-Mario Alberto Kempes, campeón del mundo 1978, ¿cómo estás viviendo este Mundial? En general, ¿qué te atrapa?
-Lo que pasa es que nací con el fútbol, viví con el fútbol y sigo disfrutando el fútbol, y eso creo que hasta el último momento me va a seguir acompañando. Pero bueno, yo creo que es un Mundial diferente, que con 48 equipos nos hace ver selecciones nuevas, selecciones que no estamos acostumbrados ni a mirarlas a la hora de clasificar y que algunas han sido verdaderas sorpresas. De cualquier manera, pienso que la sorpresa está ahora en la zona de grupos, digamos, pero más adelante, en el mano a mano, creo que eso va a cambiar.
-Viste que la cabeza de los seres humanos guarda no solo recuerdos en la memoria, sino también, a veces, sensaciones. ¿Te pasa de ver algún partido y que por el cuerpo te circulen tus vivencias?
-Ha pasado mucho tiempo desde lo que yo viví, pero realmente lo comparo con la incertidumbre que uno tiene de cómo va a funcionar tu equipo; en mi caso, la Selección Argentina. Y a veces uno piensa: “Bueno, esta selección no la conoce nadie, yo no la he visto jugar nunca”. Y a veces es el momento hasta que el árbitro suena el silbato, pero después, en los primeros minutos, ya te das cuenta de por dónde va a ir.
-¿Te gusta el fútbol de hoy?
-Está siendo un poco mezquino. Lo veo con algunas selecciones que tendrían que ir al frente. Pero siempre, siempre lo he dicho y lo voy a seguir diciendo: el primer partido es el más difícil. Puede saltar la sorpresa de perder una selección grande, pero al final se recuperan y ya están metidos en lo que es el Mundial.
-Estamos viendo un Mundial de grandes cambios, no solo a nivel reglamentario, sino en cómo afrontar cada partido con esto de los cuatro cuartos. ¿Cómo ves esa adaptación de DTs y jugadores?
-A algunos los favorece, a algunos los tira para atrás. La sorpresa viene después del refrigerio. No sé si les dan agua o un whisky, porque algunos se duermen y otros se despiertan. Pero creo que son demasiados minutos y esto hace que se enfríe un poquito. ¿Hace calor? Sí, es verdad, pero ¿en tres minutos te vas a recuperar? El jugador se enfría y pierde ese timing que debe tener cuando vas para delante o cuando te tienen a vos atrapado.
-Respecto de las nuevas reglas, ¿hay alguna que te guste?
-La de castigar a quien se tapa la boca me parece la más interesante. La del saque del arquero o un saque de banda, tiro libre o eso siempre se va a demorar un poquito más. Ahora, la canchereada se tiene que pagar. Lo de taparse la boca me parece una ridiculez desde el primer día, porque lo que tenés que decir tiene que ser de frente. Hay otras cosas con las que sigo estando en desacuerdo, como, por ejemplo, el tiempo del VAR.
-¿Considerás que debería seguir funcionando el VAR o añorás que se vuelva al anterior fútbol?
-Ayudar, ayuda, no lo vamos a negar. Los dos primeros goles de Argentina contra Argelia estaban claritos para ser anulados. Lo que yo digo del problema del VAR es que el referí tiene que ir a verlo, no esperar a que le tiren las líneas. Que lo vea dos, tres o cuatro veces, de una manera diferente, en el televisor. Pero no lo hagás perder cinco minutos para recién ahí llamarlo.
-¿Notás avances puntuales en algunos seleccionados o en algún continente?
-Hablando de África, en Marruecos, por ejemplo. Uno siempre piensa que los africanos, de una vez por todas, tienen que dar ese paso adelante o los dos pasos que necesitan, pero siempre se quedan a mitad de camino. Y ese es el gran problema de ellos. Pero bueno, hay otras selecciones como Cabo Verde; no sé si tiene 160.000 habitantes, y es la primera vez que entra y le empata a España y Uruguay.
-También es el Mundial de los datos, de las estadísticas, ¿cómo te llevás con esa parte del análisis?
-La verdad es que no me gusta. Un partido es totalmente diferente al otro. Yo creo que, menos a (Lionel) Messi, a todos les puede afectar. Los tiempos van cambiando. No puede ser este Mundial igual que el 78 porque eran pocos equipos. Ahora ya son ocho partidos para salir campeón; antes eran siete. Y el jugador, cuando llega a un Mundial, llega un poco desgastado.
-¿A ustedes les pasó esa repercusión o se da ahora por la globalización digital?
-Es diferente. Argentina no estaba pasando por un buen momento político, pero, de cualquier manera, siempre llega gente. Hay algunos que tenían miedo por la situación de Argentina. Pero bueno, nunca pasó nada en el exterior. Nosotros sentimos el calor, pero de nuestro pueblo. Si miramos por todos lados, la hinchada argentina es la que más atrae, aunque a lo mejor no sean todos argentinos los que están en el estadio.
-Profundicemos sobre la Selección, ¿ves que funciona mejor?
-Te digo la verdad, yo desde el segundo partido en Qatar 2022 hasta el día de hoy no le vi cambios. Siempre ha intentado jugar a la pelota. Han pasado tres años y medio, los jugadores han crecido y sigue siendo ese grupo compacto en el que todos corren —menos Messi, la excepción a la regla—. Siempre hay un sacrificado, pero en Argentina no hay uno solo sacrificado. Creo que los que menos corren son Messi y el Dibu (Martínez). Los otros están muy parejitos a la hora de correr.
-¿Y cuánto influye la confianza en todo esto?
-Muchísimo. Vos fijate que no necesitan a Messi en todos los tiros. Es decir, roban la pelota en mitad de cancha y van para otro lado. Si vamos a selecciones anteriores a Qatar, Messi tenía que sacar la pelota de atrás, tirar el córner, cabecear… basta. Por eso yo creo que esa Argentina fracasó teniendo los mejores jugadores. Hoy Messi sigue siendo importante, pero con menos responsabilidades, porque se las reparten entre todos.
-Hablando de Messi en particular, ¿te pasa que te quedás sin adjetivos?
-No te sorprende. Al principio, antes del Mundial, tenía la duda de que le iban a hablar para jugar 45 o 60 minutos, pero la explosión de Messi te hace callar, porque ahora ya no podés decir que juegue 20 minutos, porque en ese tiempo te hace tres goles y quiere estar el resto. No quiere salir nunca. Si decís que es un marciano, es viejo; si decís un extraterrestre, es viejo; si le decís E.T., es viejo. Son personajes que salen de tanto en tanto, como Diego, y son argentinos, y los disfrutamos como argentinos.
-Esta semana se cumplieron también 40 años del partido vs. Inglaterra en 1986, ¿te pasa lo mismo por el cuerpo al ver a Diego Maradona y a Messi?
-Diego nunca lo tuvo fácil. Muchos problemas en Barcelona: lesión, hepatitis, un montón de cosas. En Napoli le fue mejor, quizá disfrutó más. Y Leo creo que, cuando llegó a Barcelona de pequeñito, ya venía con esa aureola de zurdo maravilloso y no le costó mucho. A mí me pasa lo mismo con los dos. Es decir, los dos con baja estatura, cerca del piso, muy rápidos en velocidad, pero también para pensar, que es lo más importante. Creo que lo mejor que han tenido es la gambeta, el sprint y la facilidad para el gol.
-¿Qué aspectos te llaman la atención de esta Selección?
-La Selección juega bien en corto, porque cuando la aprietan hay tres o cuatro pases y el contrario retrocede, y después tiene ese pase de 30 o 35 metros. Pero se necesita también otra clase de ayuda por parte de los compañeros, que es la aportación del gol. Cualquiera, eh… No solamente Julián o Lautaro; cualquiera del mediocampo tiene que llegar.
-¿Es muy difícil encontrar esa identidad que hoy tiene Argentina?
-Scaloni lleva ocho años, casi prácticamente con todos los mismos jugadores, y tienen buen manejo de pelota. Esta clase de jugadores hace un rondo o un loco y te podés pasar cuatro horas adentro porque tienen mucha facilidad para tocar en corto. Y eso también lo practican en los partidos.
-¿Qué le ves al Scaloni conductor?
-Tranquilidad. Sapiencia. Habla mucho con sus tres ayudantes, también exfutbolistas y jóvenes. Y esa mentalidad que tiene para, sea quien sea, sacar a cualquiera sin problemas. Y vos ves que no hay ninguna manzana podrida dentro del grupo. Todos acatan el motivo por el que lo puso o por el que lo sacó. Es una persona que respeta al jugador y es respetado por el jugador. Sigue manteniendo la esencia porque el equipo juega bien, pese a que han salido algunas caras y otras han entrado, por lo que dentro de cuatro años ya hay gente que tiene experiencia. Vos ponés un picapiedra en el medio de este equipo y aprende a jugar. Si Scaloni lo llama y lo pone, por algo será. También marca, porque vos ves que juegan Mac Allister o Enzo Fernández y pensás que no le quitan la pelota ni a una hormiga… y, sin embargo, no pasa nadie.
-Lautaro Martínez y Julián Alvarez, ¿cómo es ese ida y vuelta?
-Yo no creo que haya que discumtir quién es el titular. Son dos goleadores. Lo que pasa es que son diferentes. Yo creo que Julián es más nueve, a ver si se me entiende, ayudándolo a Leo. Si lo ponés a Lautaro quizá corre menos, pero te hace esa primera función del delantero defensor que facilita el trabajo de los mediocampistas. Ahora, hacer goles va por rachas. Aparte, no tiene que marcar siempre.
-¿Considerás que, como hubo un menottismo y un bilardismo, ya hay un scalonismo?
-Creo que hay un gran entrenador, porque no solamente dirige, sino que enseña. Yo no te digo que es el padre de los jugadores porque tiene casi la misma edad que alguno de ellos, pero se hace entender, con muy buenas ideas para llevar a jugadores de esta índole para adelante y que confíen en él. Y espero que Scaloni sea más que Menotti y Bilardo porque va a ganar dos Mundiales.
-La Selección muchas veces dicen que es el reflejo de la Liga del país, ¿qué opinás sobre el fútbol argentino, te aburre o es atractivo?
-Y acá no tiene nada que ver, porque están todos jugando en Europa. A ver, te ponés a ver un partido de Argentina y te encontrás lucha, fuerza, pegan, discuten con el árbitro… Hay momentos en que es aburrido y otros en que es atractivo. En los clásicos, a veces solo se juega 20 minutos. No digo que no lo vea porque me gusta, pero el fútbol argentino perdió mucha esencia por los hinchas visitantes. Puede hacer más cosas, en el sentido del respeto, principalmente de los jugadores para con los árbitros, para con la gente, y no el “soy yo, soy yo”, porque siempre ha sido lindo.
Un pedazo de la historia del fútbol argentino y mundial
Mario Alberto Kempes fue el primer “10” que se volvió leyenda con la Selección Argentina de fútbol. Dentro de los 25 futbolistas que la usaron alguna vez a lo largo de la historia, hay otros dos que sobresalen por peso específico y, además, por haber sido campeones del mundo. La diferencia, sustancial, con Diego Armando Maradona y Lionel Andrés Messi es que los dos últimos levantaron el trofeo más deseado como capitanes en 1986 y 2022, respectivamente.
Tres zurdos, caballeros del buen juego, pero también pícaros y representantes del gen argentino en cada club o país donde los llevó el deporte. Cronológicamente, el nacido un 15 de julio de 1954 en Bell Ville, Córdoba, fue el quinto en calzarse ese dorsal icónico. Esa ciudad, vaya guiño del destino, fue declarada Capital Nacional de la Pelota de Fútbol en 2016. Y con ese juguete fue Kempes el que bordó la primera estrella, con su doblete en la final en el estadio Monumental frente a Holanda (3-1).
A partir de ahí, y de sus sucesores, el 10 quedó reservado para los distintos. Ese que lleva las miradas sin siquiera haber tocado una pelota. Del que se espera más que del resto, siempre. Y en todo este contexto resulta difícil imaginar, matices al margen, que la entrega de ese dorsal para Kempes haya sido obra del destino. Claro, en ese momento los números se repartían por orden alfabético. Así, como al arquero Ubaldo Matildo Fillol le tocó la 5, a Kempes le quedó esa. “Yo llevaba el 10 y empecé a hacer goles después de tres partidos. Maradona usaba el 10 y ya venía con nombre. Messi usaba el 10 y tenía un gran bagaje”, se comparó el “Matador”.
“Si me hubiera tocado el 3 y salía goleador y mejor jugador, quizás hoy hablábamos del 3. Dio la casualidad de que el 10 es un número que usan, no sé si los zurdos, pero sí un emblema del que todos sospechan que va a ser el mejor”, agregó.
Mucho sucedió desde entonces. Kempes fue un verdadero trotamundos en su etapa final de futbolista y en algunos intentos como técnico. Pero desde 2005 está radicado en Estados Unidos, en su rol de comentarista para la cadena ESPN. Y lo disfruta.
Todavía lo acompaña el apodo que le puso José María Muñoz en 1975, después de que le marcara tres goles en un partido a Banfield. El “Matador” se inmortalizó. Por esa época brillaba en Rosario Central —donde llegó desde Instituto— como el goleador del Nacional 1974, con 25 tantos en 25 partidos, y del torneo siguiente (Metropolitano 1975), con 25 en 28. En total, en sus tres temporadas en el equipo rosarino, incluyendo la participación en la Copa Libertadores, marcó 97 goles. Por eso, su venta récord al Valencia de España tuvo que ser llevada a votación de los hinchas.
Kempes es un pedazo de historia del fútbol argentino y mundial. Pensar que el camino del “Matador” con la Selección —con la que después jugó tres Mundiales— empezó en 1973 perdiendo un título contra Brasil en un torneo juvenil en Cannes ¡por un córner! Las vueltas del fútbol, y de la vida, después lo llevaron a lo más alto y a volverse leyenda con la camiseta más emblemática.
Itinerario
Mario Alberto Kempes nació el 15 de julio de 1954 en Bell Ville, Córdoba. Fue una de las figuras centrales de la victoria de Argentina en la Copa Mundial de 1978, donde anotó dos veces en la final, y recibió la Bota de Oro como máximo goleador. Ampliamente destacado como uno de los mejores futbolistas argentinos en la historia. Luego de su retiro fue entrenador en Indonesia, Albania, Bolivia y Venezuela. En la actualidad, trabaja como comentarista para ESPN Deportes.
Al toque
Un libro: Yo leo cualquiera, siempre que no me haga dormir.
Una película: Las de acción.
Una serie: Ninguna en particular, las veo en la caminadora que tengo tiempo para dos horitas.
Un deporte: Por fuera del fútbol, el fútbol americano, pero el Super Bowl.
Una bebida: el vino Malbec.
Una pasión: Tratar de no equivocarme mucho para seguir siendo apasionado.
Un recuerdo: Estamos en época de Mundial y es lindo recordar al pasado.
Un logro: Conseguir el respeto de la gente fuera de la cancha.
Un sueño: Ojalá que pueda ver algunos mundiales más, pero el sueño de que la familia esté sana, eso es lo único que quiero.









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