Es muy, muy raro verlos, estoy feliz

Imaginate que trabajás de sacar fotos, estás en el desierto marroquí, alzás la vista y de repente avistás, solo y en la puerta de su guarida, al gato que “muchos fotógrafos de naturaleza pasan años soñando con ver”.

Así fue como el fotógrafo francés Rémi Vacher descubrió un ejemplar del gato de las arenas, una rara especie conocida científicamente como Felis margarita. Vacher capturó imágenes increíbles del animal y, sin haberlo planeado, transformó su cuenta de Instagram en un reality de la vida del felino.

En conversación con Clarín, Rémi contó que se enteró de la presencia del gato en el desierto a principios de julio, cuando un conocido le hizo saber que había encontrado a una familia entera viviendo en una guarida. Al principio estaban la mamá y sus cinco cachorros, pero al final todos se dispersaron y sólo quedó ella, la fotografiada.

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“La especie me fascinó durante años. Está presente donde vivo, en los Emiratos Árabes Unidos, pero es tan raro y escurridizo que básicamente es un fantasma: lugares no accesibles, sin avistamientos fiables, solo encuentros casuales si tienes mucha suerte. Esa escasez es exactamente lo que me llevó a ver a este gato en primer lugar”, escribió Rémi en un posteo.

Tenía la posibilidad de su vida. Poder capturar con su cámara a uno de los animales más esquivos del planeta, así que no lo dudó: armó las valijas y viajó a Marruecos.

Qué hacer con el gato: el dilema del fotógrafo

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Lo que a priori parecía una tarea sencilla, con el tiempo dejó atrapado a Rémi en un dilema ético. “Cuando llegué allí, dos gatos se fueron para una dirección y los otros dos, para la contraria. La mamá también se fue. No sabíamos dónde. Así que la pequeña se quedó sola”, relató Vacher a Clarín.

Rémi se había acercado hasta la guarida en coche y en compañía de un guía. Eran ellos dos y la gata en medio de la nada, y la pequeña hembra estaba “muy, muy flaca” y llena de garrapatas.

Alimentarla lo tentaba, pero podría ser peligroso. Decidió que, por su bien, lo mejor sería monitorearla con cámaras trampa, artefactos usualmente utilizados para comprender los movimientos de los gatos, hasta que volviera su mamá.

—¿Por qué decidiste que lo mejor era no alimentarla hasta la llegada de la madre?

–Si hubiéramos intervenido, la presencia humana podría haber provocado que la madre la abandonara o trasladara a la camada, con más riesgo para todos. Además, el gato de las arenas está perfectamente adaptado al desierto: obtiene casi toda el agua que necesita de sus presas, y su dieta es muy específica. Darle comida o agua inadecuada podría enfermarla, y acostumbrarla a los humanos le haría perder la cautela que necesita para sobrevivir.

La situación se resolvió diez días después del viaje de Rémi. Al fotógrafo le contaron que la mamá finalmente volvió y la gata, “de repente, empezó a mejorar”.

“Luego, después de eso, desaparecieron”, finalizó Vacher. Aunque desconoce su nueva posición, sabe que la familia de gatos de las arenas anda por la zona porque los nómadas todavía pueden ver sus huellas.

—¿Los gatos de las arenas son realmente difíciles de ver?

–Son muy, muy raros de ver porque son nocturnos. Se mueven en la noche, son muy pequeños y la mayoría del tiempo viven en entornos muy difíciles de acceder, como por ejemplo el lugar donde estábamos, en donde la única forma de llegar era en auto y con una carpa. Así que sí, es bastante raro verlos. Estoy muy feliz de haber podido hacerlo.

Las principales características de los gatos de las arenas

Imagínese ahora lo difícil que debe ser ver un gato de las arenas que en 2016 la revista del Smithsonian publicó un artículo que informaba que habían visto uno en Emiratos Árabes Unidos después de diez años.

Ese mismo informe detalla que el gato de arena, o gato de las dunas, está adaptado evolutivamente para el sigilo. Su pelaje claro los camufla con su entorno -habitualmente el desierto-, sus patas no hacen ruido y ante la luz cierran los ojos, lo que hace que sea muy difícil seguirlos con dispositivos de seguimiento ocular.

Además son muy pequeños, no suelen superar los 52 centímetros de longitud. De ahí que sus orejas parezcan más grandes que las de los gatos domésticos aunque ambas tengan un tamaño similar. Su canal auditivo y su sensibilidad auditiva son, de todos modos, mucho mayores que los de los gatos domésticos.

El área de distribución geográfica de los gatos de arena abarca parte del norte de África, la península arábiga y Asia Central. No se sabe cuántos individuos hay, pero quedan pocos (en 2005 se estimaba que en Emiratos Árabes Unidos nada más había 250).

Otra nota de The European Journal of Wildlife Research aporta un dato curioso sobre la especie: los gatos de arena, como son salvajes, suelen dormir en madrigueras durante el día y salen por las noches a cazar pequeños reptiles y roedores.

El nombre de Felis margarita fue propuesto por Victor Loche en 1858, año en que descubrieron la especie en el Sahara argelino, en honor al general francés Jean Auguste Margueritte.

Fuente

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