el devastador resultado de una prueba de choque entre vehículos con 30 años de diferencia

Para conmemorar los 30 años de su programa de pruebas de choque independientes, iniciado en 1995, el Instituto de Seguros para la Seguridad en las Carreteras de los Estados Unidos (IIHS, por sus siglas en inglés) realizó un impactante experimento: estrelló de frente un Chevrolet Blazer de 2026 contra un modelo homónimo de 1996.

La prueba consistió en un choque frontal con solapamiento moderado del 40%, con ambos vehículos circulando a poco menos de 64 kilómetros por hora.

Aunque los expertos preveían una clara diferencia, las imágenes del impacto resultaron escalofriantes y dejaron en evidencia el abismal salto tecnológico en seguridad automotriz de las últimas tres décadas.

Una trampa de metal vs. una celda de seguridad

Desde el instante del impacto, el comportamiento de ambas estructuras fue radicalmente opuesto. En el modelo de 1996, el habitáculo comenzó a deformarse de inmediato. El techo y la puerta del conductor se aplastaron como una lata de conserva, reduciendo al mínimo el espacio de supervivencia.

En el interior, la columna de dirección y todo el tablero se desplazaron bruscamente hacia el dummy, lanzándolo violentamente contra el asiento. Según el IIHS, un conductor real habría sufrido lesiones graves y potencialmente mortales.

En el modelo de 2026, en cambio, la zona de deformación programada funcionó a la perfección, absorbiendo la energía del impacto y canalizándola alrededor del habitáculo en lugar de atravesarlo.

La intrusión en la cabina fue mínima y la puerta del conductor se mantuvo prácticamente intacta. El organismo señaló que el conductor de este vehículo «probablemente habría salido ileso, con solo golpes y contusiones».

«La diferencia entre ambos vehículos es innegable», declaró Joe Nolan, director de operaciones del IIHS, quien además destacó el impacto de estas evaluaciones en la industria: «Estos resultados ponen de manifiesto el papel fundamental de las calificaciones del IIHS en el impulso de muchas de las mejoras clave en seguridad vehicular de los últimos 30 años».

No es la primera vez que el instituto realiza este tipo de comparativas analógicas; ya lo había hecho en su 50 aniversario estrellando un Chevrolet Bel Air de 1959 contra un Malibu de 2009.

Sin embargo, este caso genera mayor alarma al tratarse de un SUV relativamente moderno equipado con bolsas de aire que tuvo un desempeño deficiente.

El organismo advierte que este no es un experimento de laboratorio ajeno a la realidad: el automóvil promedio en las calles estadounidenses tiene casi 13 años de antigüedad, más bajo que en Argentina, que promedia 14,8 años, y miles de vehículos circulan duplicando esa edad. Por lo tanto, un choque de estas características es un escenario perfectamente factible hoy en día.

Desde el inicio de sus pruebas en 1995, el IIHS estima que los avances en seguridad vehicular impulsados por sus estándares han salvado casi 50.000 vidas, consolidando la importancia de la ingeniería estructural por encima de la simple presencia de bolsas de aire.

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