Cuatro personas quedaron a la deriva a bordo de un bote salvavidas en el Océano Pacífico luego de que el yate en el que navegaban fuera embestido por un grupo de cachalotes y se hundiera en el agua a 250 millas náuticas al norte de la pequeña Isla Norfolk.
La embarcación Tai Tam, de 16 metros, fue embestida el sábado 26 de septiembre. «Se escuchó una especie de golpe. Todo el barco se desvió hacia un lado», contó a AFP la australiana Jemma Cooper, quien salió disparada del timón por la fuerza del impacto.
Al principio, sin saber qué había pasado, notó una decoloración marrón en el agua y vio un cachalote. «Miramos hacia nuestro lado de babor y había entre seis y ocho ballenas, una manada. Entonces quedó claro de qué se trataba», relató.
Su esposo, Jeremy Cooper, recordó que estaba durmiendo bajo cubierta cuando el impacto lo despertó. «De inmediato quedó claro que era algo muy grave», señaló.
“Todo el mecanismo de dirección estaba destrozado en el costado de estribor y entraba una gran cantidad de agua”, explicó Jeremy en diálogo con AFP.
A la 1 p. m. hora de Nueva Zelanda del sábado (24:00 GMT del viernes) —unos 30 minutos después de la colisión con la ballena— activaron una baliza de emergencia.
«Lanzamos una señal de socorro completa», detalló Terry Hetherington, miembro de la tripulación neozelandés, y agregó que pasaron las siguientes horas sacando del barco toda el agua que pudieron.
La Fuerza Aérea Real de Nueva Zelanda envió un avión de patrulla P-8A Poseidón a la zona para establecer comunicaciones por radio y coordinar el rescate.
Martin Jaffre, miembro francés de la tripulación y carpintero, afirmó que la colisión con la ballena dejó varios cortes en el casco y agrietó la estructura de fibra de vidrio, además de romper el sistema de timón.
«Ya no podíamos dirigir el barco, y un barco sin timón se convierte rápidamente en un problema», declaró a la AFP.
Jaffre luchó por frenar la entrada de agua con todo lo que tenía a la mano, incluida espuma expansiva, y nadó por debajo del barco para inspeccionar el casco, según contaron sus compañeros de tripulación.
Los marineros intentaron permanecer a bordo el mayor tiempo posible. Lucharon por evitar que el motor se atascara y sacaron agua a mano. A altas horas de la noche, abandonaron el barco y se trasladaron a una balsa salvavidas en un mar en calma y bajo la luz de la luna llena.
En las primeras horas de la madrugada del domingo, cortaron el cabo que los unía al yate, por temor a que este los arrastrara hacia el fondo. Poco después, el yate se hundió bajo las olas.
Un buque portacontenedores de 143 metros, el MV Sofrana Surville, rescató a los marineros a las 6 a. m. del domingo (17:00 GMT del sábado), según informó el ejército de Nueva Zelanda, aproximadamente 18 horas después de su encuentro con el cachalote.
«Fue maravilloso, maravilloso, y tuvo un final terrible, terrible, pero, afortunadamente, no hubo pérdidas de vidas», completó Jeremy Cooper.











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