Los estudiantes de las escuelas públicas de Texas deberán leer la Biblia en un nuevo plan de estudios estatal

En una decisión histórica y profundamente controversial, el Consejo de Educación del Estado de Texas aprobó este viernes 26 de junio de 2026 una lista de lecturas obligatorias para sus escuelas públicas que incluye, de forma vinculante, fragmentos de la Biblia. La medida, respaldada por la mayoría republicana del organismo (con una votación de 9 a 5), marca un hito sin precedentes en los Estados Unidos, al ser la primera vez que un gobierno estatal -y no los distritos o los maestros- unifica el canon literario de millones de alumnos.

La reforma impactará directamente sobre la educación de más de 5 millones de estudiantes, lo que representa el 11% de la matrícula escolar pública de todo el país. Mientras las autoridades locales defienden la iniciativa como un regreso al rigor académico y a las raíces culturales de la nación, los críticos alertan sobre una clara violación a la separación entre la Iglesia y el Estado.

El nuevo plan de estudios incluye una lista de aproximadamente 200 textos que entrelaza grandes clásicos de la literatura occidental, discursos históricos y pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento. Aunque la implementación obligatoria a nivel estatal para la primaria está fijada para el ciclo lectivo 2030-2031, el diseño curricular ya deja ver cómo convivirán la fe y las letras en las aulas:

La grieta educativa: Rigor cultural vs. adoctrinamiento religioso

La inclusión de los textos religiosos generó audiencias públicas sumamente tensas antes de la votación. Desde el ala conservadora del estado, los defensores de la medida aseguran que es imposible entender la historia, el marco legal y la cultura de los Estados Unidos sin nociones del legado judeocristiano.

«Hay una diferencia abismal entre hacer proselitismo religioso y utilizar grandes piezas de la literatura universal para la formación de los alumnos», argumentó Mandy Drogin, miembro de la fundación conservadora Texas Public Policy Foundation.

A este argumento se suma la preocupación por la caída sostenida en los índices de comprensión lectora en EE. UU., agravada por el uso excesivo de la tecnología y la Inteligencia Artificial. Para la junta escolar, obligar a leer libros completos y textos complejos es la única salida al bache educativo.

Por el contrario, sindicatos de profesores, agrupaciones de padres y líderes de minorías religiosas (incluyendo comunidades judías e islámicas de Houston) denunciaron que la lista impone una visión sesgada, basada principalmente en la versión evangélica del Rey Jacobo (King James Version). Además, criticaron la alarmante falta de diversidad étnica de la lista en un estado donde más de la mitad del alumnado es hispano o afroamericano.

Aunque el plazo estatal otorga varios años de transición, algunos distritos escolares ya decidieron subirse a la ola de inmediato. Es el caso del Distrito Escolar Independiente de Houston (HISD), el más grande del estado, cuya junta de administradores votó por unanimidad adoptar el programa piloto denominado Bluebonnet Learning para el ciclo escolar 2026-2027.

Al implementar este plan de lectura en los niveles de jardín a quinto grado a partir de agosto, el distrito de Houston recibirá un incentivo económico de 3.3 millones de dólares en fondos estatales adicionales. De esta manera, el debate teórico de las leyes se transformará en una realidad cotidiana para miles de niños que, este mismo año, analizarán parábolas bíblicas en sus clases de lengua.

Este avance se suma a una serie de reformas de corte cristiano que Texas viene empujando con fuerza en su sistema escolar, tales como la autorización para contratar capellanes religiosos como consejeros estudiantiles y la polémica ley que obliga a exhibir los Diez Mandamientos en cada aula.



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