómo inició tu vínculo con la disciplina?

-Si bien no vengo de una familia de arquitectos, desde chica me gustaba leer y pensar cómo se transforman los espacios, quién está detrás de la planificación de las ciudades y los edificios.

Me atraían los espacios institucionales, el paisaje, lo público. Cuando se creó la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNL, Universidad Nacional del Litoral, en 1985, en plena recuperación democrática, fue un momento fundacional en mi camino.

Allí se conformaron equipos docentes plurales y diversos, y ese espíritu de apertura marcó mi formación y mi práctica. Desde entonces, la docencia y la profesión fueron siempre en paralelo y ese equilibrio me permitió estar permanentemente en actitud de reflexión y crecimiento.

-Usted menciona que proyectar es un acto de compromiso con la vida cotidiana. ¿Cómo se traduce eso en tu práctica?

-Cada proyecto es un nuevo desafío. No importa tanto la escala de la obra como el impacto que puede generar en la vida de las personas. En la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER, por ejemplo, trabajamos en un terreno exiguo entre medianeras, buscando espacialidad y luz. Fue un verdadero laboratorio de ideas y de exploración material.

En la Casa LZ, un proyecto del plan Procrear en la costa santafesina, recuperamos la idea del patio pasante de la casa isleña y una arquitectura ladrillera, porosa y densa a la vez, como bisagra frente al bosque que se preserva. Son ensayos que buscan responder a necesidades concretas y, a la vez, abrir nuevas posibilidades de habitar.

-Insiste en que la enseñanza debe vincularse con la investigación y la práctica profesional. ¿Cómo ve la situación académica actual?

-La formación de los arquitectos está interpelada por transformaciones ambientales, sociales y tecnológicas que impactan y cuestionan la disciplina. Las facultades de todo el país están replanteando sus planes de estudio para acercarlos a la realidad de los estudiantes, con perfiles más porosos y cotidianos.

Creo que es fundamental que la enseñanza se nutra de la investigación y de la práctica profesional, evitando compartimentos estancos. La docencia requiere estar en estado de atención permanente, sensible a las percepciones de los jóvenes y a las ideas que traen.

Es un espacio que se enriquece con la experiencia concreta: talleres de obra, proyectos con escuelas, vínculos con comunidades. Pensar haciéndose tiene un valor enorme en la formación. Además, la incorporación de tecnologías como la inteligencia artificial plantea nuevos desafíos y debemos aprender a utilizarlas como herramientas críticas, sin perder la esencia del oficio proyectual.

-¿Qué ámbitos considera prioritarios para impulsar cambios e impactos en la disciplina?

-La arquitectura tiene un poder transformador enorme. Como país tenemos problemas de larga data en habitabilidad y en la calidad de nuestras ciudades. Sería necesario volver a poner el acento en el habitar en un sentido amplio, en construir ciudades más armónicas, equitativas y justas.

Los programas públicos son fundamentales para habilitar esos caminos, porque aportan en la formación de jóvenes estudiantes y graduados, que encuentran allí espacios donde actuar y aportar valor.

También los concursos de arquitectura son una herramienta valiosa: permiten acercar otras miradas y construir obras emblemáticas, como las que forman parte de nuestro acervo cultural. Recuperar esa vocación sería muy importante.

La experiencia de coordinar el Programa Nacional 700 Escuelas en el Ministerio de Educación Nacional dentro de la Dirección de Infraestructura Escolar le permitió comprender la diversidad de tradiciones y modos de habitar en cada región del país. Ese aprendizaje fue decisivo para entender que el cambio se impulsa desde la pluralidad y la interacción entre distintos saberes.

-¿Qué significa este ingreso como académica de número en la AcAU?

-Es un reconocimiento enorme que me honra y que siento también como un desafío colectivo. La tarea de la arquitectura se hace siempre con muchos, en la obra y en la docencia.

La Academia es un espacio para preservar la memoria disciplinar y, al mismo tiempo, impulsar nuevas miradas. Llevar adelante el Instituto de Formación Universitaria dentro de la AcAU nos entusiasma porque nos permite pensar horizontes para la enseñanza, trazar lazos entre ideas innovadoras del pasado y experiencias internacionales, y aplicarlas hoy en nuestro país.

Era una deuda pendiente darle un lugar institucional a la arquitectura y el urbanismo, y creo que tendrá un gran efecto en la comunidad.

-¿Qué mensaje le daría a las nuevas generaciones?

-Que asuman la disciplina con pasión y responsabilidad. Cada proyecto es una oportunidad para transformar la realidad social y mejorar la vida cotidiana. Es imposible tener todos los conocimientos, pero sí se puede tener una formación sólida en el oficio del proyecto, interpelada por la preocupación social y el contexto de la ciudad.

La ductilidad para interactuar con otras profesiones será cada vez más necesaria. La arquitectura es una herramienta de transformación social: una curaduría de vivir juntos. Ese es el horizonte que debemos construir. También es fundamental reconocer el aporte de las mujeres en la disciplina.

Premios como Soy Arquitecta han visibilizado la multiplicidad de acciones que llevamos adelante y han abierto un espacio para valorar trayectorias que antes no eran reconocidas. Esa paridad creciente en congresos, talleres y cátedras es un cambio que debemos sostener y profundizar.

Margarita Trlin encarna una manera de entender la arquitectura como práctica cultural, social y ética. Su trayectoria, que combina obra, docencia e investigación, se proyecta hoy en la Academia como compromiso colectivo. Su voz recuerda que la arquitectura no solo diseña espacios: construye condiciones de vida y memoria compartida.

Fuente

Minardi Automotores
Vinería La Carreta
Tv Por Internet
Sunchales dialogo
Municipalidad de Sunchales