Dante Omar, querido padre, te despediste como un soldado romano, combatiendo en primera línea, con la frente alta, saludando, firme en tus convicciones, un hombre ético. Los que se formaron en una comunidad donde el apretón de mano tenía mayor valor que un documento firmado.

Bueno, gracias por todo. Sé que no viviste por la gloria, por los honores, viviste por tu familia, por la acción solidaria, por el Club, y por el futuro. Seguro me dirías: «Bueno, ya está, mañana hay que trabajar para salir adelante.»
Gracias por todo.
Un fraternal abrazo.












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