En pleno océano Pacífico, unas 1.000 millas al sur de Hawái, el atolón de Palmyra conserva arrecifes de coral, bosques tropicales y aguas transparentes. Un paraíso natural con una historia peculiar.
En la actualidad, The Nature Conservancy (TNC) administra allí un refugio para especies en peligro de extinción. La organización explica que “casi sin presencia humana, los ecosistemas naturales de Palmira fluyen armoniosamente desde exuberantes bosques tropicales y vibrantes arrecifes hasta el vasto océano abierto”.
En 2026 TNC desarrolla un proyecto para reintroducir el charrán de lomo gris (Onychoprion lunatus), una de las ocho especies de aves conocidas en la región. En 2020, los científicos comenzaron a implementar técnicas de atracción, como la reproducción de sus vocalizaciones, para que regresen a su hábitat.
La ausencia de esta ave, amenazada por las ratas y otros depredadores durante años, es un ejemplo de los cambios sufridos por el atolón a lo largo de su historia.
Durante 175 años, los científicos llegaron a Palmyra para estudiar desde plantas y animales hasta el comportamiento de las olas, el campo magnético terrestre, la atmósfera y los efectos de la actividad humana sobre los ecosistemas marinos, según destaca un artículo de TNC.
Ya en 1842, investigadores de la U.S. Exploring Expedition llegaron hasta el atolón y recogieron ejemplares de su flora y fauna. Pero uno de los primeros estudios sistemáticos tendría lugar en 1913, cuando Henry E. Cooper, entonces propietario del atolón, invitó al científico y explorador Joseph F. Rock a realizar un inventario de las especies.
Rock descubrió una variedad de cocotero que identificó como Cocos nucifera palmyrensis, que daba frutos que destacaban por su enorme tamaño. Los llamados cocos gigantes fueron exhibidos en Honolulu en 1914.
El interés por los cocos gigantes llevó a Leslie Fullard-Leo y su esposa Ellen, conocida por promover el atletismo, a comprar el atolón en 1922 por 15 millones de dólares. El matrimonio fundó la Palmyra Copra Company y durante casi dos décadas aprovechó los cocos gigantes con fines comerciales.
El ataque a Pearl Harbor y el ingreso de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, en 1941, alteraron los planes. El atolón pasó a estar controlado por la Marina que desplegó allí cientos de efectivos. Luego de terminar la guerra, en 1947, los Fullard-Leo exigieron al gobierno la devolución del atolón. El caso llegó hasta la Suprema Corte que, finalmente, les dio la razón al matrimonio.
El matrimonio falleció en los años 70 y la propiedad pasó a sus tres hijos. De todas formas, ya desde los años 60, el gobierno administraba parte del atolón. Esto permitió realizar numerosos experimentos científicos, según destaca el artículo de TNC.
Los hermanos Fullard-Leo vivían en Hawái y visitaban el atolón de manera esporádica. Según algunas informaciones, se habrían opuesto a varios proyectos urbanísticos y hasta a la instalación de un casino.
En 1974 la isla fue el escenario de un doble homicidio. Eleanor Graham y su esposo Malcom Graham fueron asesinados cuando llegaron al atolón en su velero The Sea Wind. La pareja fue dada por desaparecida.
Unos días después, Buck Duane Walker, y su novia, Stephanie Stearns, fueron arrestados por robar el barco. En 1981, otro navegante halló los restos de Eleanor. Walker y su novia fueron acusados de doble homicidio.
En el año 2000, TNC adquirió el atolón Palmyra con el objetivo de proteger su ecosistema y convertirlo en una plataforma para la investigación científica.










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