Durante décadas, el otoño tuvo una rutina conocida para la familia Thacher: preparar los terrenos, recoger arándanos rojos y trabajar juntos hasta completar la cosecha. Este año, los movimientos se repitieron, pero con un tono diferente. Es la última producción comercial en esos cultivos de Harwich, en Cape Cod, Massachusetts.
Raymond Thacher Jr. decidió retirarse de la explotación de la propiedad familiar, un terreno de 50 acres —unas 20,2 hectáreas— que incluye aproximadamente 21 de cultivos. El Harwich Conservation Trust se hará cargo de su restauración ecológica, según informó Cape Cod Times.
El 15 de octubre, bajo el sol de otoño, un pequeño equipo reunió los frutos del terreno inundado para cargarlos en un camión. La escena cerraba una historia familiar iniciada a finales de los años cincuenta.
Por qué Thacher Jr. decidió dejar de cultivar arándanos rojos
Thacher comenzó a ayudar a su padre después de la escuela cuando tenía apenas siete u ocho años. Como adulto, continuó trabajando las mismas tierras, pero el esfuerzo físico y las dificultades económicas terminaron por inclinar la decisión.
Según explicó, los cultivos necesitan una reconstrucción y replantación extensas, sin garantías de recuperar la inversión. Calcula que renovar cada acre puede costar unos US$30.000, a lo que se suman los años que necesitan las nuevas plantas para empezar a producir.
“Ahora mismo estoy pagando por cultivar arándanos”, afirmó. “Cada año me ha costado dinero cultivar arándanos, durante los últimos cinco años”.
Los precios también cambiaron. Después de superar ampliamente los US$50 por barril, cayeron a finales de los años noventa. Según el relato del agricultor, el año pasado apenas alcanzaban los US$22.
La competencia de Wisconsin, con condiciones climáticas y métodos de cosecha diferentes, agregó presión sobre los productores de Massachusetts que mantienen plantaciones antiguas.
El Harwich Conservation Trust planea devolver al terreno sus características ecológicas naturales. Según la organización, se trata del mayor paisaje sin urbanizar que queda en Harwich.
Históricamente, dos arroyos procedentes de Flax Pond y Sand Pond atravesaban la propiedad. El proyecto contempla:
Para Jayne, hermana de Thacher, la transformación tiene un sabor agridulce. “Aquí guardo muchos recuerdos maravillosos”, expresó. “Me da pena que se acabe. Es una forma de vida maravillosa, pero también dura, y cada vez somos mayores y estamos más cansados”. Aun así, valoró el destino elegido para la propiedad: es “mejor que tener condominios aquí”.
Los hijos del agricultor, Raymond III y Kory, viajaron desde Arizona y Oregón para colaborar. Participaron junto a su tía, sus parejas y Jason Gingras, trabajador agrícola y amigo cercano de la familia.
Ambos hermanos se convirtieron en ingenieros. Raymond III recordó que su abuelo los había alentado a estudiar al advertir que el negocio perdía rentabilidad.
“Cuando éramos pequeños, mi abuelo nos decía que podíamos trabajar con él y mi padre o sacar excelentes notas en la escuela, así que mi hermano y yo nos hicimos ingenieros”, contó.
Aunque termina la explotación de estos terrenos, Thacher no abandonará por completo los arándanos. Conservará un cultivo de dos acres junto a su casa, destinado al consumo propio y a la venta a un distribuidor.
También quiere viajar durante más tiempo, sin tener que regresar apresuradamente para atender la propiedad, y dedicarse a proyectos domésticos. “Quizás me dedique a plantar césped en lugar de arándanos”, bromeó.















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