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Las mejores ciudades de la Argentina para criar a un chico, según un nuevo ranking

No hay política más igualitaria que garantizar que todos los chicos nazcan con las mismas oportunidades. La Argentina está lejos de ese objetivo: el lugar donde un chico arranca su vida puede marcar diferencias profundas en sus posibilidades de desarrollo. Y las brechas a veces se producen dentro de una misma localidad, entre barrios separados por unas pocas cuadras, o incluso entre manzanas vecinas.

Ahora, un nuevo índice y un mapa interactivo permiten cuantificar esta información para que cualquier persona que lo desee pueda ver esas diferencias en detalle, barrio por barrio, manzana por manzana.

Se trata del nuevo índice NIDO, desarrollado por expertos de la Fundación Bunge y Born, que fue presentado este miércoles, junto a referentes de organizaciones como CIPPEC, UNICEF y el Observatorio de la Deuda Social de la UCA. El índice analiza -con datos oficiales- cómo se distribuyen en la Argentina las oportunidades para el desarrollo de los chicos de hasta 5 años.

A diferencia de otros indicadores de la primera infancia que solo consideran el contexto socioeconómico de las familias, este indicador evalúa diversas variables que hacen a la crianza de un chico como el acceso a la salud y la educación, los espacios verdes y, también, el contexto socioeconómico.

Les asigna un peso especifico a cada uno de ellos, establecido de acuerdo a la bibliografía que existe en la actualidad. Salud tiene el mayor peso, seguida por educación; luego aparecen contexto socioeconómico y espacios verdes.

El mapa incluye una herramienta que permite cambiar los pesos para obtener lecturas alternativas según el interés del usuario. Por ejemplo, una mirada más centrada en salud, educación o ambiente.

Lo más relevante es que todos estos datos están a nivel de “radio censal”, que es la unidad estadística mínima que toma el Censo de población en el país. Un radio censal puede equivaler a una manzana en una ciudad. De esta manera, se puede ver qué pasa con la primera infancia en cada parte de la vasta geografía argentina, con suma precisión.

“Los indicadores suelen presentarse a nivel provincial, pero dentro de una misma provincia hay realidades muy distintas. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, no hay una sola realidad, sino muchísimas. Esta herramienta permite hacer zoom sobre un recorte territorial específico y ver qué ocurre en una zona puntual. Ahí aparece una riqueza muy grande para el análisis”, le dijo a Clarín Julio Ichazo, coordinador del proyecto NIDO.

¿Para qué sirven estos datos y tal nivel de precisión? Ichazo explica que un funcionario provincial podría detectar que en una zona no hay suficientes jardines de infantes, pero a una cantidad determinada de kilómetros hay mucha oferta, con lo cual podría decidir implementar un transporte que lleve y traiga a los chicos.

Es apenas un ejemplo, de las múltiples posibilidades que ofrece la plataforma interactiva, que está abierta en Internet para todo el mundo. Si bien los principales destinatarios son los funcionarios -nacionales, provinciales o municipales- y los investigadores, también sirve para cualquier docente o familia que se interese.

El ranking de ciudades

Con todos estos datos consolidados, los expertos además armaron un ranking que refleja las oportunidades de desarrollo infantil que tienen las diversas ciudades y municipios de más de 100.000 habitantes del país.

Encabezan la lista de mejores ciudades para nacer y criarse la Ciudad de Buenos Aires, seguida por Vicente López, Rafaela, Olavarría, Mendoza, Junín, Paraná, Godoy Cruz (Mendoza) y Rosario.

El índice toma como referencia un ideal de 100 puntos, que representan el escenario más propicio de oportunidades para todos los chicos. La Ciudad, por ejemplo, encabeza el ranking con 59,33 puntos. Lo importante de esta cifra, destacan los expertos, es visualizar a cuánto está cada municipio del otro y del estado ideal para el desarrollo de la primera infancia.

En la presentación, Ichazo explicó que el índice está inspirado en experiencias internacionales que también buscan seguir las trayectorias de vida a partir del lugar de nacimiento.

En los Estados Unidos, por ejemplo, existe una tradición muy fuerte de proyectos similares que trabajan con una gran cantidad de indicadores. Para el especialista, NIDO es un primer aporte en esa dirección: una herramienta que sintetiza varias dimensiones (salud, educación, espacios verdes y nivel socioeconómico) en un solo número y permite comparar oportunidades de desarrollo de la primaria infancia en todo el país.

En este caso, el índice combina información proveniente de distintas fuentes públicas, como el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022, el Padrón Oficial de Establecimientos Educativos, registros de efectores públicos de salud, datos de OpenStreetMap y desarrollos previos de la Fundación Bunge y Born, como el Índice de Vulnerabilidad Sanitaria, el Mapa de Accesibilidad a las Escuelas Argentinas y el Atlas de Espacios Verdes en Ciudades Argentinas.

El experto dijo que desde la Fundación veían que no existía una herramienta así y, por eso, la crearon. “En el laboratorio trabajamos con especialistas en ciencia de datos, geolocalización y mapeo, y a partir de desarrollos previos fuimos cruzando información”, explicó.

“Partimos de una premisa central: los primeros cinco años de vida son decisivos para el desarrollo de las personas. Hay un dato que lo ilustra muy bien: hacia los cinco años, el cerebro de los chicos alcanza cerca del 90% del tamaño del cerebro adulto. Eso muestra la importancia de intervenir temprano, porque todo lo que se pueda trabajar en esa etapa impacta en el resto de la vida”, le explicó a Clarín Ichazo.

Por su parte, Antonio Vázquez Brust, consultor de la Fundación, habló sobre las fortalezas y limitaciones del nuevo índice NIDO. Entre las fortalezas, destacó la cobertura completa del país, incluidas localidades rurales, y el alto nivel de granularidad que permite llegar a comparaciones incluso entre manzanas. También remarcó el carácter abierto de la plataforma.

Entre las limitaciones, señaló que la herramienta depende de la calidad y actualización de los datos oficiales; que por ahora muestra una foto fija (una radiografía construida con datos actualizados al Censo 2022); y que mide acceso físico (qué tan cerca o qué tan fácil es llegar a un servicio esencial) y no la calidad del mismo.

El déficit de la información pública

Luciano Laspina, director ejecutivo de CIPPEC, fue uno de los oradores de la presentación. Señaló que el índice NIDO puede servir no solo para diagnosticar, sino también para discutir las fragilidades del sistema de información en la Argentina y empujar mejoras en la producción, el intercambio y el uso de datos públicos.

“Quienes estamos en el mundo de la política pública sabemos que la base de nuestro trabajo son los datos. Y hoy tenemos un problema gravísimo de datos. En la Argentina, empezando por el INDEC, hubo pérdida de peso institucional, migración de capital humano hacia otros organismos o hacia otros ámbitos, y un atraso importante en indicadores y estadísticas”, afirmó Laspina.

El director ejecutivo de CIPPEC señaló que, además, hay problemas de diálogo entre distintas áreas del Estado. “Muchas veces los organismos tienen información, pero no la comparten. Hay que avanzar en el cruce de datos, siempre preservando la información individual y cumpliendo todos los protocolos de protección y anonimización”, dijo.

Ianina Tuñón, coordinadora e investigadora del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, habló sobre la importancia de desarrollar índices multidimensionales. Dijo que la Argentina está atrasada en esto respecto de otros países de América Latina.

“Este tipo de propuestas no oficiales tienen limitaciones, pero también un potencial enorme: permiten mostrar qué ocurre en espacios territoriales muy pequeños, como los radios censales. Esa escala no siempre es fácil de instalar en la agenda pública o en los medios, porque muchas veces la pregunta es qué pasa a nivel provincial, municipal o en otro nivel más agregado. Pero cuando agregamos demasiado, perdemos algo central: la posibilidad de ver la desigualdad profunda que existe dentro de un mismo territorio”, dijo Tuñón.

La experta también se preguntó cómo hacer para que los diagnósticos como este no queden en informes o producciones que finalmente nadie usa. Y propuso que esta herramienta no se destine solo a la clase dirigente.

“¿Por qué no podría un niño sentarse frente al mapa para ver qué pasa en su localidad? ¿O una maestra, un médico, una mamá? Esa también es una forma de transferencia: de abajo hacia arriba. Es empezar a educar en el uso de datos, a preguntarse qué me pasa a mí en mi territorio y cómo puedo reclamar o construir soluciones desde ahí”, dijo.

Y propuso “armar alianzas virtuosas para que estas herramientas empoderen a los ciudadanos, desde los niños hasta los adultos”. “Muchas veces los dirigentes se interesan por estos diagnósticos cuando están en la oposición, pero cuando llegan al poder desaparecen de las primeras filas. Eso también requiere una ciudadanía más exigente, que sepa qué está ocurriendo y por dónde pueden pasar los cambios”, dijo.

javier Quesada, especialista en Desarrollo Infantil Temprano y Salud de UNICEF Argentina, por su parte, planteó que el valor de herramientas como NIDO no está solo en mostrar las desigualdades que afectan a la primera infancia, sino en lograr que esos datos se traduzcan en decisiones públicas concretas, integrales y sostenidas, capaces de transformar las condiciones de vida de los chicos desde sus primeros años.

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