Un estudio publicado en Science Advances reveló que los neandertales tenían una tecnología de la madera mucho más sofisticada de lo que se creía. La investigación analizó 597 restos de madera recuperados en el yacimiento del Abric Romaní, en Capellades, Barcelona, a lo largo de más de cuatro décadas de excavaciones.
Los materiales datan de entre 62.000 y 40.000 años atrás y muestran que la madera no era un recurso ocasional para estos grupos: formaba parte central de su vida cotidiana, desde la caza hasta la organización del espacio que habitaban.
El trabajo fue liderado por la doctora Palmira Saladié, investigadora del IPHES-CERCA y profesora de la Universitat Rovira i Virgili, con la participación de especialistas de más de diez instituciones de España, Francia y el Reino Unido.
Por qué el Abric Romaní es un hallazgo único
La madera casi nunca se conserva en el registro arqueológico. En este yacimiento, el carbonato cálcico recubrió los restos y, al descomponerse la madera, dejó moldes precisos en toca calcárea.
Esos moldes son tan detallados que en algunos casos permiten observar características histológicas de la madera original. Esa condición excepcional hizo posible identificar 13 elementos manufacturados o utilizados por los neandertals, entre objetos domésticos, armas y posibles estructuras.
«Lo más extraordinario del Abric Romaní es que podemos ver cosas que habitualmente desaparecen. Tenemos los hogares, las herramientas de piedra, los animales que procesaron y también la madera», afirmó Saladié en un comunicado.
Entre los hallazgos más destacados aparecieron dos lanzas de madera recuperadas en el nivel R del yacimiento. Una mide 2,45 metros y presenta una morfología compatible con una lanza de empuje, diseñada para usarse a corta distancia. La segunda conserva 1,99 metros y muestra evidencias de trabajo intencional sobre la madera.
Una de las lanzas fue hallada junto a restos de ciervo, otros elementos de madera y estructuras de combustión, lo que ofrece una imagen poco habitual de distintas actividades desarrolladas en un mismo espacio.
Otra pieza resultó más difícil de interpretar. Fabricada en una sola pieza de madera, tiene un mango diferenciado de unos 16 centímetros y un extremo ensanchado y apuntado que le da una forma similar a una maza. Las estrías longitudinales en su superficie indican que fue modelada de forma deliberada.
Su función sigue abierta. Los autores señalaron que los paralelos etnográficos muestran que objetos de este tipo pueden tener también un significado simbólico o social, aunque esa función todavía es difícil de determinar.
Recipientes, estructuras y reservas de leña
El registro también incluye cuatro piezas de corteza carbonizada y aplanada interpretadas como posibles recipientes o bandejas. Algunas están hechas con corteza de enebro, a pesar de que el pino es la madera predominante tanto como combustible como en la mayor parte de los objetos trabajados.
Se documentó además una acumulación de palos cruzados sobre una estructura de combustión, que podría haber formado parte de una estructura elevada para preparar alimentos. Una pieza rectilínea de 5,10 metros de longitud, sin ramas y aparentemente modificada, pudo haber servido para condicionar el espacio habitado.
Los neandertales también acumulaban reservas de leña para uso posterior. El pino silvestre (Pinus sylvestris) era el principal combustible, y la distribución de los restos permite identificar distintas estrategias de recolección, transporte y almacenamiento.
«La madera nos permite recuperar una parte fundamental del mundo neandertal que habitualmente es invisible en el registro arqueológico», señaló el doctor Josep Vallverdú, investigador del IPHES-CERCA y coautor del estudio.
Cuatro décadas de excavaciones continuas
El estudio es el resultado de más de cuarenta años de trabajo en el Abric Romaní. Las excavaciones sistemáticas comenzaron en 1983 impulsadas por el doctor Eudald Carbonell y hoy están dirigidas por Saladié, la doctora M. Gema Chacón y Vallverdú.
«Durante décadas pudimos reconstruir con mucho detalle qué hacían los neandertales con la piedra. La madera nos abre ahora una parte de su mundo que casi siempre había desaparecido», explicó Chacón.
La secuencia de 16 niveles arqueológicos permite seguir la presencia de la madera a lo largo de miles de años y en sucesivas ocupaciones del mismo espacio, algo que no tiene equivalente en ningún otro yacimiento europeo del Paleolítico.













Dejar un comentario