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qué diferencia hay y qué significan esas letras

Aunque cada vez son más los dispositivos que funcionan con baterías recargables o se alimentan directamente de la red eléctrica, las pilas siguen siendo indispensables en muchos objetos de uso cotidiano, como relojes, linternas, controles remotos, juguetesy teclados inalámbricos.

Al momento de reemplazarlas, es habitual encontrarse con modelos identificados como AA y AAA, una denominación que suele generar dudas. Si bien ambas cumplen la misma función, estas letras indican diferencias vinculadas con el tamaño, la capacidad y los usos de cada tipo de pila.

Las siglas AA y AAA en las pilas corresponden a una clasificación internacional que identifica el tamaño de estas unidades. La principal diferencia entre ambas está en sus dimensiones y en la cantidad de energía que pueden almacenar.

Las pilas AA son más grandes y suelen utilizarse en dispositivos que demandan un mayor consumo energético, como juguetes, linternas potentes, cámaras fotográficas, entre otros.

Por su parte, las pilas AAA son más pequeñas y están pensadas para aparatos compactos que requieren menos energía, como controles remotos, relojes de pared, teclados y mouse inalámbricos.

Una pila doble A mide aproximadamente 50,5 milímetros de largo y 14,5 milímetros de diámetro, mientras que una triple A tiene una longitud similar pero un diámetro menor, de unos 10,5 milímetros. Gracias a su mayor tamaño, las AA pueden almacenar más energía y suelen ofrecer una mayor duración.

Aunque ambas suelen ofrecer el mismo voltaje (1,5 voltios en las versiones alcalinas), no tienen el mismo tamaño ni la misma capacidad de almacenamiento de energía. Por eso, cada dispositivo está diseñado para utilizar un tipo específico de pila.

Las pilas usadas requieren un tratamiento especial una vez que dejan de funcionar. Nunca deben tirarse a la basura común ni en la vía pública, ya que contienen metales pesados y otras sustancias que pueden resultar altamente contaminantes para el ambiente.

La recomendación es guardarlas en un recipiente cerrado, preferentemente dentro de un envase plástico con tapa. De esta manera se evitan posibles derrames de sustancias químicas y se reduce el riesgo de contaminación.

Una vez almacenadas, las pilas deben llevarse a contenedores o puntos de recolección habilitados para este tipo de residuos. Muchas ciudades cuentan con programas específicos para su gestión, y es habitual encontrar puntos de recepción en supermercados, estaciones de servicio, sedes comunales y centros de reciclaje.

En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, los vecinos pueden acercar las pilas en desuso a los Puntos Verdes Móviles, donde reciben un tratamiento diferenciado.

Desde el Gobierno porteño explican que una sola pila puede contaminar hasta 167.000 litros de agua, por lo que su correcto descarte resulta fundamental para proteger la salud y el ambiente.

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