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Aprender a vivir y no morir en el intento

Cada vez es más común toparse en el entorno digital con un sinnúmero de publicaciones que pretenden enseñar cómo debemos vivir. Por momentos la sensación roza el alivio irónico: el 95% de esos mandatos se ejecutan de manera errónea o directamente se omiten, y sin embargo la vida continúa su curso con relativa normalidad. Esto abre un dilema razonable: el margen mínimo restante se cumple con una efectividad asombrosa o no resulta indispensable vivir bajo las prescripciones ajenas.

Los algoritmos imponen una exigencia voraz. Proliferan esquemas de entrenamiento que demandarían jornadas de tiempo completo para alcanzar un ideal de cuerpo sin dolor y rendimiento sobrehumano; rutinas alimentarias que exigen huertas artesanales y productos exóticos de recolección remota; diversificaciones financieras que oscilan entre la especulación tecnológica y el trading algorítmico, y un mandato permanente de actualización frente a herramientas digitales que nacen y caducan en cuestión de horas. A ello se suman el mindfulness, los viajes de retiro interior, la conexión afectiva programada y una batería de tratamientos preventivos que prometen eludir la finitud.

El resultado de condensar el canon de la vida perfecta arroja una cifra absurda: jornadas teóricas de más de 60 horas. La hipérbole sirve para retratar una vivencia extendida: el desconcierto, la sobrecarga y la sensación de que el tiempo no alcanza y de que el sujeto contemporáneo no alcanza para el tiempo.

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En épocas precedentes, el simple hecho de cumplir años representaba una celebración genuina de la existencia compartida. Hoy, el envejecimiento parece haberse transformado en un examen de eficiencia: existe la obligación tácita de alcanzar la vejez en un estado de juventud forzada, con holgura económica, títulos, viajes y un rendimiento intachable. Ser longevo ha dejado de ser un privilegio de la vida para convertirse en un parámetro de productividad. Frente al mandato incansable de optimizar cada minuto para cumplir con la expectativa ajena, emerge la pregunta central: si el objetivo es acumular años bajo un libreto prefabricado o recuperar el sentido de sentirse verdaderamente vivo.

Jerónimo Bertoni jeronimo.bertoni@gmail.com

Caminar por las veredas de nuestra ciudad se ha convertido en una carrera de obstáculos que compromete la integridad física de los peatones, fundamentalmente de niños y adultos mayores. La irrupción de monopatines eléctricos, bicis a alta velocidad y motos de reparto transitando sobre las veredas ante la falta de controles municipales efectivos desvirtúa la función esencial del espacio peatonal. El derecho a circular con tranquilidad sin el riesgo de ser embestido en la propia vereda constituye un principio cívico básico. Recuperar el orden urbano y fiscalizar el cumplimiento de las normas no representa un afán punitivo, sino la garantía elemental de convivencia y protección al ciudadano a pie.

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Francisco Sciaky franciscosciaky@gmail.com

En pocos días, Argentina dará la bienvenida a León XIV. En su visita pastoral, se reunirá con un grupo de huéspedes de la cárcel de Devoto. No hay previsto un encuentro con la contracara de los delincuentes: con sus víctimas. Esta omisión no creo que sea voluntaria; probablemente sea un error, un olvido subsanable. Los gestos papales están cargados de simbolismo. Por ello, reunirse con culpables y no con víctimas inocentes, puede verse como una acción incompleta, falta de equidad. Ambos sufren. Los victimarios, por lo que hicieron. Las víctimas, por lo que les hicieron. La bendición del Papa puede ser, para el recluso, el comienzo de su redención, pero ¿es caritativo negar este don a quienes fueron golpeados, violados o lloran vidas arrebatadas, tal vez, por alguno de los bendecidos? Quien organiza la agenda papal está a tiempo de corregir la actual elección. Muchos pueden sentir dolor si el Pastor, por confortar a los lobos, descuida a sus lastimadas ovejas.

Roberto Picozzi Gandía picozzir@gmail.com

¿Por qué no iba a ganar Lula? Da Silva ha venido gobernando para el bien de Brasil. Es grande, tiene 200 millones de habitantes, está asociado con Rusia, China e India, además de Sudáfrica y otras naciones. Tiene unas Fuerzas Armadas que cuentan con material moderno, la Marina ha incorporado 5 submarinos Scorpène convencionales y está construyendo uno a propulsión nuclear. Están fabricando localmente los aviones Gripen (suecos) de última generación. Se autoabastecen de petróleo con lo que extraen de los yacimientos del presal en el Atlántico. Este resultado deja descolocado a nuestro Presidente, que puede ser un buen economista pero ha quedado claro con su postura que no es un estadista. Nuestro principal socio es Brasil. Deberá estudiar Milei cómo recompone las relaciones con el país hermano.

Norberto Gabriel Fano norberto.fano@gmail.com

No considero válido normalizar el maltrato ni las ofensas. Me costó años educar a mi hijo para que entendiera que insultar y decir malas palabras está mal. Así lo pensaba y aún hoy lo sigo pensando. Se puede disentir, se puede denunciar y se puede exigir una disculpa, pero ser grosero y casi obsceno, no; eso no. Estamos hablando del máximo representante del país, quien debería ser un faro y un ejemplo a seguir. Sin embargo, parece que hace años que estamos condenados a no tener buenos referentes desde el poder.

Susana Mastronardi susumastro@gmail.com

Fuente

Minardi Automotores
Vinería La Carreta
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Sunchales dialogo
Municipalidad de Sunchales