En la Argentina convivimos con una tensión constante: lo urgente y lo importante. Mientras gran parte de la sociedad exige soluciones económicas inmediatas -algo lógico en un contexto donde el ingreso no alcanza-, también persiste una deuda más profunda: la calidad de nuestras instituciones.
Durante décadas distintos gobiernos prometieron estabilidad y bienestar pero, sin reglas claras ni sostenidas en el tiempo, los avances fueron frágiles. La historia reciente muestra que sin justicia eficaz, sin transparencia y sin renovación en la dirigencia política y sindical, cualquier mejora económica termina siendo pasajera. No se trata de elegir entre economía o instituciones. Esa es una falsa dicotomía. Sin alivio en el bolsillo, la sociedad pierde paciencia; pero sin reglas claras, el esfuerzo nunca se consolida.
El verdadero desafío es animarnos a pensar en un camino que combine ambas dimensiones: ordenar la economía mientras construimos instituciones más sólidas, creíbles y abiertas. Esto requiere no solo decisiones de los dirigentes, sino también madurez social para sostener cambios que no siempre son inmediatos. Tal vez el cambio que muchos anhelamos no dependa de una solución mágica, sino de la constancia en hacer las cosas mejor, incluso cuando cuesta. Porque una sociedad que solo mira el corto plazo está condenada a repetir sus errores.
Eduardo D. Olivera eduardodanielolivera@gmail.com
Sr. Presidente: alrededor del 90% de los que lo votamos en 2023 no votamos a Javier Milei como tal por no conocerlo suficientemente. Lo hicimos en contra de un sistema al borde de una hiperinflación y por muchas causas de público conocimiento. Sabemos que 20 años de malas gestiones no se pueden resolver en un par de años. Con satisfacción vimos alejarse la hiperinflación, y la mano firme respecto a la eliminación de gastos superfluos en la administración pública, el compromiso de eliminar la corrupción y la suspensión de las casi diarias marchas de protesta. Todo esto y mucho más se logró pese a la muy escasa representación en el Congreso. Lo que más valoramos es que Ud. actúa por ahora siempre acorde a las leyes y la democracia. Se logró una amplia mayoría en las elecciones de medio término de 2025 que permitió lograr la sanción de dos importantes leyes. Sin embargo, Sr. Presidente, en las últimas semanas aparecieron preocupantes sombras. La patria está por encima de todo, de amigos y familiares, por más que ocupen puestos en el Gobierno. Estos hechos están afectando su imagen y surgen los primeros síntomas de una disminución en su gestión. En otro orden, quizás sea conveniente no atacar a los que piensan e informan distinto. Con su éxito Presidente, se van a callar solos si no tienen razón. Recuerdo lo que en su momento escribiera Esteban Echeverría: “Así, Rosas hubiera puesto a su país en la senda del verdadero progreso: habría sido venerado en él y fuera de él como primer estadista de la América del Sud; y habría igualmente paralizado sin sangre ni desastres, toda tentativa de restauración unitaria. No lo hizo…”. Presidente, lo necesitamos, no nos defraude. A su clásico “Viva la libertad”, me permito agregar “Viva la patria”.
Pedro E. Kölbl pekconst@gmail.com
Quisiera denunciar cómo se violan las rayas peatonales blancas en CABA. Sucede tanto cuando no hay semáforos y, con menos frecuencia, incluso cuando los hay. Por ejemplo, es indignante presenciar cómo destartalados camiones tocan bocina en forma incesante y violan el cruce peatonal aun cuando sean personas ancianas o con cochecitos de bebé los que lo atraviesan. Todos los controles deberían ser alertados para detener a los infractores y/o anotar las patentes. Gruesas multas impedirán este accionar delictivo. En otros países son severísimos los castigos.
Hector Aleandri hectoraleandri@gmail.com










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