León XIV tomó la posta de León XIII. Casi como si la Inteligencia Artificial tomara la posta de los ferrocarriles o alguno de los avances industriales del siglo XIX que llevó al mundo a registrar el aumento más espectacular del producto y el tamaño de la población. Es que la encíclica del Papa que llega hoy a la Argentina (“Magnífica humanidad”, mayo de 2026) llamó a evitar que la IA acabe por anular las decisiones humanas y la concentración del poder que tienen las empresas hoy desarrolladoras de esa tecnología. Y la encíclica referente de León XIII (“Rerum Novarun”, mayo de 1891) puso un toque de atención sobre la resolución de las tensiones entre empresarios y trabajadores.
La economía y la religión han desarrollado un largo camino en común en amortiguar los impactos de esas divergencias durante épocas. Pero lo que hasta antes de la Revolución Industrial era la moral como principio rector luego empezó a ser el mercado y ahí las soluciones no fueron perfectas.
León XIII escribió su encíclica en un período de turbulencias en Europa y el mundo, conflictos que desembocarían en dos guerras y una Depresión un par de décadas más tarde. Precisamente fue 25 años más tarde que León XIII, que el economista John Maynard Keynes escribió que el sistema capitalista es tan profundamente irreligioso que las economías debían tener un éxito colosal para sobrevivir.
“El capitalismo moderno es absolutamente irreligioso, carece de cohesión interna y de un espíritu cívico sólido; a menudo, aunque no siempre, es una mera conglomeración de poseedores y buscadores [arribistas]. Un sistema así debe ser inmensamente exitoso, no solo moderadamente, para sobrevivir… Si el capitalismo irreligioso ha de derrotar finalmente al comunismo religioso, no basta con que sea económicamente más eficiente; debe ser muchas veces más eficiente”.
Keynes sentó las bases intelectuales y técnicas para que el Estado interviniera. León XIII buscó atemperar el espíritu “irreligioso” de la sociedad inaugurando la Doctrina Social de la Iglesia.
León XIII planteó en su encíclica las contradicciones del capitalismo, la defensa de la propiedad privada, una crítica severa a implementar todo tipo de “socialismo” por ser contrario a la naturaleza humana (como el que criticaría Keynes en su libro Una breve visión de Rusia pero 25 años antes de la Revolución Rusa); y una defensa de los sindicatos sin cercenar la libertad individual de las personas.
Algunos de sus pasajes más relevantes son:
León XIV resalta el aspecto individual de las personas como una herramienta clave para morigerar las tensiones de la revolución industrial actual, la de la IA. Criticó a las empresas de IA. En el texto, arremetió contra la concentración de poder y datos en manos de tan pocas personas en el sector privado, a la que consideró un peligro, y reclamó una regulación externa de su trabajo. El jefe de la Iglesia católica pidió “desarmar la IA” para “evitar que domine al ser humano”, asegurando que “alimenta la brecha entre los incluidos y los excluidos”. La encíclica advierte que la IA “no puede considerarse moralmente neutra” e insistió en gestionar sus riesgos.














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