evidencias sugieren que los cazadores-recolectores llevaron esos peces, creando así una fuente de alimento confiable mucho antes de que la agricultura apareciera en la región

La narrativa histórica de la humanidad siempre se presentó de la misma manera. Primero llegaron los cazadores-recolectores como dependientes del entorno, seguidos por la agricultura que transformó el paisaje. Ahora, un sorprendente hallazgo en Noruega obliga a replanterse esa teoría.

Arqueólogos hallaron trampas de pesca de madera de 7.000 años en el lago Tesse, a 854 metros de altitud, en el macizo de Jotunheimen. Un estudio en Antiquity confirma que estas estructuras son la evidencia más antigua de que cazadores-recolectores trasladaron peces a lagos sin truchas. Modificaron ecosistemas para asegurar alimento futuro.

Por lo tanto, los investigadores concluyen que las personas trasladaban truchas vivas río arriba. «Esto implica que los peces, y más específicamente la trucha común, fueron trasladados por cazadores-pescadores-recolectores durante el Mesolítico escandinavo», explicó el autor principal, Axel Mjærum, de la Universidad de Oslo.

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Este hallazgo adelanta milenios la capacidad humana de planificar y transformar la naturaleza para la supervivencia, una habilidad antes asociada únicamente al surgimiento de la agricultura.

El lago Tesse llegó a tener una extensión de aproximadamente 4,6 millas cuadradas y era conocido como uno de los lagos de truchas más productivos de Noruega. Antes de convertirse en un embalse hidroeléctrico en la década de 1940, se dice que producía cerca de 20.000 libras de trucha al año, o unas 10 toneladas.

Hace 10.000 años, Escandinavia estaba cubierta de hielo. Al retirarse los glaciares hacia el 8000 a. C., dejaron miles de lagos y valles vírgenes. Los humanos los ocuparon, pero no todos los animales pudieron colonizarlos.

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El lago Tesse, pese a su potencial, tenía un problema: cascadas y desniveles impedían que las truchas remontaran desde el fiordo de Oslo. Este detalle es clave para entender el estudio.

Los expertos sabían que muchos lagos noruegos tenían truchas introducidas, pero no cuándo. En 2022, el descenso del lago Tesse por uso hidroeléctrico reveló trampas de madera junto a asentamientos prehistóricos.

Se excavaron cuatro trampas, la mejor con 46 postes formando una cámara circular de 3.5 metros y un pasillo. Las marcas en la madera indican un trabajo cuidadoso, no estacas al azar, sino infraestructuras duraderas.

Dataciones por radiocarbono y dendrocronología muestran que las trampas funcionaron desde el 5000 a. C. por más de dos milenios, con mantenimiento periódico. Esto sugiere un uso constante por generaciones. La explicación más sorprendente es que los humanos transportaron truchas vivas desde altitudes menores. Esta inversión a largo plazo, sin recompensa inmediata, demuestra un profundo conocimiento ecológico y previsión.

Las pruebas no revelan con exactitud cómo los peces cruzaron el escarpado terreno, aunque cualquier método exitoso habría requerido agua, un manejo cuidadoso y paradas a lo largo de la ruta.

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