Me sorprende la irresponsabilidad de los adultos que deberían enseñar a sus hijos cómo reflexionar. Sin embargo, está este fenómeno: mis compañeros tienen una visión muy limitada de la sociedad. Por un lado, se tapan con una lucha sin fin: izquierda-centro-derecha. Heredar la ideología de parientes pudre al sistema; lo que necesitamos no es pelea.
Si de verdad quisiéramos progresar, tendríamos que heredar una visión más crítica. Que mis amigos se abran. Porque ahora no piensan más allá. Es como si estuviéramos recortando su pensamiento. Les pido un favor simple: el de no cerrar futuras cabezas.
Por otro lado, no entiendo la hipocresía que construimos progresivamente. No logro comprender por qué hay gente que se queja por la ecología comprándose figuritas de fútbol. Me entristece ver cómo mis amigos se enamoran de personas que parecen “patrióticas” que no ayudan a nuestro país -que se vuelven millonarios a base de corrupción- y, al día siguiente, se quejan de nuestros clásicos problemas.
Sólo quiero recordar esta cita de Sheldon Wolin: “Lo que importa es la continuidad de las preocupaciones, no la unanimidad de las respuestas”. Espero un cambio, no un saludo que me ordene ir a jugar; pues a mí me importa mi nación.
Vigo Raulet Pla vplarau@gmail.com
Estimados Scaloni y equipo: gracias por hacernos soñar que podemos ser mejores, aun perdiendo. Gracias por darnos todo y hacernos felices. La final fue solo un partido, pero los momentos que vivimos durante este torneo superan inmensamente cualquier trofeo. Por eso los esperamos para festejar su gran Mundial y agradecerles.
Lorena Gonzalez lisig75@yahoo.com.ar
Cuando una persona destaca en el fútbol, el deporte más pasional y popular del mundo, la trascendencia que puede llegar a tener es incomprensible. Con el Mundial terminado, hay una pregunta que se me viene a la cabeza: ¿y si nos acostumbramos a lo extraordinario? Lionel Andrés Messi hay uno solo. Disputar tres finales en cuatro Mundiales seguidos es algo poco común, por no decir fuera de este mundo. Es que con Leo lo extraordinario se vuelve ordinario. Una remontada épica de un 2 a 0 abajo contra Egipto, no era imposible de lograr. De solo pensar que este podría haber sido su último Mundial ya me empiezo a angustiar. Lo que tiene este hombre es sobrenatural: una convicción infinita de que todo es posible y un liderazgo que contagia al equipo de esa resiliencia. Personas como Leo hay pocas en todos los ámbitos de la vida. Por eso, cuando uno encuentra a una persona así, no la quiere soltar jamás. A veces llega el momento de despedirse de esas personas, por más que uno no quiera. Y cuando esos ciclos se cumplen, hay algo que queda para siempre: el legado que construyeron. Leo, el pueblo argentino estará por siempre agradecido por hacernos creer que nada es imposible. En la cancha y en la vida.
Melina Eidner melina.eid@gmail.com
Al final del partido y ante un Messi triste vimos como Lamine Yamal se le acerca y le da un abrazo con tanta ternura que me emocionó. Debe ser este fenómeno de 19 años un buen chico con sentimientos profundos y respeto hacia un ejemplo para su carrera como será Messi. Rescato también la imagen de un Obelisco y adyacencias llenos de hinchas agradecidos a un equipo y su conductor que dejaron todo en la cancha.
Ricardo Olaviaga rolaviaga157@gmail.com
A todo el pueblo argentino: hicimos historia demostrando de qué somos capaces: por nuestra Selección dimos todo, salimos a las calles, pusimos el cuerpo, el amor, el dinero y una fe inquebrantable que unió a millones en un solo grito. Si fuéramos capaces de canalizar esa misma fuerza monumental, esa pasión y esas aglomeraciones colectivas para defender nuestro suelo y nuestros derechos, seríamos una nación verdaderamente invencible. No habría obstáculo que nos pueda detener. El futuro de nuestro país depende de que usemos esa misma unión para proteger el mañana de nuestros jóvenes, asegurar la dignidad de nuestros abuelos que ya lo dieron todo y garantizar el bienestar de los discapacitados. La verdadera grandeza se demuestra cuidando a quienes más nos necesitan.
Claudia Lorena Quinteros lorenaquinteros177@gmail.com
Mi primera desazón deportiva la sufrí en 1958, con 10 años, por el “Desastre de Suecia”. Mi nieto Manuel, con 12 años, tuvo el privilegio de ver la consagración albiceleste en Qatar y, ahora, el subcampeonato ante el mejor rival del torneo. Habrá que reconocerlo. El equipo de Scaloni se despidió con una actuación deslucida pero que no afecta, sin embargo, un desempeño general meritorio. Hubo remontadas y victorias épicas. Se perdió sin escatimar esfuerzos. De partidario, casi avergonzado, he pasado a ser hincha confeso y exultante. Mérito atribuible, en gran parte, a Menotti y a Bilardo que hicieron posible una favorable alteración en el ánimo de millones de argentinos de mi generación. El fútbol argentino asiste a un magnífico cambio de era. A un merecido regocijo después de tantos años de frustración. Celebremos.
Alejandro De Muro demuroalejandro4@gmail.com











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