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Muevo 400.000 euros al mes con márgenes reducidos

Pedro Fernández Martínez tiene 50 años y lleva prácticamente toda su vida vinculado al campo. Nació en Urones de Castroponce, en el municipio español Valladolid, y allí continúa desarrollando una actividad que fue creciendo con el paso de las décadas hasta convertirse en mucho más que una explotación agrícola.

Hoy trabaja unas 600 hectáreas, principalmente con cebada, trigo y girasol, además de leguminosas como guisantes y garbanzos. A esa actividad le sumó una empresa de suministros y servicios agrícolas y un almacén de productos de cosecha e insumos.

El resultado es un negocio de gran volumen, pero también de márgenes ajustados, según detalló Pedro en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

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De una explotación de 90 hectáreas a un negocio mucho más grande

Pedro se define como una persona “lanzada”, a la que le gusta “ir por delante”. También se considera un hombre innovador. Su relación con el campo, sin embargo, comenzó mucho antes de que pudiera imaginar la dimensión que tendría su actividad profesional.

“No he nacido en una explotación agraria”, explicó. Cuando era pequeño, quería ser agricultor y ganadero. Recuerda su infancia como una etapa feliz y asegura que lleva toda la vida dedicado al campo en España.

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Antes de cumplir los 18 años ya había comenzado a ayudar a su padre, que trabajaba en una explotación de unas 90 hectáreas ubicada en Urones de Castroponce. Su padre no era el propietario de esas tierras.

Hace aproximadamente 30 años, su padre se jubiló y Pedro terminó sus estudios. Entonces tuvo la posibilidad de continuar con la explotación en la que había trabajado su padre.

Así comenzó formalmente su recorrido en el sector agrario, bajo el régimen de aparcería y con aquellas 90 hectáreas.

“ Sigo labrando esas 90 hectáreas. Con el paso de los años, y en la actualidad, labro unas 600 hectáreas”, explicó.

Aquel crecimiento estuvo acompañado por otra decisión empresarial. Pedro comenzó a invertir en maquinaria y fue construyendo una empresa dedicada a suministros y servicios agrícolas para terceros.

Cultiva 600 hectáreas y trabaja otras 1.400 para otros agricultores

La mayor parte de las tierras que trabaja directamente se encuentra en Urones de Castroponce. El resto está distribuido en un radio de unos 20 kilómetros de la localidad vallisoletana.

Su producción se concentra principalmente en cereales, con cebada, trigo y girasol como cultivos destacados. También trabaja con leguminosas como guisantes y garbanzos destinados al consumo.

Pero las 600 hectáreas propias de su actividad agrícola no representan todo el volumen de trabajo que mueve su empresa.

A través de su compañía de servicios agrícolas, Pedro trabaja otras 1.400 hectáreas para otros productores. En total, calcula que puede llegar a trabajar unas 2.000 hectáreas al año.

“En la actualidad cultivo, principalmente, cereales como la cebada, el trigo o el girasol, que es en lo que más me centro. También leguminosas como guisantes y garbanzos para consumo. Además, con mi empresa de servicios agrícolas, labro otras 1.400 hectáreas. Al año podría trabajar unas 2.000”, señaló.

Cómo funciona el negocio que montó Pedro

La combinación entre explotación agrícola y empresa de servicios le permite trabajar con un volumen mayor que el de sus propias tierras.

El mecanismo consiste en concentrar diferentes etapas de la actividad. Pedro puede vender la semilla al agricultor que contrata sus servicios, sembrar la parcela, realizar posteriormente la cosecha y comprar la producción.

“Cierro el círculo”, resumió. “Le vende la semilla, le siembra la parcela, cosecha la producción, y se la compra”, explicó, siempre dentro de las tierras de los agricultores para los que trabaja.

Después reúne la producción y la comercializa a través de su empresa. La estrategia consiste en concentrar volumen y calidad para negociar mejores precios y acceder a compradores a los que, según explicó, un agricultor individual difícilmente podría llegar.

“Las 600 hectáreas que labro, junto con la producción del resto de clientes, las uso para venderlas a través de mi empresa de servicios, a fábricas o distribuidores. Junto al volumen y calidad para buscar los mejores precios y llegar a lugares donde, como agricultor particular, no se puede llegar”, explicó.

El objetivo, según Pedro, es que el agricultor que contrata sus servicios pueda obtener una mayor rentabilidad de esa manera que realizando cada una de las etapas por su cuenta.

“Compro el producto que siembro en tierras de otros agricultores. Unifico todo. Después voy a la fábrica y vendo ese producto. Todo para que, al profesional del campo que contrata mis servicios, le salga más rentable hacerlo así que por sí mismo”, añadió.

Una inversión de dos millones de euros en maquinaria y naves

El crecimiento de la actividad también exigió una fuerte inversión.

Pedro calcula que entre maquinaria y naves ya destinó alrededor de dos millones de euros.

Por eso considera que su trayectoria sería muy difícil de repetir en las condiciones actuales. Según explicó, cuando comenzó, el costo de la maquinaria era muy inferior al actual.

“Yo, sin tener tierras propias ni ser propietario, he montado todo lo que tengo ahora, que es mucho”, señaló.

Pero inmediatamente marcó una diferencia con el escenario actual.

“Vería inviable hacerlo ahora porque un tractor ya no vale 60.000 euros sino 400.000”, afirmó.

En su opinión, el aumento del precio de la maquinaria modificó de manera profunda las condiciones necesarias para entrar y crecer dentro de la actividad agrícola.

“Muevo 400.000 euros al mes con márgenes reducidos”

El volumen económico de su actividad puede resultar llamativo, pero Pedro insiste en que las cifras no equivalen a grandes beneficios.

“Yo junto mucho. Muevo 400.000 euros al mes con márgenes reducidos”, afirmó.

El agricultor considera que cada vez resulta más difícil acceder a nuevos mercados y ampliar una actividad de este tipo.

También utiliza su propia evolución para explicar cómo cambió la rentabilidad del campo.

“Antes, con una explotación de 90 hectáreas, se vivía. Ahora con 600 se saca el mismo beneficio que hace años”, sostuvo.

Para Pedro, el tamaño de una explotación no puede analizarse únicamente por la cantidad de hectáreas trabajadas. El crecimiento de los costos y de las exigencias hizo que una explotación mucho mayor no necesariamente represente una mejora proporcional de los beneficios.

“Hay una frase que dice que nos creemos cada vez más grandes y yo, por ejemplo, ahora, soy más pequeño con 600 hectáreas que antes con 90”, planteó.

Combustible, cosechadoras y costos que se dispararon

Uno de los principales ejemplos que ofrece Pedro para explicar la magnitud de los gastos es el trabajo durante la cosecha.

Actualmente trabaja con dos cosechadoras. Durante sus jornadas de actividad, cada una de ellas puede funcionar durante unas 12 horas.

El consumo de combustible también es elevado. “Muevo dos cosechadoras con el gasóleo a 1,60. Gasto unos 1.000 litros diarios solo en ello. Estas cosechadoras trabajan 12 horas al día”, detalló.

La cuenta que plantea es directa: unos 1.000 litros diarios a un precio de 1,60 euros por litro representan 1.600 euros diarios solamente en gasóleo.

Y el combustible no es el único gasto que, según su experiencia, aumentó considerablemente.

“El precio de la maquinaria, desde hace unos años, se ha triplicado. Todo ha subido de una manera bestial”, afirmó.

Pedro describe los costos de su actividad como “cifras estratosféricas” y sostiene que el incremento acumulado modificó por completo las condiciones económicas con las que se trabaja actualmente.

“Ahora sería inviable” repetir su historia

Pedro mira hacia atrás y compara las condiciones con las que comenzó con las actuales. Considera que construir hoy una actividad equivalente requeriría afrontar costos que hacen que el camino sea mucho más difícil.

“Si tuviera que volver a hacer lo completado desde hace 30 años, ahora, sería inviable”, afirmó.

La razón, según su análisis, no es solamente el dinero necesario para comenzar, sino también la rentabilidad posterior. “Tampoco sería rentable”, sostuvo.

Un negocio que busca cerrar todo el ciclo

La particularidad de su modelo está precisamente en intentar abarcar diferentes etapas de la actividad agrícola.

Pedro no se limita a trabajar sus propias hectáreas. Su empresa también presta servicios a otros agricultores, comercializa insumos, participa en la compra de las cosechas y concentra la producción para venderla posteriormente a fábricas o distribuidores.

Ese esquema le permite mover un volumen considerable y, al mismo tiempo, distribuir el negocio entre diferentes actividades.

Pero el propio agricultor reconoce que detrás de esas cifras existe una estructura de costos muy elevada y una rentabilidad que considera cada vez más difícil de conseguir.

“Se puede vivir de mi negocio porque hago todo el ciclo”, explicó.

Su situación, además, no la analiza solamente desde su propio caso. Pedro considera que el productor agrícola que trabaja únicamente su explotación enfrenta dificultades adicionales, especialmente por las exigencias administrativas.

“Si pensamos en el agricultor, lo tiene muy complicado porque es el que tiene que cumplir con todas las exigencias y el que recibe todos los palos. Sobre todo, en burocracia. De lo que hablo repercute en el profesional agricultor”, afirmó.

Fuente

Minardi Automotores
Vinería La Carreta
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Sunchales dialogo
Municipalidad de Sunchales