hoy Corea del Norte y Corea del Sur ya no se entienden

La división entre Corea del Norte y Corea del Sur no solo dejó consecuencias políticas y sociales, sino también cambios profundos en la forma de hablar de sus habitantes. Después de más de 70 años de separación, el idioma comenzó a transformarse de manera diferente en cada territorio.

Aunque ambos países comparten el mismo origen lingüístico, décadas de aislamiento, sistemas políticos opuestos y contacto desigual con otras culturas modificaron buena parte del vocabulario cotidiano.

Según un estudio reciente liderado por el Instituto Nacional de la Lengua Coreana, cerca del 45% de las personas encuestadas reconoció tener problemas para comprender conversaciones provenientes del otro lado de la frontera. Las diferencias son especialmente visibles en términos modernos, profesionales y tecnológicos.

Uno de los principales contrastes es que en Corea del Norte el idioma se mantuvo mucho más cerrado a influencias extranjeras, mientras que en el sur se incorporaron numerosos términos provenientes del inglés.

En Corea del Sur, por ejemplo, palabras vinculadas a tecnología, deportes o trabajo suelen utilizar directamente expresiones angloparlantes adaptadas al coreano coloquial.

En cambio, en el norte se conservan estructuras tradicionales y crea equivalentes propios para evitar extranjerismos, una política vinculada al aislamiento cultural promovido por el régimen. Esto provocó que muchas expresiones cotidianas dejaran de coincidir entre ambas sociedades.

En Corea del Norte, además, algunos términos quedaron directamente asociados al liderazgo político. Palabras como “Sun-mul”, vinculadas originalmente al acto de presentar un regalo a otra persona, pasaron a reservarse para referencias relacionadas con los ex mandatarios Kim Il-sung y Kim Jong-il, dentro de una política estatal que también modificó aspectos del lenguaje cotidiano.

El estudio citado muestra que al menos un tercio del vocabulario cotidiano ya no es igual entre los dos países, algo que genera dificultades concretas de comunicación.

Uno de los ejemplos más conocidos ocurrió durante los Juegos Olímpicos de 2018, cuando las dos Coreas presentaron un equipo unificado de hockey femenino.

Según relataron algunas jugadoras, muchas indicaciones técnicas realizadas por entrenadores surcoreanos incluían palabras tomadas del inglés que las deportistas del norte no comprendían. Las diferencias idiomáticas terminaron afectando incluso el funcionamiento del equipo.

Los cambios lingüísticos también impactan en los desertores norcoreanos que se mudan al sur, donde muchas veces son identificados rápidamente por su forma de hablar.

En algunos casos, las diferencias generan burlas o dificultades de integración social, especialmente en escuelas o ámbitos laborales donde el lenguaje cotidiano es distinto.

Esto ocurre porque el sur incorporó términos asociados a una sociedad globalizada, mientras que el norte mantuvo estructuras mucho más rígidas y tradicionales. La lengua, en ese contexto, se transforma también en una marca social y política.

El idioma coreano tiene además una fuerte carga simbólica para ambos países debido a la ocupación japonesa que sufrió la península entre 1910 y 1945. Durante ese período, las autoridades japonesas limitaron el uso del coreano y promovieron políticas destinadas a reemplazarlo progresivamente por el japonés.

Después de la Segunda Guerra Mundial, tanto el norte como el sur buscaron reconstruir su identidad nacional a partir de la recuperación del idioma. Sin embargo, ese proceso terminó avanzando por caminos completamente distintos tras la división política.

A pesar de las diferencias actuales, ambos gobiernos participan desde hace años en proyectos para crear un glosario compartido que facilite la comprensión entre las dos poblaciones. Uno de esos programas es el Gyeoremal-kunsajeon, un diccionario pensado para unificar términos y reducir las diferencias acumuladas durante décadas.

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