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una grave enfermedad se extiende en las granjas de cerdos y preparan un plan de acción público privada para erradicarla

La enfermedad de Aujeszky continúa siendo uno de los principales desafíos sanitarios para la producción porcina argentina. Los datos del 22 de octubre de 2026 muestran que en el país hay 1.108 establecimientoscon estatus sanitario del virus registrado en el sistema del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), que reunen aproximadamente 3,83 millones de cabezas. De ese total, 104 establecimientos se encuentran en las categorías de infectados o en proceso de saneamiento. En conjunto, comprenden 503.246 animales, equivalentes al 13,1% de las existencias registradas en el relevamiento.

La clasificación sanitaria muestra 11 establecimientos infectados, con 52.909 animales; 74 en saneamiento con vacunación, con 427.884 cabezas, y otros 19 en saneamiento sin vacunación, con 22.453 animales. Se considera establecimiento infectado a aquel donde se confirmó la presencia del virus y en saneamiento a los que ya se encuentran ejecutando un programa de intervención sanitaria para eliminar la infección.

Por su parte, 587 establecimientos están clasificados como libres, con 2.745.190 cabezas, mientras que otros 391 se encuentran bajo vigilancia, con 520.384 animales. Además, figuran 26 establecimientos en situación de prórroga, que reunen 60.470 cabezas. Estas cifras corresponden a establecimientos incorporados al registro sanitario pero no son la totalidad de las granjas porcinas del país.

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La distribución territorial muestra una fuerte concentración del problema en Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe. La provincia de Córdoba reunía 232.931 animales en establecimientos infectados o en saneamiento, casi el 46% del total nacional de esas categorías.

«Nos preocupa el avance que ha tenido el virus en la producción, considerando que hace no mucho tiempo su prevalencia era muy baja, si bien es una enfermedad endémica en Argentina, la prevalencia en los predios era bastante baja», expresó Agustín Seijas, director ejecutivo de la Federación Porcina Argentina.

Antes, los casos se circunscribían a pequeñas granjas aisladas, pero desde hace pocos años, se produjo un cambio epidemiológico en el actor afectado con el surgimiento de los grandes establecimientos porcinos, el virus se multiplicó drásticamente. «Estas granjas, por su gran número de animales, se infectan y terminan generando una explosión, una superdiseminación por la cantidad de animales que mueven, que envían a frigorífico o venden a otras granjas, terminan actuando como súper diseminadoras», señaló la médica veterinaria Laura Alarcón, integrante del equipo técnico que desarrolla el Plan de Erradicación de Aujeszky en la FPA. Según la especialista, el 20% de las granjas generan el 80% de la diseminación o de las nuevas infecciones.

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«Necesitamos encarar una erradicación completa de la enfermedad en lugar de limitarnos únicamente a su control y prevención porque las consecuencias directas de no hacerla son bastante graves a nivel económico y productivo, ya que se traducen en pérdidas de animales, principalmente en los nacimientos y también en muy poca ganancia de peso en los capones», advirtió el directivo de la FPA.

Por otra parte, remarcó que se trata de una afección «estrictamente productiva y exclusiva de los animales«, que afecta directamente a la producción pero no tiene ningún tipo de impacto en la calidad de la carne, ni se transmite a las personas: «El consumo de carne porcina sigue siendo 100% seguro«, subrayó Seijas.

Un plan conjunto

El 24 de octubre de 2025, el SENASA publicó la Resolución 810/2025, que aprobó el nuevo Plan Nacional de Control y Erradicación de la Enfermedad de Aujeszky. La medida, elaborada junto con representantes del sector privado, entró en vigencia 180 días después de su publicación, en abril de 2026.

La normativa alcanza a todos los establecimientos de producción porcina doméstica con fines pecuarios, independientemente de su escala y de que comercialicen o no sus animales.

Entre sus principales herramientas establece una nueva clasificación sanitaria, controles serológicos periódicos y mayores exigencias para los movimientos de porcinos. Los establecimientos que no tengan certificación de libres deben permanecer bajo vigilancia y cumplir los muestreos correspondientes.

En los establecimientos con más de 100 reproductores, la certificación de libre requiere controles serológicos cada cuatro meses. Para los demás establecimientos, la categoría bajo vigilancia contempla pruebas semestrales, de acuerdo con el cronograma establecido por la resolución.

Cuando se confirma la infección, el establecimiento queda bloqueado para los movimientos de ingreso y egreso hasta la presentación de un plan de saneamiento. El productor, con asesoramiento de un veterinario acreditado, debe presentar ese programa ante el SENASA dentro de los 30 días corridos posteriores a la confirmación.

La estrategia contempla la eliminación de los animales infectados y, cuando corresponde, la vacunación con vacunas gE negativas. Esta tecnología permite diferenciar a los animales infectados naturalmente de aquellos que fueron vacunados, una herramienta fundamental para avanzar en el control y la erradicación.

Además, actualmente, un equipo técnico de la FPA junto a especialistas del SENASA se encuentran trabajando de forma integrada en el desarrollo de un plan de acción para erradicar la virosis.

«La enfermedad es endémica en Argentina hace muchos años, pero con el advenimiento de los grandes establecimientos se ha incrementado la incidencia de focos o se han hecho más visibles y con mayor daño económico que antes. Para frenar esta incidencia, la Federación y el SENASA, estamos trabajando en un plan conjunto», explicó Ramón Sanguinetti, coordinador del Plan de Erradicación de la FPA. Dentro de las acciones para erradicar la enfermedad, como primera medida, se incluye identificar a todas las fuentes de infección o posibles vías de diseminación del virus, como «los establecimientos positivos, contaminados, que mandan animales a faena o no, porque el virus se disemina de muchas maneras, va con los animales, va con los vehículos, va con las personas», indicó.

Otra de las acciones fundamentales será incrementar las medidas de bioseguridad para que los establecimientos tengan una mayor contención y eviten el ingreso a la enfermedad. «Se ha trabajado mucho durante este último tiempo para desarrollar un sistema para medir la bioseguridad y establecerla«, dijo el especialista. Una vez identificadas las granjas infectadas, la tercera medida a seguir, indicó, es activar el saneamiento, que implica controlar la enfermedad y luego erradicarla. Algo que el técnico consideró clave es «buscar los que ya están infectados y los que no sabemos, pero que lo están, ese es el punto, trabajar para encontrar los que todavía son desconocidos, las fuentes de virus».

Tal como contó Sanguinetti, «el trabajo grande para el año que viene es identificar y sanear a todos los positivos» y para eso se van a utilizar distintos mecanismos, como tomar muestras en frigorífico de los animales que se faenan, que vienen con trazabilidad de origen y, en los lugares donde no se pueda obtener el control por frigorífico, se hará localmente. Para eso en la Federación Porcina Argentina están armando un fondo económico a fin de solventar los gastos operativos de este trabajo público privado. Las acciones serán coordinadas con SENASA y la FPA colaborará en el aporte de elementos necesarios y en cuestiones operativas. «Hay que controlar la diseminación del virus y el mecanismo es identificar, controlar y mitigar las fuentes de infección, este es esencialmente el Plan de Erradicación que se estará poniendo en marcha en estos meses y en lo que se va a trabajar fuerte el año que viene», remarcó.

La estrategia fundamental del plan de erradicación de la FPA, es «detectar dónde está el virus, conocer realmente todos los establecimientos positivos por una vigilancia epidemiológica más exhaustiva y, a partir de ahí, enfocarse en el saneamiento de los infectados y ver que realmente estén saneando», subrayó Alarcón.

Para la veterinaria, «si hay una granja infectada tiene que estar vacunando«. Cada dosis cuesta medio centavo de dólar y se aplican dos dosis por cerdo. En tanto, a las hembras se las vacunan con tres dosis al año. «Hay granjas que están vacunando y comenzaron con signos clínicos nuevamente, porque no vacunaron bien. Al estar el virus circulando, diseminándose, aunque vacunes, si no cuidas la bioseguridad, podés tener nuevos ingresos de virus. Si no cerrás la puerta por la que entró el virus, si tu proceso de carga o descarga de cerdos era anómalo y por ahí te entró el virus y no lo corregís, va a ir entrando virus y vas a tener de nuevo una presión de infección», advirtió Alarcón.

Por otra parte, remarcó la importancia de hacer una vacunación a nivel regional ya que en Argentina hay zonas con una gran densidad de granjas donde no se debe actuar solo de forma individual, sino que es necesario implementar estrategias de vigilancia, vacunación y control zonales.

Dentro de las acciones de vigilancia el nuevo Plan Nacional de Erradicación de Aujeszky solo contempla la toma de muestras de sangre de hembras. «Actualmente, la enfermedad en las granjas inicia por los capones, los cerdos de engorde, entonces, aparte de las cerdas, hay que poner el control ahí, con un cierto tamaño muestral», señaló la veterinaria.

La bioseguridad, indispensable

La enfermedad de Aujeszky es causada por un herpesvirus que afecta a los porcinos y puede provocar trastornos reproductivos, respiratorios y nerviosos. En los lechones puede ocasionar una elevada mortalidad, mientras que en animales adultos la infección puede presentarse con signos menos evidentes.

Los jabalíes y otros suidos silvestres también pueden actuar como reservorios del virus, por lo que evitar el contacto con los cerdos domésticos constituye otra medida preventiva importante.

La detección temprana, los controles serológicos, la vacunación cuando está indicada, la limpieza y desinfección de instalaciones y el control del ingreso de animales son algunas de las medidas centrales para impedir la propagación.

«Para afrontar esta situación, existen dos formas: una la tenemos a nivel productores y es la bioseguridad, es la barrera principal con la que cuenta cualquier tipo de establecimiento porcino para frenar el ingreso de cualquier agente sanitario», indicó Seijas. Dentro de eso, incluyó «contar con cercos perimetrales en las granjas, tener los accesos controlados, la restricción y el registro de visitas, por ejemplo, también tener protocolos estrictos de higiene, que haya cambio de ropa en el personal de trabajo y algo sumamente importante como garantizar el lavado y desinfección de todo camión o vehículo que ingrese a la granja», enumeró.

Además, para poder hacer una detección temprana de la enfermedad, consideró relevante poder aumentar la frecuencia de los muestreos, que en la actualidad, dependiendo de la cantidad de animales de cada establecimiento, se realizan cada 4 meses o 6 meses. Su sugerencia es hacerlo cada 30 días para lograr llegar a una detección temprana. Asimismo, remarcó que, «ante cualquier signo clínico se hagan los análisis inmediatos y se dé aviso a la autoridad sanitaria».

El desafío para la cadena porcina argentina es sostener la aplicación del plan nacional, acelerar el saneamiento de los establecimientos positivos y evitar nuevos contagios. La erradicación no depende solamente de detectar los focos, sino también de garantizar que cada establecimiento cumpla las medidas sanitarias necesarias para cortar la circulación del virus.

Fuente

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