Videomatón con el cirujano Enrique Moreno: «Creerse perfecto es EL FINAL» | EL PAÍS
“Tenemos la obligación de tratar de curar a los enfermos sin que importe lo mayores que sean”
Contents
¿Cuál es tu reacción?
Lo amo0
Triste0
Feliz0
Enojado0
(self.SWG_BASIC = self.SWG_BASIC || []).push( basicSubscriptions => { basicSubscriptions.init({ type: "NewsArticle", isPartOfType: ["Product"], isPartOfProductId: "CAowkpLYCw:openaccess", clientOptions: { theme: "light", lang: "es" }, }); });
Estos tiempos en que la información se difunde por diferentes canales a una velocidad de vértigo son favorables para que los aspirantes de cualquier disciplina den el salto a la fama. Tiempo atrás, cuando el reconocimiento social y profesional llegaba después de muchos méritos, ocurría todo lo contrario. El cirujano Enrique Moreno González (Madrid 1939) alcanzó esa notoriedad hace décadas gracias a su trabajo —preciso e innovador— y sus resultados. Hace 40 años, cuando la tecnología biomédica era aún limitada y el cirujano no podía apoyarse en ella como lo puede hacer ahora, asumió retos impensables. Y esas cualidades le valieron la concesión del Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 1999.
Jefe del Servicio de Cirugía General y Digestiva del Hospital 12 de Octubre de Madrid entre los años 1973 y 2014, y en el Hospital La Luz hasta la actualidad, ha intervenido a miles de ciudadanos anónimos y a decenas de personalidades. Entre ellos, Raphael, Cayetano Martínez de Irujo, Leopoldo Calvo Sotelo o María Teresa Fernández de la Vega, pese a que el doctor evita decir su nombre. Sobre ellos ha ejecutado técnicas de alta complejidad (y prolongados tiempos quirúrgicos, inasumibles incluso para muchos cirujanos), y ni la condición social ni la edad del paciente han condicionado su actividad. Ni siquiera en nonagenarios. “Nuestra obligación es tratar de curar a los enfermos y, sobre todo, que vivan con calidad de vida”, subraya a La Vanguardia.
Moreno mantiene consulta en la sanidad privada y sigue operando, aunque ahora se está recuperando de una intervención de rodilla, y así piensa hacerlo hasta que “mis enfermos lo acepten y mis estupendísimos colaboradores cirujanos no me adviertan de que estoy perdiendo habilidades”, confiesa.
Videomatón con el cirujano Enrique Moreno: «Creerse perfecto es EL FINAL» | EL PAÍS
La rodilla le ha limitado su trabajo en el quirófano, pero no ha frenado su actividad intelectual, y acaba de publicar el libro Trasplantes (Editorial Panamericana), un tratado de mil páginas en el que han colaborado 171 autores y que se ha presentado en la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), de la que es académico.
Me gustaba dibujar, estudiar y revisar libros, la cirugía experimental, desde la disección de una rana hasta un dibujo… Muchas personas se miran los brazos y las piernas y no le dicen nada, pero al que tiene la vocación de fisiología y de la física, se mira las extremidades y en sus mismas manos aprende anatomía. La vocación inicial se transforma en una vocación fuerte.
Los hijos ven lo que hacemos los demás, y ven también el cariño que nos tienen los pacientes; ven enfermos que estaban destinados a morir y se salvan, y muchos años después siguen llamándote con mucho cariño y van a las consultas. Hay una transmisión oral —yo diría que también espiritual— que los hijos captan rápidamente, y se dan cuenta de que la práctica de la medicina que ven de los padres les traslada a un escenario social y espiritual de dedicación a los demás, de sentir pena por un enfermo; también se interesan por los libros, por la intensa actividad que tienen los médicos… Por otra parte, hay otros con menos vocación o que simplemente sienten que también tienen que disfrutar de la vida, porque se dan cuenta a través de sus padres de que los médicos no tienen horario y que la sociedad les necesita.
Sí, yo creo que es fundamental. Recuerdo a una mujer de avanzada edad a la que operé. Mi padre me preguntaba sobre su evolución y si la quería; yo le respondí que la abrazaría para darle mi calor y mi cariño, y que no tendría la sensación de abrazar a una anciana, sino a una paciente que necesita al médico, no las estructuras que le rodean. Ese sentimiento desapareció al darle el alta, porque ya no necesitaba un médico, sino a sus hijos y a su familia. Mientras el médico actúa, ocupa un papel preferente dentro de la familia, porque hay que tratar al paciente, a los hijos que están sufriendo por su familiar, y hay decisiones muy difíciles que debe tomar el médico, pero siempre de acuerdo con los familiares y con un respeto social muy importante.
El cirujano debe tener confianza en sí mismo. Debe tener carisma para atraer a los enfermos y que estos confíen. Si el enfermo confía en el médico, entre los dos forman un todo en el que también participa la familia, que te mira con respeto y, sobre todo, con confianza. El médico debe involucrarse con los pacientes y sus familias; no puede salir del hospital sin que un familiar lo identifique y le recuerde, incluso que le dé un abrazo. Esa es nuestra energía. Nos la transmite la vocación y luego la experticia, después la experiencia que vamos teniendo con los años y, fundamentalmente, la familia y el enfermo, que se agarra a nuestra mano y sabe que vamos a hacer todo lo posible para que se cure.
Esto me recuerda a una personalidad relevante del mundo social y de la política que llegó a la consulta para operarse de dos hernias inguinales reproducidas. Su característica especial era que tenía 90 años. En la universidad teníamos una relación fantástica con Suiza y venían cirujanos a aprender de nuestro servicio, y yo le pregunté qué interés tenía en que aprendieran sobre él los cirujanos suizos. A pesar de la edad, me oyó perfectamente, se rio y dijo: ‘Lo que sucede es que siempre me gustó esquiar y le tengo cariño a Suiza’. Operé a esa persona y falleció a los 101 años, once años después. Es decir, como yo digo, Dios nos da un chicle que va perdiendo el sabor con el tiempo, pero mantiene la elasticidad y seguimos masticando. Por ello, nuestra obligación es tratar de curar a los enfermos y, sobre todo, que vivan una vida de calidad (aunque no siempre se cumpla).
En otra ocasión intervine a una mujer de una familia de la que yo había operado a algunos miembros. Tenía de 84 años, un cáncer de estómago y alzhéimer. Cuando fui a la habitación a ver a la enferma, me dijo: ‘Doctor Moreno, le estaba esperando’, Y yo respondí: ‘Caramba con el alzhéimer’. La operé y después vivió 15 años. Es decir, hay una forma de tener edad y de envejecer. Es cierto que los tiempos han cambiado, pero ahora tenemos una ciencia que nos permite prolongar la vida y, además, vida de calidad.
La gran ventaja que tiene el cirujano, y la gran mayoría de las veces se cumple, es la de contar con un equipo de enfermería experto, con una excelente dedicación a su trabajo, a pesar de que en ocasiones la intervención se prolonga durante muchas horas. En Estados Unidos, en una operación de 36 horas con el doctor Thomas Starzl, yo pensaba: ‘Estamos todos locos’. Lo que quiero decir es que esa responsabilidad espiritual de la que hablábamos depende, sobre todo, del equipo: en el quirófano, además de los cirujanos, la enfermera, la auxiliar y el celador forman parte de un equipo que confía plenamente en el cirujano, que no es el que dice por dónde ir. En los quirófanos no se habla (algunos ponen una música; yo nunca lo he hecho, pero me parece muy bien), ni hay que buscar elementos de distracción. Todo, al final, depende de las personas y no de la titulación. Luego, cuando el cirujano toma el bisturí y comienza la sección de la piel del paciente —que ya es una persona conocida, querida y respetada—, siente la responsabilidad de que está haciendo la incisión para buscar dentro la enfermedad y erradicarla.
El trasplante no es una escalera, es una forma más que va afinándose con el paso del tiempo. ¿Cómo operamos a una embarazada? Solo por conocimiento. En aquel caso se respetó a la madre y al feto. El embarazo, anatómicamente, tiene una serie de características que permiten aislar el útero; los excelentes anestesistas mantuvieron hemodinámicamente a la enferma y nosotros actuamos en el comportamiento superior. El feto tenía su placenta, el útero que le protegía de la madre; el útero tenía sus venas y sus arterias, así que lo que debíamos hacer era ocuparnos de un compartimento que anatómicamente está más arriba, que es el hígado, de tal forma que el organismo de la enferma casi no se diera cuenta de que estábamos actuando.
Todo fue bien. El hígado funcionó perfectamente desde el primer momento y después se llevó a cabo el parto a través de una minicésarea. De esto hace ya 36 años, y hablando con esa mujer, me dice que el hijo, con casi 40 años, todavía le da la lata… Si se sabe poner bien, el hígado no plantea mayores problemas. Es un órgano muy regenerativo, muy importante, pero puede ser nuestro amigo o nuestro enemigo. Pero para que sea así, el cirujano tiene que estar preparado; eso requiere mucho tiempo de estudio.
La verdad es que no. El anestesista es maravilloso (del grupo de anestesistas que he tenido yo); los cirujanos traumatólogos son extraordinarios y me han cuidado muy bien.
Mirá también
Creo que los médicos tenemos dos mitades: una nos permite vivir sin miedo a que nos ocurra algo, y la otra es la enorme confianza que tenemos en el procedimiento, porque sabemos calcular hasta dónde va a llegar el conocimiento del cirujano para darle más seguridad en el resultado de la intervención. En el quirófano, el cirujano enfermo se encuentra en un ambiente familiar.
Lo que tiene uno, y se da cuenta de ello, es la responsabilidad. Uno no va a disfrutar de los años de universidad de los hijos, aunque tengo la suerte de que mis hijos pequeños son listos y estudiosos. Me llevo con mi esposa 30 años. ¿Eso rejuvenece? No. Ella había sido mi instrumentista durante muchos años y nos conocemos perfectamente, pensamos igual y sufrimos igual por los pacientes. Forma parte de mi mismo ambiente y eso es muy importante. El matrimonio y las relaciones entre personas son cosas muy serias, y cuando uno da este paso es por algo. Y en la parte emotiva, en las relaciones de pareja, hay que ser suficientemente exigentes con uno mismo. Te das cuenta de que hay una vida y, llegado un momento, hay que dar el paso, el que sea, para buscar la felicidad.
Lo que está claro es que entre mis pacientes prevalecen aquellos que han sido menos afortunados, pero las personas importantes nos dan muchas lecciones. Tuve la gran suerte de operar en dos ocasiones al expresidente Leopoldo Calvo Sotelo y llamaba la atención la humildad y la forma de ser de ese matrimonio. Las personas importantes lo son por trabajo, por herencia o por diferentes razones… Mucha gente aparentemente opulenta y orgullosa no lo es realmente; la mayoría ha trabajado mucho y le ha dado un ejemplo a sus hijos. En eso es en lo que debe pensar la gente.
Llega un momento en el que la jubilación nos lleva al júbilo, pero creo que hay personas que podrían seguir trabajando, aunque sean muy mayores, y sería muy bueno, porque tienen muchísima experiencia. Debería considerarse. En el caso personal, me ampliaron el tiempo dentro de la Universidad y de la actividad hospitalaria; se me extendió el tiempo para jubilarme como a otras personas. Hay un decreto ley que permite que una persona que se demuestra útil pueda seguir trabajando, aunque sin recibir ningún estímulo económico, como mínimo hasta los 75. En mi caso, lo hago con 86 años, y alguien puede decir que puede ocurrir algo durante la intervención. Cuando me preguntan cuándo me voy a jubilar, yo respondo que cuando llegue el momento. Puede pasar que tú te consideres útil, pero la gente diga: ‘Uy, cómo está este hombre’. Tengo la gran suerte de tener unos cirujanos colaboradores estupendísimos, y si yo me extralimito porque empiezo a perder habilidades, ellos me lo dirán y no me voy a ofender. Espero que después de la cirugía de rodilla pueda empezar a pensar en si debo seguir con mis enfermos, siempre que yo no les ofenda (en el sentido profesional).
En esta época vemos que lo que hace el mundo es construir, destruir y reconstruir. Es una pena, porque perdemos una enorme cantidad de tiempo, de espíritus buenos y de niños pequeños que no han tenido tiempo de estudiar porque les cae una bomba. Desgraciadamente, vemos que hay una clase en el mundo, en la dinámica de las sociedades, que no debería estar donde está.
El inesperado cruce tuitero entre Malena Galmarini y Martín Guzmán, que incluyó referencias a Sergio Massa, Javier Milei y al modelo económico de Arabia Saudita, sumó un nuevo capítulo este ...
Ya se conocen los números ganadores del sorteo de la Nocturna de este miércoles 30 de septiembre de la Quiniela de Santa Fe. El primer lugar fue para el número ...
Conocé signo por signo qué te depara tu horóscopo para este jueves 01 de octubre de 2026. Clarín te acerca las predicciones más precisas y los consejos más confiables de ...
Conocé las predicciones y qué le depara el horóscopo a Piscis este jueves 01 de octubre de 2026 en cuestiones de salud, amor y dinero. Piscis es comprensivo, compasivo e ...
Dejar un comentario