En la Rusia de Putin ahora dicen que las parejas que conviven sin casarse son una amenaza a la seguridad nacional

El viceministro de Justicia ruso, Vadim Balanin, afirmó este miércoles que la convivencia de parejas sin haberse casado es una amenaza para la seguridad nacional.

«Actualmente nos enfrentamos al fenómeno de la convivencia sin matrimonio registrado. (…) Estas tendencias, a nuestro juicio, pueden considerarse una amenaza directa para la seguridad nacional y la salud demográfica de nuestro país», señaló Balanin en un foro, citado por el diario Kommersant.

Otro problema que preocupa al viceministro de Justicia es el significativo «número de divorcios» en el país, que vive un fuerte declive poblacional desde la caída de la Unión Soviética que se acentuó con el inicio de la guerra de Ucrania en 2022.

El presidente Vladimir Putin, sin ir más lejos, es divorciado. Lo oficializó en 2013, durante una llamativa entrevista en el ingreso de un teatro de Moscú, junto a Lyudmila, la mujer con la que compartió 30 años de su vida y tuvo dos hijas.


Balanin, quien intervino en una sesión dedicada a «la familia fuerte» y el derecho, abogó por fortalecer la institución familiar y apoyar las medidas destinadas a preservar los valores tradicionales que promulga el Kremlin posicionando a Rusia como bastión del pensamiento conservador.

Los aspectos de seguridad nacional son competencia en Rusia del Servicio Federal de Seguridad (FSB), órgano heredero de la policía secreta soviética que ocupa cada vez más competencias dentro de Rusia y que en los últimos años ha determinado el rumbo político del país.

La preocupación por el descenso en el número de nacimientos es un tema que la gestión de Putin viene abordando con preocupación hace tiempo. Es, según coinciden los analistas internacionales, una de las principales preocupaciones de Putin desde su llegada al poder hace 25 años.

El presidente ruso anunció en febrero un paquete de medidas para «valores tradicionales» e impulsar la natalidad en medio de la profunda crisis demográfica que atraviesa el país, tras una reunión del Consejo Estatal de política demográfica y familiar ruso.

Ese mes el Kremlin, a través de un decreto, instruyó a la Administración Presidencial a «crear un grupo de trabajo permanente para la conformación a nivel social de un entorno orientado a la familia, la popularización de los valores familiares tradicionales en los medios y garantizar el funcionamiento de este grupo».

Además, Putin encargó a su Administración «presentar propuestas para cambios legislativos dirigidos a la popularización de los valores familiares tradicionales y la imagen positiva de las familias numerosas en la publicidad», incluyendo el posible pago de subsidios.

Ordenó a su vez al Gobierno ruso «estudiar la posibilidad de otorgar a las familias con hijos medidas adicionales de apoyo estatal por medio del pago total o parcial de hipotecas o créditos con fondos estatales (por un monto no superior a los 450.000 rublos (5.840 dólares) en caso del nacimiento del cuarto hijo o más».

Además, el Parlamento ruso aprobó el año pasado una ley que prohíbe la propaganda de la ideología ‘childfree’, que promueve el derecho de las mujeres a no tener hijos.

«Las medidas ya adoptadas parecen ser insuficientes. Lamentablemente, la tendencia negativa persiste. La tasa de natalidad sigue disminuyendo», lamentó el jefe del Kremlin a principios de diciembre. Ahora, las declaraciones de su viceministro de Justicia se suman más dramatismo al asunto, ya catalogado como una amenaza a la seguridad nacional.

Rusia tiene previsto destinar en los próximos tres años 37.500 millones de rublos (más de 402 millones de dólares) a los programas para promover la natalidad. Pero más allá de todos los esfuerzos del Kremlin, la tasa de fecundidad en Rusia bajó en 2025 de 1,4 a 1,347 respecto el año anterior.

A todo eso se sumó, en marzo, otra polémica decisión: mandar a las mujeres que no quieren tener hijos al psicólogo para que puedan convencerlas de cambiar de opinión y así combatir la crisis demográfica nacional.

Para el Kremlin, la disminución de la población rusa es presentada como una cuestión de supervivencia nacional. En 2024 ya había advertido que Rusia se enfrentaría a «la extinción» si no aumentaba su tasa de natalidad.

Por eso, meses atrás el Ministerio de Salud recomendó a los médicos que envíen a las mujeres que no quieren hijos «a una consulta con un psicólogo, con el objetivo de fomentar una actitud positiva hacia la maternidad», según un documento publicado por la agencia AFP.

Según el documento, los médicos deben invitar a las mujeres de entre 18 y 49 años a consultas médicas anuales destinadas a «evaluar su salud reproductiva». Y se sabe: muchas veces en Rusia, una recomendación que emana desde lo más alto del poder es mucho más que eso; es casi una orden.

Fuentes: EFE, AFP, RIA Novosti.

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