Por orden de Trump | El Pentágono rediseñará los portaaviones de clase Ford y regresan las catapultas a vapor: ¿Son mejores que los EMALS?

El rumbo de la aviación naval de los Estados Unidos está por cambiar. El presidente Donald Trump firmó un memorando de seguridad nacional que le ordena a la Armada abandonar el Sistema Electromagnético de Lanzamiento de Aeronaves, conocido como EMALS, para reinstalar las tradicionales catapultas de vapor e hidráulicas. La medida cumple con un viejo anhelo que el mandatario venía impulsando desde 2017, cuando comenzó a criticar públicamente la complejidad de los sistemas digitales a bordo de los buques de guerra más modernos del país.

La orden presidencial impactará directamente en el cuarto buque de la serie, el USS Doris Miller, cuya entrega está prevista para 2034 pero cuya quilla se colocará este año. De acuerdo con las directivas de la Casa Blanca, los tres primeros portaaviones de la clase —el USS Gerald R. Ford, el USS John F. Kennedy y el USS Enterprise— mantendrán los lanzadores electromagnéticos, pero todas las unidades futuras deberán ser rediseñadas para incorporar la tecnología analógica que la cúpula militar había comenzado a retirar progresivamente.

La controversia sobre qué sistema es superior enfrenta la visión pragmática del mandatario con los estudios técnicos de la Marina y de los analistas de defensa. Mientras Trump sostiene que el vapor es un mecanismo probado en combate que «se puede reparar con un martillo y un soplete» sin necesidad de recurrir a ingenieros altamente calificados, la Armada ha defendido durante años que la transición eléctrica reduce significativamente el estrés estructural sobre los fuselajes de los aviones de combate durante el despegue, además de agilizar la frecuencia de las misiones de vuelo.

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Desde el punto de vista logístico y financiero, la tecnología EMALS ha demostrado ventajas operativas contundentes tras superar sus fallas iniciales de desarrollo. Los reportes navales detallan que, hasta marzo de 2026, el USS Gerald R. Ford completó con éxito casi 37.000 lanzamientos mediante sus catapultas electromagnéticas. Asimismo, la automatización del sistema permite operar cada gigante nuclear con 500 marineros menos en comparación con la antigua clase Nimitz, lo que representa un ahorro directo de aproximadamente 100 millones de dólares al año en costos operativos por buque.

El regreso al vapor no es un simple intercambio de repuestos, sino una reingeniería profunda que afectará la arquitectura misma de las naves. La clase Ford fue diseñada desde sus cimientos para funcionar íntegramente con energía eléctrica, eliminando la compleja red de tuberías de alta presión que en los modelos anteriores transportaba el vapor desde los reactores nucleares no solo a las catapultas, sino también a las cocinas, sistemas de calefacción y plantas desalinizadoras. La restitución de este entramado mecánico requerirá reconstruir secciones enteras del barco y volver a habilitar líneas de producción industrial que llevan más de dos décadas inactivas.

Las reacciones del sector privado no se hicieron esperar tras el anuncio. La empresa General Atomics, contratista encargada de fabricar los sistemas EMALS y de frenado avanzado, advirtió que los trabajos en el USS Doris Miller ya superan el 50% de avance en sus componentes primarios. La firma remarcó que modificar el rumbo a esta altura implicará graves riesgos en materia de costos, plazos de entrega e integración tecnológica, advirtiendo además que el abandono de la innovación digital podría otorgar ventajas a potencias rivales como China, que ya ha comenzado a implementar catapultas electromagnéticas en sus portaaviones más recientes.

El memorando firmado por el Poder Ejecutivo va más allá del debate de las catapultas e introduce reformas profundas para resolver el cuello de botella que sufre la industria naval estadounidense. Entre las medidas más destacadas, la directiva exige al Pentágono elaborar un plan en un plazo de 120 días para establecer el quinto astillero público del país —el primero en inaugurarse en 83 años—, enfocado prioritariamente en acelerar los alicaídos cronogramas de reparación y mantenimiento de la flota de submarinos nucleares.

En una decisión inédita para las últimas décadas de la política de defensa norteamericana, la orden de la Casa Blanca también abre la puerta a que astilleros de países aliados que hayan realizado inversiones estratégicas en Estados Unidos puedan recibir autorizaciones temporales para construir hasta dos buques de guerra en sus astilleros de origen. Con esta batería de medidas, la administración busca fortalecer la presencia naval en el Pacífico y reducir la brecha de producción frente al vertiginoso rearme marítimo de sus principales competidores globales.



Fuente

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