en seis meses había 1.300 metros cuadrados de hábitat acuático con peces, aves y plantas

Durante décadas, quienes atravesaban Larkin Plaza, en el centro de Yonkers, caminaban y estacionaban sus autos sobre un río sin saberlo. Debajo del pavimento continuaba circulando el Saw Mill, un curso de agua estrechamente ligado a la historia industrial de esta ciudad del estado de Nueva York.

El último tramo del río que atravesaba el centro había sido cubierto durante la década de 1920. La superficie terminó convertida en un estacionamiento y, con los años, el entorno también comenzó a deteriorarse. Hacia el 2000 había edificios vacíos y propiedades tapiadas en una zona que había perdido buena parte de la actividad de otras épocas.

La solución que encontró la ciudad fue poco convencional: levantar el estacionamiento y sacar nuevamente el río a la luz.

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El proyecto terminó en septiembre de 2012 y transformó el lugar en un parque público de aproximadamente tres acres, con un nuevo cauce abierto, cascadas, pasarelas, un puente peatonal y sectores especialmente preparados para recuperar el ecosistema.

Los resultados ambientales aparecieron rápidamente. Apenas seis meses después de que el agua comenzara a circular por el nuevo recorrido, se habían generado unos 14.000 pies cuadrados —cerca de 1.300 m2— de hábitat acuático.

Cómo hicieron para recuperar un río enterrado

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La idea de devolver el Saw Mill a la superficie llevaba años en discusión. En 1992, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos identificó la recuperación del tramo de Larkin Plaza como un proyecto viable.

El proceso tomó impulso en 1999, cuando la Agencia de Protección Ambiental y el Servicio de Parques Nacionales impulsaron Groundwork Yonkers junto con la ciudad. Después llegaron estudios, propuestas de diseño y consultas con los vecinos.

Finalmente se puso en marcha un proyecto de 18,8 millones de dólares que resultó bastante más complejo que retirar el asfalto.

Los ingenieros construyeron un desvío del río de unos 244 metros y un paseo a su alrededor. Pero tomaron una decisión clave: el antiguo conducto subterráneo no fue eliminado.

La infraestructura quedó funcionando como una vía alternativa para recibir el exceso de agua durante lluvias intensas y reducir así el riesgo de inundaciones. Una cámara especial permitió distribuir el caudal entre el viejo conducto y el nuevo cauce abierto.

La contaminación derivada del pasado industrial también obligó a adoptar precauciones. El nuevo recorrido fue revestido con un material de vinilo resistente para aislarlo del terreno.

Durante las obras hubo que trabajar, además, alrededor de redes de alcantarillado y servicios públicos existentes. Para controlar el agua subterránea se instaló un sistema con una tubería principal de 457 metros y unos 250 pozos. En cinco meses fueron bombeados alrededor de 89 millones de litros de agua.

La vida silvestre regresó en apenas seis meses

Una vez terminado el proyecto comenzó otra transformación.

Según Groundwork USA, en sólo seis meses el nuevo sector del Saw Mill ya mostraba una importante presencia de vida acuática. La recuperación generó una poza de marea y dos de agua dulce, además de los aproximadamente 14.000 pies cuadrados de nuevo hábitat.

Con el tiempo fueron registrándose tortugas, patos, cangrejos azules, peces y anguilas americanas, entre otras especies.

También se incorporaron plantas nativas en las márgenes para reconstruir el hábitat ribereño. La vegetación ayuda a atraer insectos y otros organismos que forman parte de la cadena alimentaria y contribuyen a sostener el ecosistema recuperado.

Así, un sector que durante décadas había estado dominado por hormigón y automóviles volvió a funcionar como un corredor para distintas especies.

Del estacionamiento a un nuevo espacio público

La recuperación del Saw Mill no tuvo solamente objetivos ambientales. La ciudad también buscaba utilizar el río como una herramienta para revitalizar el centro de Yonkers.

El antiguo estacionamiento fue reemplazado por un espacio público donde actualmente se realizan visitas guiadas, exposiciones, actividades culturales, eventos y un mercado agrícola de temporada.

El parque también cuenta con un espacio educativo dedicado a la anguila americana, una especie cuyo ciclo migratorio conecta estos cursos de agua con el mar de los Sargazos.

La transformación tuvo además consecuencias económicas. La ciudad vinculó el nuevo parque con proyectos posteriores de inversión y renovación en los alrededores, entre ellos la recuperación de un inmueble por parte de una compañía tecnológica, una iniciativa valuada en unos 7 millones de dólares que generó alrededor de 180 puestos de trabajo.

La experiencia de Yonkers terminó mostrando que recuperar un río urbano puede significar mucho más que restaurar un ecosistema. Donde durante décadas hubo un estacionamiento, volvieron el agua, los peces y las plantas, pero también apareció un nuevo espacio de encuentro para los vecinos en pleno centro de la ciudad.

Fuente

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