Las plantas que invaden los cultivos compitiendo con ellos por agua y nutrientes, constituyen un dolor de cabeza para los productores agropecuarios. El problema de las malezas difíciles de controlar va en aumento como consecuencia del uso repetido de un número limitado de herbicidas en sistemas productivos simplificados, siendo un verdadero desafío que obliga a a diseñar permanentemente nuevas estrategias de manejo eficiente.
Según la Red de Manejo de Plagas de Aapresid (REM), hoy Argentina registra 52 biotipos de malezas resistentes, reflejando la velocidad con la que estos procesos evolutivos pueden desarrollarse cuando la presión de selección se sostiene en el tiempo.
Durante muchos años, si una de estas especies sobrevivía a la aplicación de un herbicida se la consideraba resistente. En cambio, si tenía naturalmente la capacidad de tolerar ese producto, se la denominaba tolerante. Pero ese límite, hoy comienza a difuminarse a medida que los investigadores ponen el foco en los procesos biológicos que desencadenan esas respuestas de las plantas. Al analizar los mecanismos genéticos y metabólicos que explican su supervivencia, en la comunidad científica crecen las dudas sobre si esa división clásica sigue siendo suficiente para describir la realidad.
Según las definiciones tradicionales, la resistencia implica un proceso de selección: dentro de una población existen pocos individuos que portan mutaciones puntuales que les permiten sobrevivir a un herbicida. Sucesivas aplicaciones del mismo activo seleccionan en favor de estas mutaciones, y estos individuos resistentes terminan predominando.
La tolerancia, en cambio, describe a especies que naturalmente presentan baja sensibilidad a un determinado herbicida, sin haber atravesado previamente ese proceso de selección. «Sobre el papel, la diferencia parece sencilla. El problema aparece cuando la biología muestra escenarios más complejos», señalaron desde Aapresid.
Desde la REM, indicaron que cuando una población recibe genes de resistencia provenientes de otra población a través del flujo génico, pese a que nunca haya estado expuesta a un determinado herbicida, puede comportarse exactamente igual que una población resistente. Por eso, se preguntaron: ¿Es tolerante porque nunca fue seleccionada localmente o resistente porque porta genes que sí fueron seleccionados en otro lugar?
«El avance del conocimiento sobre genética de poblaciones, mecanismos metabólicos y evolución de las malezas está revelando que muchas veces resistencia y tolerancia no funcionan como categorías opuestas, sino como extremos de un continuo«, explicaron desde Aapresid.
De hecho, muchos científicos utilizan ambos términos para describir solo distintos niveles de sensibilidad a los herbicidas, sin establecer una separación estricta entre ellos.
Además, en especies donde la resistencia está ampliamente difundida y casi no existen poblaciones susceptibles para comparar, una de las bases históricas para definir resistencia comienza a perder solidez, señalaron.
Esta discusión que podría parecer un debate exclusivamente académico, esconde un cambio mucho más profundo. «Durante años, la resistencia fue vista como un fenómeno excepcional: una mutación puntual que permitía a algunas plantas escapar al control químico. Hoy la mirada es diferente. Los investigadores entienden la resistencia como un proceso evolutivo dinámico, impulsado por la presión de selección, el intercambio genético y una gran diversidad de mecanismos biológicos», detalló la REM.
Por eso, «ya no se trata solamente de identificar si una maleza es resistente o tolerante, sino de comprender cómo evolucionan las poblaciones y qué factores favorecen esa adaptación«, aseguraron los técnicos de Aapresid.
En la actualidad, las resistencias múltiples no dejan de aumentar y cobran protagonismo mecanismos de supervivencia cada vez más sofisticados. En este escenario, «la verdadera cuestión es entender mejor los procesos biológicos que permiten a las malezas sobrevivir y, a partir de ese conocimiento, diseñar estrategias de manejo eficientes», remarcaron desde la REM.










Dejar un comentario