“Con el rostro de mamá”, es un expresión de Jorge Bergoglio, un libro que está por aparecer y que resume muchos de los discursos del Papa argentino Francisco, de alto valor documental pero ante todo un vasto resumen de sus ideas.
El volumen reproduce en particular las intervenciones del Papa, fallecido hace un año, en los debates de la Conferencia Episcopal Italiana, una de las más numerosas del mundo.
Una frase de Francisco sintetiza su voluntad de estilo. “Deseo una Iglesia alegre, con la cara de mamá, que comprende, acompaña y acaricia”.
Vale la pena volver a él a través de sus pensamientos en el día del aniversario de su fallecimiento, el 21 de abril de 2025. El cardenal Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, uno de los mejores discípulos de las ideas y la acción de Francisco, presenta sus pensamientos y sentimientos.
“El primer sentimiento es sin dudas la gratitud a Dios por lo que dona el Papa Francisco y por su ministerio al servicio de la Iglesia”. El cardenal Zuppi destaca la grandeza que se recibe en las páginas «por los recuerdos e inspiración que ofrecen”.
“El segundo sentimiento está ligado al primero y del cual vienen todos los otros: es el amor. La memoria, cuando es cristiana, no es jamás nostalgia: es responsabilidad y discernimiento”.
“Con sus palabras Francisco nos alienta a caminar y no a cerrarnos, a dialogar poniéndonos primero a la escucha sincera del otro, a no dejarnos domesticar por el cansancio de la costumbre y la resignación que parece prudente pero es miedo”, señala el cardenal.
El Papa Francisco “ha pedido con insistencia: no nos detengamos. Esta es la primera consigna, continuar caminando. Se debe hacer. Es una conversión concreta: seguir caminando, dejándonos guiar por el espíritu y no por la costumbres, no por las estructuras que reaseguran, no por el formalismo que endurece. Porque una Iglesia abrumada por las estructuras, la burocracia y el formalismo fatiga a a caminar con la historia, el paso del Espíritu quedará alli”.
El cardenal Zuppi destaca que “en sus varios discursos emerge una constante: Francisco no nos habla de lejos. Está a nuestro lado, entrado en la vida concreta de nuestras comunidades y de nuestro país. Ha visto tantas misas, como tantos son los que sufren: los pobres, los frágiles, los descartados, quien no tiene voz, quien lleva encima heridas que con frecuencia quedan invisibles, quien se siente extranjero, quien vive en los márgenes».
“Y nos ha pedido de hacer lo mismo sin miedo de compartir sus heridass con nosotros, de no acostumbrarnos al dolor y de no dejar morir nunca la piedad. No con un lenguaje que juzga sino con una mirada que salva. No con una Iglesia que selecciona sino con una Iglesia que abraza”, agrega.
Señala Zuppi que Francisco “nos asigna una responsabilidad que no admite escapatorias. Una Iglesia gratuita que no teme el diáogo por que sabe que la verdad no necesita gritar para ser verdadera”.
Por ello, agrega es que lo que se lee no son “palabras dichas”. Son palabras que piden una traducción. Piden decisiones. Piden un camino sinodal real, comunidad por comunidad, diócesis por diócesis, porque el “nosotros no se proclama, se construye”.








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